El narcotráfico: Más allá de la represión

Hace tiempo que me propuse hacer este artículo para la revista, pero la complejidad del tema me ha llevado posponerlo día tras día. La reciente estancia en México me provocó cierta desazón y muchos interrogantes para mi tarea educadora por la variedad de elementos implicados (muerte de cantantes, actuaciones de la policía y del ejército, informes varios sobre la situación, declaraciones de políticos, narcocorridos etc.). Una vez en España la inquietud ha continuado por las constantes noticias que llegan a través de los medios de comunicación (muertes, detenciones, decomisos, juicios, etc.), la diversidad de valoraciones del fenómeno del tráfico, la incoherencia de las medidas puestas en marcha, entre otras.

El narcotráfico de drogas:
Más allá de la represión

Amando Vega Fuente*

Introducción
Hace tiempo que me propuse hacer este artículo para la revista, pero la complejidad del tema me ha llevado posponerlo día tras día. La reciente estancia en México me provocó cierta desazón y muchos interrogantes para mi tarea educadora por la variedad de elementos implicados (muerte de cantantes, actuaciones de la policía y del ejército, informes varios sobre la situación, declaraciones de políticos, narcocorridos etc.). Una vez en España la inquietud ha continuado por las constantes noticias que llegan a través de los medios de comunicación (muertes, detenciones, decomisos, juicios, etc.), la diversidad de valoraciones del fenómeno del tráfico, la incoherencia de las medidas puestas en marcha, entre otras.

Carlos Fuentes con su obra La voluntad y la fortuna (2008) me ha introducido de lleno en el fenómeno del narcotráfico en México, aunque no hable mucho sobre las sustancias. Su personaje es un decapitado, el número mil del año. Utiliza el mito de Abel y Caín para retratar la violencia en México, donde día a día se acrecienta una guerra entre los cárteles de la droga, que compiten por la ferocidad de sus métodos, incluidas decapitaciones o cuerpos sumergidos en ácido. Los últimos datos, elevan a 5,400 los muertos por narcotráfico, más del doble que hace un año. Noviembre fue el mes más violento, con 943 asesinatos (El País, 2008).

La información sobre lo que sucede en Nápoles me ha llegado de la mano del escritor Roberto Saviano con su libro Gomorra, quien presenta sin recato alguno el drama de la mafia napolitana, visible también a través de la película, premiada por la Academia del Cine Europeo (efa por sus siglas en inglés).

Estamos ante un fenómeno que preocupa en la sociedad actual y que parece no tener solución a pesar de todos los medios que se han puesto en marcha en la llamada "guerra contra las drogas". Incluso el propio término narcotráfico aparece cargado de confusión e incoherencias. Es un neologismo que asocia el tráfico de drogas con las sustancias narcóticas y deja de lado las que no lo son, aunque también sean ilícitas. Por otra parte es un término que hace referencia al fenómeno que integra todas las fases del negocio ilícito.

Este breve artículo surge con la intención de aportar una serie de elementos que considero claves para entender este fenómeno que, aunque sea complejo, nos cuestiona a todos y a todas, de forma especial a los profesionales, nos invita a una reflexión comprometida. El "problema de la droga" no es una cuestión individual, cuya responsabilidad recae sobre los individuos que ofertan las sustancias prohibidas, mientras se dejan de lado otros aspectos sociales que condicionan cuando no determinan un conjunto de problemas motivados no sólo por el consumo de las sustancias sino también por la política existente en relación con esas sustancias que se consideran drogas. El fenómeno del tráfico de drogas es un fenómeno mundial que precisamente adquiere mayor fuerza cuando su responsabilidad queda en manos exclusivamente, por una parte, de las personas que producen y comercian con las diferentes sustancias y, por otra, de las fuerzas policiales encargadas de combatirlos.

El problema de las drogas
¿Cuál es el "problema de las drogas"? Es la eterna pregunta a la que no es fácil responder, pues caben respuestas tan variadas que con dificultad se puede optar por unas o por otras, ya que existen puntos de vista para todo tipo de intereses. Se comprende así que existan diferentes modelos interpretativos del fenómeno según la importancia dada a cada uno de los elementos que interviene en el "problema", que en sus aspectos más genéricos no son otros que la sustancia, la persona y el contexto social (más inmediato o más amplio).

Frente al mito de las "drogas" conviene llegar al fondo de la cuestión, donde existe una gran variedad de sustancias (ilegales, unas, legales, otras,), y unas personas muy concretas que consumen, trafican, producen o se enriquecen a costa de ellas, muchas veces sin mancharse las manos con las sustancias. Factores económicos, políticos y sociales se entremezclan siempre, de forma tan compleja que resulta difícil delimitar el problema. Aquí los organismos internacionales prefieren no actuar, más allá de la llamada "represión del tráfico" y de las denuncias constantes de "nuevos consumos" de sustancias, sin enfrentarse con las cuestiones de fondo, como puede ser el "blanqueo de dinero" o buscar auténticas alternativas a la producción de las diferentes drogas.

Hace tiempo que Rosa del Olmo mostraba cómo estamos ante un fenómeno que por su ilegalidad y sus características intrínsecas dificultan cualquier diagnóstico por la rapidez de cambios que exige tanto adaptarse a las condiciones del mercado como a las cambiantes acciones en su contra. La magnitud del fenómeno a nivel mundial, por otra parte, como las manifestaciones y matices que adquiere la industria de las diferentes sustancias, debidas entre otras cosas a las distintas realidades geopolíticas en las que se desarrolla, dificulta más estas tarea (Del Olmo, 1997).

