Aspectos legales de las adicciones (algunos comentarios y conclusiones)

El uso de sustancias tóxicas que alteran la percepción del mundo y distorsionan la conducta, ha estado presente desde los inicios de la historia del hombre. Sustancias que han pasado de ser un medio de enlace entre...

Aspectos legales de las adicciones
(algunos comentarios y conclusiones)

Agustín Vélez B.

Buscando tóxicos
El hombre, en su búsqueda continua del placer, ha encontrado a lo largo de la historia diversas sustancias, las más de ellas de origen vegetal, que alteran su percepción del mundo externo e interno y distorsionan su conducta.

Este comportamiento de los seres humanos se ha intentado analizar y aún explicar utilizando conceptos psicológicos y culturalistas que inciden sobre lo individual, familiar y comunitario del fenómeno. Y es evidente que en estos tres niveles de organización se encuentran inmersos los factores y series de acontecimientos que concluyen en la conducta de drogarse, fenómeno al que se intenta globalizar en una sola palabra: farmacodependencia.

Si tratamos de sintetizar la evolución histórica, mencionaremos que las sustancias, o más bien, sus precursores vegetales, han acompañado a los hombres desde el inicio de la humanidad. Ya que al descubrir sus efectos sobre la mente fueron utilizadas para ceremonias rituales y espirituales que procuraban acercar a los hombres con sus dioses. Basta con señalar las ceremonias en honor del Dios Baco, vinculadas de algún modo a los rituales con los hongos alucinógenos --teonanácatl (carne de los dioses)-- en la zona mixteca.

Sin embargo el uso de sustancias con efectos sobre la mente, como son las psicotrópicas, ha pasado por los matraces de la cultura para, mediante complejos procesos sociales, convertirse en un agudo y severo problema para los hombres y las sociedades contemporáneas, en el que se aprecian sus dos polos más visibles: el narcotráfico y la farmacodependencia.

El primero se refiere a todos aquellos aspectos relacionados con la oferta y la disponibilidad de drogas; el otro incluye los diferentes patrones de consumo que van desde el experimentador deseoso de sentir los efectos de la droga hasta el adicto incapaz de escapar de la vida sórdida y angustiante que implica la búsqueda de la droga no para satisfacer el placer sino, por el contrario, para evitar el atosigante displacer de la abstinencia.

Algunas sociedades, en diferentes épocas, han encontrado en las drogas un elemento indispensable para aminorar las tensiones de la confrontación diaria con la vida, y en algunos casos han propiciado el uso de los psicotrópicos para este fin. Otros pueblos, con un esquema social rígido y absolutista, evitan a sus integrantes esta posibilidad al coartar cualquier acceso a estos productos, e inclusive sancionan con la muerte la búsqueda y el encuentro con las drogas. Otros permiten que sean sólo los ancianos quienes recurran a los psicotrópicos para embriagar su cuerpo y su espíritu.

En los tiempos actuales en los que contamos con una amplia gama de vegetales y químicos con efectos psicotrópicos, disponibles lícita o ilícitamente, la permisividad o el rechazo para usar estos productos es sin duda uno de los factores condicionantes del fenómeno que tienen mayor relevancia. Por ejemplo, la sociedad ha mostrado menor o mayor reticencia hacia algunos productos, como el café o el alcohol. Bebidas que, por sus efectos sobre la mente, han exigido diversas medidas de control por parte de las comunidades. En la actualidad la producción y venta de estas sustancias es legal y permitida; más aún, su uso corriente es aceptado por la población.

En México, y seguramente en otros países, el tabaco y el alcohol son instrumentos de inducción a rituales de iniciación en los púberes. Rituales caracterizados por las costumbres contemporáneas en cuanto al medio y el tipo de bebida o cigarrillo utilizados, pero no muy diferentes a las ceremonias de iniciación de ciertos grupos indígenas de nuestro país.

Clasificando a los tóxicos
Lo arriba mencionado ha propiciado una distinción entre drogas buenas y malas. Distinción no muy clara, ambivalente en lo que se refiere a las llamadas drogas legales, el alcohol entre ellas, ya que se acepta su uso, aun por los jóvenes, a pesar de conocer los efectos nocivos a la salud individual, familiar y social que conlleva su abuso; y bien definida, desde la perspectiva social cuando menos, en cuanto a los estupefacientes y todo el grupo de drogas ilegales.

