¿La marihuana como problema social?

Cannabis sativa o la marihuana es una planta cuyo uso es establecido por los antropólogos desde hace más de cinco mil años. Ésta planta llega de los países africanos a través de los negros y se establece en América en el siglo XVIII, siendo usada tanto por sus efectos psicoactivos-curativos como por la calidad de sus fibras en la fabricación de cuerdas, ropa, lonas para carreta, etcétera. No fue sino hasta 1964 que el químico Raphael Mechoulan logra asilar el principio activo de la planta y se evidencia que la cannabis sativa produce los efectos específicos de una droga. A partir de entonces la marihuana ha estado sujeta a indefiniciones y controversias. El presente documento es una reflexión acerca de la doble moral social que se circunscribe al uso de la marihuana. Se describen aspectos fisiológicos de la planta, los trastornos emocionales más importantes, así como las consecuencias psicosociales y la falta de tratamiento a los usuarios habituales.

¿La mariguana como problema social?

Julio E. Hernández Elías

La hierba de toda ocasión
Bhang, charas o ganja en la India, maconha o djamba en Brasil, taima en Japón, susuma en Mozambique, kif en Marruecos, dagga en Sudáfrica, hachís eo haxix en los pueblos árabes, para muchos Mother Mary (como Lennon-McCartney en "Let it be"), mota, mariguana, la verde, la grifa y como 70 nombres más en México, nombres vulgares con que se conoce a una planta singular que desde el punto de vista botánico se reconoce una sola especie de cáñamo: la cannabis sativa.

Es una planta dioica (los pies machos sólo tienen estambres y los pies hembras sólo el pistilo en sus flores), anual y que en condiciones óptimas llega a medir hasta 6 metros de altura y crece fácilmente en regiones de clima cálido y templado, cultivada o silvestre. Esto ofrece un primer parámetro para su clasificación que es su lugar de origen, ya que cáñamos de países diferentes pueden tener efectos distintos. En este sentido el Acapulco de Oro, el Rojo de Panamá o Rangoon, el Yucatán Azul, el Ketama Verde, el Congo Pardo, el Angola Negro, etcétera, son variedades que refieren la calidad y naturaleza de la modificación del estado de conciencia originada por su consumo.

Es una planta cuyas hojas tienen los bordes aserrados, siempre dispuestas en número impar 5, 7, 9, hasta 15, éstas son lustrosas y pegajosas y su superficie está cubierta por vellos cortos y tienen una organización que recuerda la flor de nochebuena. De la resina de la planta se extrae el hashish y aceite de hashish.

Evidencias arqueológicas datan su uso mágico-religioso y medicamentoso en muchas partes del mundo desde hace más de 5 mil años, el bhang hindú exaltado en el Rig Veda, usada por los asirios como incienso, detallado en el Avesta de los persas, así como la práctica del consumo de hierbas similares en otras culturas*. En América, ya Colón narra el uso inhalado de ellas en Haití, las prácticas prehispánicas documentadas en el Código Badiano y por Fran Bernardino de Sahagún en la "Historia de las cosas de la Nueva España".

La mariguana llega a América por conducto de los negros del siglo XVIII, durante muchos años es usada por los efectos que produce al entrar en el torrente sanguíneo, como por la calidad de las fibras de su tallo en la fabricación de cuerdas, ropa, velas para barcos, lonas para carretas, etc., las primeras plantaciones de cáñamo aparecen con las primeras colonias de Estados Unidos, pasa a México con los mismos usos llegando a generarse en tal cantidad que es señalado como el primer productor mundial hasta que el uso de sus fibras es sustituido durante el siglo pasado por el henequén yucateco.

La revolución tóxica
La introducción de los opiáceos en esta época, los estudios acerca de la coca a principios de este siglo y la creación de analgésicos e hipnóticos artificiales van creando las condiciones político-económicas que hacen que el uso medicamentoso de la mariguana decaiga hasta que en 1937 se legisla, restringiendo su uso en los Estados Unidos de América con la Ley de Impuesto a la Mariguana.

