Lucy in the sky with diamonds

Así como José Juan Tablada reveló en algún poema que "sobre el burdel / se levantan las casas de cristal / donde sueñan las vírgenes", podría decirse que sobre las hoy llamadas sustancias ilícitas se levanta la ardua labor de las más respetables industrias farmacéuticas. O al menos algo así pasó con la prestigiada empresa Sandoz, que de iniciar como humilde maquiladora

Lucy in the sky with diamonds

Carlos Ramón Morales

...a girl with kaleidoscope eyes
John Lennon

Así como José Juan Tablada reveló en algún poema que "sobre el burdel / se levantan las casas de cristal / donde sueñan las vírgenes", podría decirse que sobre las hoy llamadas sustancias ilícitas se levanta la ardua labor de las más respetables industrias farmacéuticas. O al menos algo así pasó con la prestigiada empresa Sandoz, que de iniciar como humilde maquiladora de colorantes textiles, al cabo de un siglo se convirtió en una de las más importantes empresas dedicadas al negocio de la salud.

El primer descubrimiento significativo de los laboratorios Sandoz produjo, también, la primer droga de diseño. Al buscar la síntesis del cornezuelo de centeno se obtuvo la dietilamida del ácido lisérgico, mejor conocida por el vulgo como lsd. Su uso, al principio con propósitos terapéuticos, pronto evolucionó al de sustancia para viajes, placer, reflexión, alucín. Si la psicodelia natural se la debemos al uso de vegetales como el hongo o el peyote, la industria colaboró al movimiento con esta sustancia, uno de los principales íconos de la generación de los años sesenta.

Precisamente el doctor Hoffman, famoso por sus investigaciones alrededor de la psilocibina y la psilocina, fue quien empezó a despertar el interés en la sustancia, al describir con gran sorpresa los síntomas físicos y ópticos que proporcionaba. Con el deslumbramiento de la era hippie, el lsd vendría a causar furor entre las jóvenes generaciones. Mucha de esta fama se debe a que justamente bajo el influjo del lsd se creó el disco más importante en la historia del rock; la obra que dividiría la historia de este género musical entre los álbumes que conglomeraban doce canciones sin hilación alguna, con el álbum que ya pretende concebirse como una unidad temática y conceptual. Por supuesto, se trata de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, grabado en 1967 por Los Beatles.

Antes de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, John Lennon ya había hecho manifiesta su experiencia con el lsd en algunas de sus canciones, como Tomorrow Never Knows, del álbum Revolver. Si bien todavía no era evidente la diferencia entre la música alucinante y sarcástica de Lennon con las canciones redondas, burguesas y melódicas de McCartney, el abismo entre ambos compositores se empezaba a notar. Justamente Penny Lane, de McCartney, y Strawberry fields forever, de Lennon, mostrarán con mayor evidencia estas diferencias. Ambas canciones pretendían formar parte de un proyecto en el que Los Beatles trataran temas de su niñez. Mientras McCartney hizo un detallado retrato costumbrista del barrio donde jugaba en Penny Lane, Lennon deformó su realidad para hablar de un viejo hogar infantil del Ejército de Salvación, cercano a donde vivía. Sin embargo, mientras el primero abogaba por la redondez y cierto clasicismo en su composición, Lennon reflejó en su corte las alucinaciones que vivía con el ácido lisérgico.

Hacia 1967, el grupo se encontraba en un bache creativo, producto del asedio que ya tenían tras cinco años de popularidad mundial. El ambiente cultural guiaba sus nuevas expectativas: mientras Lennon iniciaba su tímida protesta contra la guerra de Vietnam al actuar en la película de Richard Lester How I won the war, McCartey compraba una casa en la zona residencial de Londres y George Harrison se iniciaba en la filosofía hindú. En Londres, una moda rondaba por suburbios y avenidas principales: se trataba de la venta de antigüedades militares victorianas, que se conseguían en tiendas de nombres excéntricos como I Was Lord Kitchener's Valers. La moda llegó al cuarteto de Liverpool con una melodía sencilla, en apariencia inocua, de McCartney: Seargent Pepper's Lonely Hearts Club Band. Los cuatro músicos experimentaron gran placer al momento de crear los arreglos de la canción, que se apartaba en mucho de las baladas de amor a las que el público estaba acostumbrado. El productor George Martin, y el equipo en general de Los Beatles se mostraban preocupados por ese viraje que se les antojaba absurdo: "Era una canción corriente --dice Martin-- nada especial como composición. Cuando la terminamos, Paul dijo: ¿Por qué no hacemos todo el álbum como si la banda existiera, como si fuera el Sargento Pepper el que grabara el disco?. A partir de aquel momento fue como si Pepper adquiriese vida propia.'"

