This sound comes into my mind

El presente trabajo nos muestra el nacimiento y evolución de las fiestas rave a partir de 1975 a 1985, de la influencia de la música electrónica que se baila en dichas fiestas con su antecedente inmediato en la música disco de los clubes gays de Chicago y Detroit de finales de los setenta, así como en los experimentos progresivos de grupos ingleses. Hacia finales de los años ochenta, esta música prosperó en Inglaterra y España, donde se dieron los primeros raves en Manchester e Ibiza.

This sound comes into my mind

Carlos Ramón Morales

Ponchis ponchis
Nacieron de 1975 a 1985: crecieron entre presidentes corruptos y devaluaciones; creen que Cuauhtémoc Cárdenas es un androide con un chip de la era de Star Trek por lo aburrido y anquilosado, les gustan las botas de Fox y que los trate como clientes (en los cDonalds suelen tratarlos muy bien). Expertos en Internet, maniáticos de los comics y las patinetas, incrédulos del aparato publicitario del rockero tradicional o "alternativo". Tuvieron la fortuna de estar muy pequeños cuando cayó el muro de Berlín y por eso ya no les preocupa la crisis de valores, el fin de la historia, el fracaso de la izquierda, el capitalismo salvaje. Desde siempre entienden al mundo como un aldea global y el monopolio de la Coca-Cola les parece una niñería comparándolo con el de Microsoft-Gates. Sin embargo, en películas como El club de la pelea, Belleza americana, o The Matrix reconocen que no todo está bien. Ingenuos, hedonistas, alivianados, sin doctrinas: transgresores en el escapismo, con espiritualidades tullidas y sumamente encantadores.

Quienes antecedemos a los ravers solemos desconfiar de su música, su vestimenta, sus rituales sociales y sus creencias. Desde los solemnes patriarcas sesenteros hasta la depresiva Generación X del grunge, asumimos insultante su simplicidad para instalarse en la historia de los movimientos juveniles. Carecen de ideología, nos escandalizamos, y ellos alzan los hombros y se marchan fascinados a bailar. El primer pero es con la música. Frente a los enormes poetas --desde los Beatles a Kurt Cobain, desde Bob Dylan hasta Alanis Morrisete--, ellos contraponen una música carente de letra, muchas veces sin melodía, que a una primer escuchada parecería monótona y frívola. Además, el hecho de que sea electrónica, creada con tornamesas, samplers y efectos de computadora, la hacen ver menos "creativa", frente al virtuosismo del guitarrista o el pianista del típico rock and roll. Despectivos, le llamamos a su música ponchis-ponchis, en referencia a sus percusiones machaconas.

Sin embargo, la música electrónica cuenta con una estirpe que hace de ella una propuesta refrescante y genuina, frente al anquilosado aparato mercadotécnico del rock star. Los mismos Beatles, el rock progresivo (Pink Floyd, Genesis, Emerson Like & Palmer), los tecnos de los años ochenta (Depeche Mode, Pet Shop Boys, OMD) aprovecharon los avances electrónicos; incluso, las raíces más inmediatas del techno contemporáneo podría encontrarse en las corrientes minimalistas de John Cage y Philip Glass (músicos a los que, por supuesto, nadie desdeña).

La música electrónica que ahora se baila en los raves tiene su antecedente inmediato en la música disco de los clubes gays de Chicago y Detroit de finales de los setenta, así como en los experimentos progresivos de grupos ingleses como Kraftwerk y Depeche Mode. Hacia finales de los años ochenta, esta música prosperó en Inglaterra y España, donde se dieron los primeros raves en Manchester e Ibiza.

Esta música será conocida como techno, y se caracteriza por hacerse con samplers o cajas rítmicas. Reproducen una secuencia de percusiones (llamadas beats) que va de los 115 a 300 golpes por minuto. El beat más común es de 120 bpm a 140 bpm. Los ravers prefieren 120 bpm porque simula el latido del corazón. El objetivo de la música techno es aprovechar la velocidad de los beats para provocar un clima de hipnosis y energía. Del número de beats depende la catalogación de los géneros, que puede ir desde beats suaves para el techno ambient o trance, hasta pulsaciones de 400 o 500 bpm, como en el techno hardcore.