Fue hasta 1964, cuando el químico israelita Raphael Mechoulam logró aislar el principio activo o sustancia que produce los efectos específicos de una droga. De la cannabis sativa, es delta nueve tetrahidrocanabinol, clasificado en el grupo de los psicotomiméticos porque se sabe puede producir estados semejantes a las psicosis, o sea, franca locura.

Los innegables efectos
Las manifestaciones que surgen poco tiempo después de que se administra la sustancia son estados de euforia en los que se viven sensaciones de quietud, felicidad y beatitud que hace que todo sea visto en forma optimista, sin incertidumbre y de consecuencia positiva aunque el individuo viva circunstancias que normalmente producirían infelicidad, es decir, puede producir un estado de falso sentido de la realidad, mismo que impulsa al sujeto a querer realizar muchas actividades y en numerosos proyectos que vistos objetivamente, tienen escasas o nulas posibilidades de éxito. Las ideas surgen una tras de otra rápidamente, lo que induce a hablar sin parar, a ponerse rollero pasando de un rollo a otro sin sentir y sin completar nunca un tema (fuga de ideas), aparecen tanto hiperestesia sensorial, los ruidos pueden adquirir resonancia intensa y los colores brillan y/o giran, como perturbación marca de la sensación espacio-temporal que se expresa a través de agnosis visual (se ven los objetos sin reconocerlos), pérdida de la tercera dimensión, las distancias se alargan, el tiempo pierde sentido, el mundo se ve como entre sueños, hay confusión mental, ilusiones, despersonalización y hasta alucinaciones.

Todos estos efectos corresponden a tres momentos del efecto total: El primero, momento de la euforia, es seguido de otro en donde se hace presente un aumento en la excitación y la sugestibilidad, pueden existir ideas fijas y hasta convicciones delirantes. El tercer momento corresponde a los efectos dislépticos (ilusiones y/o alucinaciones) antes de sentir el estado depresivo al término del efecto global, comúnmente llamado bajón, antes de volver al estado de plena conciencia. Durante el transcurso del efecto se produce una gran variedad de modificaciones en el estado de conciencia que conducen a la euforia, la excitación, depresión, se planea o se viaja y las experiencias son vividas como placenteras.

Hay que subrayar que los efectos mencionados son comunes en la generalidad de los casos, sin embargo, la forma en la que se presentan es específica y característica de cada usuario-consumidor y está en relación directa con el modo de vía de administración, calidad del producto, del propio estado de salud mental y físico del sujeto, del ambiente socioeconómico y cultural y del momento vital que atraviesa.

De la rebelión a la represión
Durante los años treinta y cuarenta se realizan estudios en su mayoría destinados a prohibir el consumo de mariguana, el cual parece recobrar nuevos adeptos. Aparece la derogación de la ley seca. A pesar de la prohibición o por ella misma, el consumo continúa y aumenta el interés de los jóvenes, que a finales de los años cincuenta responden con un escepticismo creador de underground, de la corriente contractual, retomando principalmente a la ghuana como símbolo de la cultura juvenil por su carácter antiautoritario y crítico del establishment.

Dada la relativa inocuidad del consumo de mariguana, no se ha podido demostrar a estas generaciones con estudios serios la razón de la prohibición. De las más de cien sustancias que contiene la cannabis muy pocas han sido estudiadas. Médica y farmacológicamente es menos dañina que muchas drogas legalizadas, según el informe presentado en sus inicios por el Centro Mexicano de Estudios en Farmacodependencia a la SEP:

1. No produce dependencia física.
2. El síndrome de abstinencia no es tan fuerte como con el alcohol.
3. Los casos de sobredosis son extremadamente raros.
4. No conduce a la violencia, la mariguana introyecta, el alcohol proyecta.
5. No destruye células nerviosas como se considera popularmente, no se demuestran daños graves irreversibles o malformaciones fetales por su consumo.
6. Sin embargo es una droga y el ilegal su posesión, compra, transportación y consumo.