La creación del álbum fue como una gran fiesta, en la que la ingestión del lsd por parte de Los Beatles colaboró en mucho para el sentido lúdico del disco. Nunca se había visto tan unidos a los cuatro integrantes de la banda. George Martin debió sacar fuerzas de la nada para lograr todas las locuras que pretendían: música de organillo, orquesta sinfónica, ladridos, sonidos de tal agudeza que sólo fueran perceptibles para los perros. La creación de la portada fue otro gran problema: sabedores Los Beatles de que estaban grabando un disco fundamental para su carrera, buscaron la imagen más original que pudiera concebirse. El artista pop Peter Blake fue quien proporcionó la ahora famosísima portada donde se encuentran los cuatro beatles como miembros de la banda del Sargento Pimienta, en medio de una multitud en la que igualmente se encuentra Classius Clay, Karl Marx, Bob Dylan, Fred Astaire, Carl Gustav Jung y Marlene Dietrich, por mencionar sólo a algunos. La compañía EMI, para evitarse problemas con el público indio, pidió que se quitara a Mahatma Gandhi. Los mismos Beatles, por pudor, prefirieron correr de la fiesta a Adolf Hitler. Pero lo que nadie descubrió, hasta que el álbum salió a la venta, fueron unas bellas matas de mariguana a los pies del cuarteto. La indignación del establishment no se hizo esperar, aunque igualmente estalló el entusiasmo de músicos, críticos, jóvenes y aficionados. La extrañeza que produjo el álbum del Sargento Pimienta es el mismo que todavía causa a quienes se enfrentan por primera vez a él.

Por supuesto que los excesos permearon, lo mismo a las capas conservadoras que a las liberales. Mientras la bbc se negó a tocar A day in the life por considerarla una apología a la drogadicción (en especial por la sugerente frase I'd love to turn you on, a la que le sigue un desbarajustado sonido que simula la caída a un abismo, probablemente al abismo del viaje psicodélico), el doctor Thimothy Leary, guía espiritual de los hippies, declaró "que Los Beatles son mutantes. Prototipos de agentes revolucionarios, enviados por Dios con el misterioso poder de crear una nueva especie, una joven raza de hombres libres y reidores... Son los más sabios, los más santos, los más efectivos avatares (encarnaciones de Dios) que la especie humana ha producido a lo largo de toda su historia."

Entre la apología exagerada y la censura excesiva, lo cierto es que Los Beatles habían creado un álbum que hacía diferente el concepto de la música popular. Concebido como una función de circo, en la que por igual hay domadores de leones, trapecistas y payasos, por el disco deambulan rolas místicas (Within you or without you), baladas al estilo McCartney (She´s leaving home o Lovely Rita), consignas de herméticos significados (Fixing a hole), todas encapsuladas entre la apertura y el reprise de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. Como epílogo de tintes filosóficos, como la canción serena que reflexiona después del regocijo circense, queda la bellísima A day in the life, calificada por Jack Kroll, crítico del Newsweek de esa época, como el Waste Land de la música popular.

Renglón aparte merece el alucín juguetón de Lucy in the sky with diamonds. La mezcla de ingenuidad y cinismo de Lennon todavía no convence cuando relata que el título de la canción provenía de un dibujo infantil de su hijo Julian, y que las iniciales de las principales palabras del título no son una alusión al lsd. Aun así, y en contra de los cazadores de símbolos, los Beatles nunca pretendieron dejar consignas a favor de las drogas, simplemente jugaban, y dentro de sus juegos les gustaba engañar con falsas señales, de ahí que a la fecha se le quiera seguir encontrando significados ocultos a las más inocentes ocurrencias del cuarteto.

El lsd se popularizó entre los músicos y los consumidores de la música de aquel entonces, pero pretendía ser un modo de aprendizaje, el acceso a otras realidades, la vía para un mejor autoconocimiento. Con la resaca de los años setenta su uso se perdió, aunque ahora regresa en sus nuevas presentaciones, ya sea en tarjetitas o en pastillas, combinado con otras sustancias. Desafortunadamente, la época ya no es la misma: la evasión pura, sin ningún otro matiz de búsqueda, permea los ambientes raves, la oscuridad de los barrios sórdidos, el vacío de las sociedades tecnologizadas. Cierto es que entonces y ahora el riesgo de caer en una adicción es terrible, y lo mismo causan resquemor las antiguas experiencias con lsd que las actuales. Sin embargo, la exploración creativa de Los Beatles sigue siendo una aventura que se antoja necesaria para estos tiempos en que es tan difícil ofrecer algo nuevo a los ávidos de música, de experiencias vitales, de motivos para recuperar el entusiasmo.

Quizá sea tiempo de recuperar lo que Thimothy Leary veía en Los Beatles, esos agentes revolucionarios, enviados por Dios con el misterioso poder de crear una nueva especie, una joven raza de hombres libres y reidores... Y para aprender de nuevo a reír, nada mejor que  enfrentarse nuevamente a la experiencia del Club de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta.

 

 ¡Llámenos!

(55) 5008 1709


Calle Molinos núm. 20 Int. 8

Colonia Mixcoac
Delegación Benito Juárez. CP 03910
Ciudad de México. México

©2016 Liberaddictus AC

Search