Y pareciera ser que esta doble moral hacia las drogas ha favorecido, entre otras cosas, que el grupo de individuos usuarios habituales presione al resto de la sociedad para que los estupefacientes gocen de la misma aceptación que el alcohol o el tabaco. Un ejemplo notorio de esta situación es, sin duda, la modificación de instrumentos jurídicos en algún país, para legalizar, es decir aceptar, el uso de la mariguana como droga de curso corriente.

En todo caso el rechazo o aceptación de las drogas, cualesquiera que éstas sean, por las sociedades humanas, se ha debido a la presión que ejercen diversos grupos sobre el resto de la comunidad. Grupos de poder económico, de influencia intelectual, o bien grupos de jóvenes, que por su volumen ejercen una gran presión.

La farmacodependencia desde lo jurídico
Nuestras leyes sancionan la disponibilidad de las drogas ilegales mas no su uso, ya que se ha considerado al usuario farmacodependiente como un enfermo que requiere de la sustancia para restituir su funcionamiento físico y mental, pero es obvio que esto ocurre sólo cuando ya se es adicto, y de ninguna manera puede ser válido para la primera ocasión en que se busca la droga, ya que, en este caso, no existe ninguna necesidad física que motive esa conducta.

Esta situación es la que ha llevado a ciertos gobiernos a modificar su legislación al respecto, para sancionar penalmente tanto al que busca como al que oferta psicotrópicos o estupefacientes. Situación difícil de realizar en aquellos estados democráticos donde se ha dejado al individuo un gran campo de acción en la búsqueda de satisfactores placenteros, pero no tan difícil en los estados totalitarios y absolutistas.

La farmacodependencia en México
Los estudios epidemiológicos de los que disponemos en nuestro país para conocer las características del fenómeno, nos indican que la población usuaria de drogas es sobre todo la juvenil, sin que esto signifique que no existe uso de drogas entre niños y adultos. Por otra parte las drogas más buscadas son tanto de curso legal como ilegal, encontrándose en primer término la mariguana, seguida de los inhalables y medicamentos psicotrópicos.

Sólo en determinados momentos de las dos últimas décadas se observaron incrementos en la utilización de heroína, cocaína y alucinógenos, mas por lo general estos productos han sido poco buscados por los mexicanos.

Al analizar la evolución del fenómeno de la farmacodependencia y la drogadicción en los últimos años, resulta notorio el incremento sostenido en la utilización de solventes inhalables. Incluso estos productos son la primera droga de uso en algunas partes del país, como ciudad Nezahualcóyotl, Puebla, León y Monterrey.

Estos esquemas de uso de drogas en México tienen que ver indudablemente, con la disponibilidad de las mismas en el mercado local. En lo que se refiere a las sustancias de curso ilegal, es conocido que en nuestro territorio se cultivan mariguana, la adormidera, el peyote y los hongos alucinógenos, situación que las hace de más fácil acceso a nuestra población. Sin embargo en lo que se refiere al opio, sus derivados y los alucinógenos (peyote y hongos), a pesar de producirse en nuestras tierras, no son drogas muy buscadas por los mexicanos.

No así en el caso de la mariguana, ya que como señalamos anteriormente, es la droga más utilizada con fines de intoxicación.

Por lo que respecta a los productos de curso legal, algunos se encuentran sometidos a un estricto control reglamentario, como es el caso de los narcóticos, pero otros con pocas e ineficientes medidas de control, como sucede con los solventes inhalables. Estos últimos se encuentran disponibles en todo el territorio nacional ya que son utilizados tanto para tareas escolares como para labores industriales, y por su valor comercial son accesibles a la mayoría de la población. Lamentablemente, éstas son sustancias muy buscadas por niños y jóvenes de todas las clases sociales y por diversos motivos, que ocasionan serios daños a la salud de quien las utiliza con fines de intoxicación.