La falta de identidad de la mariguana
Los trastornos más importantes encontrados en usuarios habituales de mariguana son la alteración de las etapas del sueño. Un peligro real y actual radica en que para las campañas del exterminio de las plantaciones, son empleados muchos herbicidas que desprenden compuestos químicos sumamente tóxicos que pueden causar enfermedades muy graves o incluso la muerte, las llamadas dioxinas son capaces de originar deformaciones congénitas. Si no se regula el consumo de mariguana no es posible legislar en los pesticidas empleados para su cultivo o destrucción.

Por ello la mariguana compite con handicap a favor respecto a otras drogas de esparcimiento, lo cual preocupa a los consorcios productores de alcohol.

Las soluciones se llegan a conformar como el problema mismo. Los médicos y legistas temen que la mariguana sea la puerta de entrada a drogas duras y condenan estos hábitos, mientras que en el contexto en el que aparecen se los induce, exacerba y convierte en necesidades. Lo específico de tener conciencia es querer experimentar con ella (Savater 1991), los años sesenta se presentan como la rebelión de la cultura juvenil expresada en las bandas transgresoras, contestatarias, en adición colectiva.

La línea dura que suelta la prohibición del alcohol arremete contra la mariguana y le da un trato similar al de las drogas duras como la heroína y la cosa. Cuando se habla oficialmente de drogas y riegos sólo se dejan fuera al alcohol y el tabaco. El rito antiguo se traduce en mercancía prohibida y empujando al clandestinaje (prohibir y perseguir son contrarios a solucionar), produce consecuencias tanto o más graves como las que pretende desaparecer. El usuario, a diferencia del alcohólico legal, no es tratado como enfermo, ni como delincuente contra la salud; sufre una inquisidora persecusión como hereje y criminal peligroso sometido a la corrupción del sistema penal, cuando no expuesto al chantaje de las mafias traficantes y a la adulteración del producto.

Los periodos de consumo se caracterizan por el aislamiento del sujeto respecto a su familia y amistades, quienes lo connotan terriblemente, el mariguano marginado socialmente sufre efectos psicológicos más perjudiciales que los daños ocasionado por la hierba. La doble moral de la sociedad ante el problema motiva cuestionamiento del tipo ¿Es el consumo de mariguana una patología social?, ¿Es una consecuencia sociocultural el que siempre exista una forma en que la gente pueda obtener lo que quiera?, ¿Deberá despenalizarse el consumo? ¿Mientras no constituía un problema para las economías primermundistas no era un problema de salud? ¿Cómo establecer un programa preventivo eficaz que no se rija por las leyes del mercado?, ¿Por qué se consideran ciertas drogas como antisociales cuando cambia de nombre y su uso desciende a los estratos socioeconómicos inferiores?

Son muchas las preguntas en el tapete de la discusión, discutirlas ya es un avance pues el problema de las drogas es complejo, su estudio obliga a la innovación y a la creatividad de enfoques quizás transdisciplinarias que arrojen luz a las alternativas.

Nota
Psicólogo. Terapeuta familiar formado en ILEF y CRISOL con experiencia en CIJ y maestría en psicoanálisis en el CIEP.
* Como el ololiuqui (turbina corynbosa) y el badoh negro (ipomdea violacea).

Bibliografía
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Hugo Vargas. La Jornada Semanal. México No. 19, 22 octubre 1989, pp. 24-27.
Marco Aurelio Morales. Individuo y Sociedad. Síntesis de conferencias dictadas en 1983. Fomento Cultural Somex, pp. 38-40.
Jean Michel Oughourlian. La persona del toxicómano, Herder, Barcelona 1977.
Fernando Savater. El Nacional. México, 14 mayo 1991, p. 9.
Lester Grinspoon. Reconsideraciones de la mariguana. México. Extemporáneos, 1973.

 

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