El fenómeno rave durante mucho tiempo se mantuvo en Manchester y Berlín. A principios de los noventa llegaron a Estados Unidos, concretamente a San Francisco y Los Angeles. Su instauración representó un acto de ilegalidad. Doscientas personas apañaban una playa privada, instalaban bocinas y bailaban hasta que la policía llegaba. "Los ravers que estuvieron desde el principio de la escena hablan de los viejos días en donde tenían que correr cargando una bocina en su cabeza y continuaban un rave en a veces siete lugares diferentes en el curso de una noche"1.

El ritual del rave
Rave significa desvarío, perder el sentido. Es una fiesta que dura toda la noche, donde se toca música techno con volumen alto, con una asistencia que puede ir de 50 hasta 25 mil danzantes. Si en el concierto rockero la banda es la estrella principal, en el rave se erige como protagonista al manipulador de los discos, los samplers y los aditamentos que hacen posible la música, al cual se le conoce como dj (disc jockey).

La espiritualidad del rave
Evasión, escapismo, falta de compromiso. Así caracterizamos la acometida del rave. Pero ellos defienden su movimiento, aduciendo a que sus jornadas simulan las danzas de las tribus primitivas. Ciertamente, han logrado rebasar ciertos estereotipos en cuanto a la danza se refiere, como por ejemplo, anular la necesidad de bailar con alguien. Aquí ya no importa el cortejo implícito al baile de pareja, sino la comunión de todos los individuos en favor de crear una energía única, que toque a todos los asistentes. De ahí que la vestimenta y los tratos sociales entre los ravers hayan soslayado el lenguaje sexual en favor de una actitud infantil, en la que nadie pretende conquistar ni ser conquistado: todos participan de una nueva y larga infancia nocturna, donde lo vital es jugar. De allí que sean fundamentales los peluches, los personajes de las caricaturas, las paletas, los chupones. Porque el objetivo del rave no es ligar, sino bailar. Uno puede sentirse muy cómodo ante esta perspectiva, que anula la presión de denotar cierta presencia seductora.

Si existiese alguna ideología dentro del espectro rave, ésta se basaría en la acuñación del término PLUR, siglas en inglés de los cuatro pilares del movimiento rave: Peace, love, unity, respect (amor, paz, unidad, respeto). "Es la creencia de que por una noche, una comunidad puede crear lo que por alguna razón no funciona en las grandes sociedades. Es la creencia en que vale la pena hacer el esfuerzo de traer de nuevo el amor y la paz a la sociedad la cual parece no importarle (...) Hay un énfasis en el concentrarse en esta energía que se emana durante un rave y afecta positivamente a toda la energía en el planeta. PLUR es algo que se ve mas allá de lo que es la escena rave"2. Estas concepciones parecen sacadas de los manifiestos de sus abuelos sesenteros, de tal manera que algunos conciban a los ravers como neohippies: menos orgánicos, de plástico y chips, pero con la idéntica consigna de concebir un mundo basado en el amor, "aunque comparados con la generación hippie, que abrazaba con seriedad el I Ching y el budismo, los chavos de la música de djs parecen a veces menos interesados en las enseñanzas tradicionales que en experimentar estados alterados, rituales extáticos, comuniones dancísticas y una conciencia a escala cósmica basada tanto en la espiritualidad como en la tecnología y la ciencia ficción. El éxtasis sintetizable sustituye a la disciplinada sabiduría del yogui." 3

Tienen de 15 a 25 años. Quiere decir que el setenta por ciento de ellos ya pudo votar, y quizá fueron quienes le dieron el triunfo de la presidencia a Fox. Consiguieron un cambio que a sus abuelos hippies izquierdosos ciertamente les eriza. Auguran que se arrepentirán. Pero ellos son cínicos y hedonistas, y les encanta el sampleo del necio de Guanajuato repitiendo en beats velocísimos: hoy, hoy, hoy... Ah, claro, falta hablar del éxtasis, las tachas, los ácidos, la siniestra ambigüedad de las smart drinks (bebidas inteligentes). Pero de eso se tratará el resto de la revista. Yo sólo puedo desearles que el PLUR se encuentre con ustedes. Y por supuesto, invitarlos a bailar.

Notas
1 Steins, Eric. "Análisis sociológico de la escena rave", traducción de Erick Bernal, en www. mundopop.com
2 Ib.
3 Pacho, "Música electrónica y neopsicodelia", en Reforma, 1° de junio de 2000.

 

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