Por lo que hace a los medicamentos psicotrópicos, tanto tranquilizantes como estimulantes, su venta se controla mediante la prescripción médica, aunque, debido al fenómeno de la automedicación, este trámite se soslaya en ocasiones, provocando una mayor disponibilidad de estos productos. También hay que señalar que los médicos los recetan con mucha frecuencia, en ocasiones innecesariamente, favoreciendo su mal uso.

La disponibilidad y la búsqueda de estos tóxicos con la finalidad de la intoxicación propicia, en los tiempos actuales, un fenómeno de comercio ilícito generador de delito, tanto a gran escala como en pequeña. De esta forma, se presenta una estrecha relación entre el uso de drogas y el acometimiento de conductas antisociales, infracciones o delitos.

Los informes estadísticos que general los ingresos a los conejos tutelares para menores infractores señalan una íntima relación entre la acometida de infracciones y el uso de drogas. En muchos casos, inclusive la farmacodependencia es el agente causal de la infracción, la cual en ocasiones es realizada por grupos, lo que tiene que ver con un acontecimiento social: el llamado pandillerismo.

Este fenómeno social surge de la necesidad humana de agruparse y en él se expresan los polos de la personalidad a lo deseable e indeseable. Es decir, existen pandillas de jóvenes creativos, productivos y aceptados por su comunidad, pero también es cierto que otros grupos eligen el camino destructivo hacia ellos mismos y los demás y generalmente su conducta no es aceptada por la sociedad.

En México encontramos diversas denominaciones para estos grupos. Las más comunes son: la banda, los cholos y la pandilla.

Grupos compuestos en su mayoría por jóvenes, casi siempre del sexo masculino, que adoptan el mismo estilo de vestir, de comportarse y de presentarse ante su comunidad.

Es en el seno de estos grupos donde se moldea la personalidad de aquellos que se incorporan siendo aún niños, y donde, por el fenómeno de liderazgo, adquieren patrones de conducta que pueden ser reconocidos como indeseables por el resto de la comunidad o barrio, como puede ser el caso del uso de drogas con fines de intoxicación.

Desde esta perspectiva la farmacodependencia, o mejor dicho, el uso de drogas con fines de intoxicación, se encuentra íntimamente ligado a la manifestación de conductas antisociales, desde todas aquellas referidas al narcotráfico hasta las conocidas como infracciones y faltas administrativas. Porque es indudable que, en los tiempos actuales, la búsqueda de sustancias que alteran la mente ha generado una fuerte demanda, satisfecha sólo por los caminos ilegales, tanto para los productos de curso lícito como para los que están estrictamente prohibidos. Y, por otra parte, el cometimiento de delitos o infracciones bajo el efecto de los psicotrópicos es cada vez más alto.

Por ello, las disposiciones de los organismos internacionales para reducir el uso de drogas insisten mucho en la limitación de la disponibilidad de estos productos, sobre todo para la población que con mayor frecuencia los busca, fundamentalmente la población infantil y juvenil, además de incorporar a la comunidad en la prevención y solución del problema mediante esquemas de organización social que favorezcan la solidaridad y la sana convivencia.

Conclusiones

a] Es conveniente reforzar la labor coordinada de las instituciones públicas y privadas, a través del Consejo Nacional Contra las Adicciones.
b] Deberán actualizarse los instrumentos jurídicos que permiten controlar la venta indiscriminada de solventes inhalables, sobre todo de aquéllos más buscados por los menores para intoxicarse.
c] Dado el resultado favorable que ha tenido el programa de apoyo a los niños de la calle, el Departamento del Distrito Federal debe continuar con el mismo, reforzando sus actividades al sumarlas con las que realicen otras instancias, así como incorporar semejantes acciones en otras entidades.
d] En todo programa que pretenda se evite el fenómeno de la automedicación y que, por otra parte, los médicos prescriban relacionalmente los medicamentos psicotrópicos.

Nota
Médico egresado de la UNAM con especialidad en psiquiatría. Miembro de la Asociación Psiquiátrica Mexicana y de la Sociedad Mexicana de Salud Pública, entre otras. Se ha desempeñado como Director General de los Centros de Integración Juvenil, Director de atención a la Farmacodependencia en la PGR y Director de Coordinación de Programas Institucionales en el Consejo Nacional contra las Adicciones. Profesor de la Maestría de criminología y del diplomado internacional de prevención del delito en INACIPE.

 

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