Vivir y beber (y pensar)

Una suerte de prestigio rodea a cierto café del sur de la ciudad, en el que se congregan un selecto grupo de escritores, editores y artistas mexicanos que ya quisiera juntos cualquier promotor cultural para alguna de sus conferencias. Pero esta reunión se da por motivos menos intelectuales. Aunque los asistentes a la tertulia tienen en común dedicarse al arte,

Vivir y beber (y pensar)

Carlos Ramón Morales

Una suerte de prestigio rodea a cierto café del sur de la ciudad, en el que se congregan un selecto grupo de escritores, editores y artistas mexicanos que ya quisiera juntos cualquier promotor cultural para alguna de sus conferencias. Pero esta reunión se da por motivos menos intelectuales. Aunque los asistentes a la tertulia tienen en común dedicarse al arte, también los une su condición de alcohólicos recuperados. Como antes lo hicieron en una cantina, ahora rodean la mesa del café y dan permanencia a una comunidad que, cuando todos tomaban, creían que desaparecería en el momento que alguno de ellos se decidiera a rehabilitarse.

A pesar de que en el grupo no se menciona muy seguido el tema del alcoholismo, todos saben que en la reunión subyace el mal común, de tal manera que si alguno llega con algún problema del hogar o el trabajo, los demás acuden a su auxilio y colaboran, ya de escuchas, ya de consejeros. A la hermandad intelectual se agrega la de la enfermedad en común, que hace de sus reuniones una suerte de terapia, sin serlo formalmente. Provoca gran curiosidad imaginar las charlas que se dan en este café. Triunfo de la fraternidad sobre la soberbia intrínseca del intelectual, descienden de su Parnaso y se congregan con los mortales para hablar de aquello que los hace comunes: su naturaleza humana, sus padecimientos, la valiente confrontación del proceso adictivo que en el pasado les significó tristes historias.

Lo más peculiar del grupo es la humildad y extravagancia de imaginarlos asumiendo su condición de alcohólicos, e incluso de mantener algunos de los rituales que aprendieron en sus reuniones de AA. El intelectual, agnóstico y crítico por naturaleza, parecería no encajar con mecanismos espirituales e incluso dogmáticos como hacer la Oración de la Serenidad, o cumplir con los Doce Pasos. Pero estos artistas parecen tener clara la diferencia entre un trabajo formal y profesional con las ideas, y un método de ayuda para buscar su rehabilitación y su abstinencia del alcohol.

EnLiberaddictus18, el escritor Hugo Hiriart lo explica con claridad: "Alcohólicos Anónimos funciona con personas que no tienen pretensiones, pedantería o arrogancia, sino que se consideran normales. Por fortuna mis cosas chuecas no iban por ahí, me sentía una persona común y corriente, nunca creí que mereciera explicaciones especiales, nunca quise teorizar de más, acepté al grupo como lo que es: un espacio de ejercicio terapéutico al que uno se presta sin ponerlo en duda. Hay que asumirlo al entrar. Es como una gimnasia del espíritu, como cuando se aprende a nadar: uno tiene que aventarse al agua y probar una y otra vez. Por eso no me costó trabajo, aunque tengo conocidos que sí les ha costado mucho; pero es por eso. Si uno se considera de la grey, no hay problema."

Hugo Hiriart, ensayista, novelista y dramaturgo, una de las plumas más originales de las letras mexicanas, que lo mismo escribe novelas de caballería (Galaor), teatro de búsqueda (Intimidad) o ensayos de la más diversa índole (Acerca de la naturaleza de los sueños, Los dientes eran el piano), lleva más de quince años sin beber. Como resultado de su alcoholismo --y de su posterior proceso de rehabilitación-- escribió el libro Vivir y beber (Océano, 1987), un hermoso manual sobre el alcoholismo y la vida. Un delgado tomo con dibujos, recuadros y letras grandes, que desde su mismo diseño demuestra la nobleza de su propósito: no diserta científicamente ni con pretensiones sociológicas o culturales sobre el problema del alcohol, sino intenta la comunicación directa, amigable, sin pedantería alguna, con el lector bebedor. Basta abrir el prólogo para darnos cuenta de sus pretensiones: "Este libro no pretende ser elegante ni profundo, ni siquiera interesante o entretenido; este libro sólo intenta ser útil y práctico. Es una conversación íntima y, espero, cálida y comprensiva, con quienes beben ansiosa, desordenada y excesivamente, y con los familiares y amigos de quienes lo tienen que hacer. Quisiera haber hecho una guía, un manual para estar en condiciones de hallar una salida a la dependencia forzada del alcohol."

Salvo algunas curiosidades domingueras, como la descripción del consumo del ajenjo en el siglo xix, el origen de la palabra teporocho o los salvajes métodos para curar del alcoholismo a Malcolm Lowry, lo que sigue del manual busca el tono de una charla de café, donde el Hiriart recuperado busca entablar contacto y comunicar sus experiencias con quienes aún no han logrado salir de su adicción, e incluso, quienes aún no son capaces de aceptar su alcoholismo, siguiendo su premisa de que "a un alcohólico no lo puede entender bien a bien más que otro alcohólico". Didáctico, Vivir y beber hace distinciones entre bebedores y alcohólicos, desmitifica estereotipos (como el de que todo alcohólico termina forzosamente en teporocho, o que el alcoholismo implica una actitud moral negativa) y ofrece nuevas perspectivas para entender el problema, al insistir en su carácter de enfermedad. Particular interés hay en los consejos que brinda a la familia y los amigos de los bebedores, a quienes les explica los retorcidos mecanismos de defensa y evasión del alcohólico: su actitud de niño que espera ser regañado, la propensión a sentirse víctima de sus circunstancias, el tramposo argumento para demostrar que uno toma porque tiene problemas (e Hiriart lo revierte en la realidad esencial de la problemática del alcohólico: se tienen problemas justamente porque se toma).

La segunda parte del libro esboza los principales postulados de Alcohólicos Anónimos, pero lejos de ceñirse por completo a los dogmas de este grupo, Hiriart prefiere abordar el tema desde el punto de vista de la utilidad de este recurso terapéutico, según él "la institución más fina para tratamientos y rehabilitación de alcohólicos". Y de esta manera, como el alcohólico anónimo que alguna vez fue, Hiriart contribuye con su libro a difundir y apoyar el proceso de rehabilitación de muchas personas que a diario viven con el peso moral, social y de salud que representa la enfermedad del alcoholismo.

 

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