A pesar de todo, se han ido formado una opinión y percepción del fenómeno, a partir de opiniones de políticos y miembros de fuerzas de seguridad, donde predominan estereotipos al margen de su complejidad y especificidad, estereotipos de los que participamos, posiblemente muchos profesionales.

La economía ilegal, por otra parte, llega a las instituciones estatales a través del soborno o la intimidación de políticos, policías, funcionarios o jueces, con lo que se crea un aparato o cordón de seguridad en torno al negocio. A ello contribuye la corrupción de la política democrática que Rosa denomina la "criminalidad estatal organizada".

Por otra parte, hasta la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (jife) en su informe del año 2002, reconoce que las comunidades afectadas por altas tasas de desempleo e inseguridad social son los principales sitios en que se infiltran las bandas de drogas que ofrecen fuentes alternativas de ingresos. Y en el informe del año siguiente (jife, 2003), analiza las principales explicaciones de la relación entre el uso indebido de sustancias y la agresión (o la violencia):

a) Las explicaciones que centran la atención en el individuo, como las explicaciones biológicas y fisiológicas, las explicaciones psicofarmacológicas y las explicaciones psicológicas y psiquiátricas. Estas disciplinas estudian de diversas maneras los efectos del uso indebido de drogas sobre los individuos según sus características físicas y mentales y, en cierta medida, incorporan aspectos de contenido social para explicar el uso indebido de drogas y la agresión.
b) Las explicaciones centradas en factores sociales y culturales. Estas disciplinas incluyen la sociología, la criminología, la política, la economía, la historia, la antropología y los estudios culturales. Las disciplinas estudian de diversas formas la relación entre los grupos sociales y el uso indebido de drogas y la delincuencia como específica de un contexto, y utilizan ejemplos tomados de la vida real.

Se admite en este informe que las explicaciones de base biológica y psicológica del nexo entre las drogas y el delito, aunque proporcionan una gran cantidad de detalles interesantes, no explican las variaciones subculturales y entre culturas que se observan en la experiencia real del uso indebido de drogas y sus consecuencias sociales.

Los efectos del tráfico y el consumo ilícitos de cocaína en los grupos sociales prósperos, a diferencia de las comunidades más pobres, no se pueden explicar mediante ensayos de laboratorio controlados sobre el uso indebido de drogas. E incluso se indica que, dada la complejidad del tema que evidentemente va más allá del llamado "modelo psicofarmacológico", queda abierto el debate para una discusión posterior que aborde las diferentes manifestaciones de violencia criminal o delincuencia juvenil que pueden llevarse a cabo en conexión con las drogas, en muchos casos no tanto producto de las drogas mismas sino de ser ilegales (jife, 2003).

Diferentes lecturas del narcotráfico
Esta diversidad de enfoques puede verse también en relación con el narcotráfico, como se refleja en la memoria del Seminario "El narcotráfico y las relaciones entre América Latina, Europa y los Estados Unidos", convocado por el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de los Andes, en octubre de 2005, con los auspicios de la Comisión Europea y el Observatorio de las Relaciones Unión Europea América Latina (Camacho, y otros, 2006).

El discurso institucional responde a los planteamientos de la Convención de Viena de 1989. La producción, tráfico y consumo de drogas es una realidad global que debe eliminarse de la faz de la Tierra, por sus efectos perversos sobre la gobernabilidad, la economía legal, la salud pública y el ambiente. La Declaración de la Vigésima Sesión Especial de la Asamblea de las Naciones Unidas sobre Control Internacional de la Droga, realizada en Nueva York en 1998 acepta que las causas estructurales empujan a los pobladores del campo a sembrar coca, amapola o marihuana en países como Bolivia, Colombia, México, Birmania o Afganistán. Se daba entonces una prioridad al desarrollo alternativo, incluso por encima de las metas de erradicación unilateralmente definidas por Estados Unidos en el cuestionado mecanismo de la certificación. En esa declaración, se dice expresamente: "Donde existan estructuras campesinas de producción agrícola de baja rentabilidad -dice la declaración de 1998- el desarrollo alternativo es la medida más sostenible, así como social y económicamente más apropiada que la erradicación forzada".

Desde Europa se plantean los principios de responsabilidad compartida, equilibrio entre reducción de la demanda y la oferta, enfoque hacia la cooperación para el desarrollo y respeto a la soberanía e integridad territorial de los países. Este esquema le permitió a Europa diferenciarse claramente de Estados Unidos en Bolivia, Perú y Colombia, al financiar programas de desarrollo alternativo que no supongan acciones represivas contra las comunidades.

Lo grave del asunto es que, lejos de replantear la política, Estados Unidos encontró en los sucesos del 11 de septiembre de 2001 el argumento perfecto para incluir el tema de las drogas con el fundamentalismo islámico en su Agenda de Seguridad Nacional.

Desde la perspectiva legalizacionista, el prohibicionismo de las drogas causa más daños que el abuso de las drogas, si se miran las estadísticas de mortalidad, corrupción, violencia, detenciones, toxicidad y derechos ciudadanos en todo el continente, incluido Estados Unidos.

Por otra parte, conviene ver la otra cara de la moneda. El narcotráfico es un problema que no puede eliminarse totalmente debido a la demanda de drogas en Estados Unidos y Europa, como admite Thomas Shannon (2008). El tema del tráfico de drogas debe plantearse "como una sociedad en la que cada país tiene que reconocer no sólo los desafíos y las responsabilidades compartidas. Nosotros tenemos que reconocer que la demanda de drogas es la fuente de todo este problema; también hay que reconocer que tenemos una responsabilidad para ayudar a los países que están enfrentando el dilema".

El tráfico de drogas ilícitas no solamente es un problema legal, sino también, estructural. Según el informe de la jife de 2002, las grandes ganancias que se obtienen con las drogas ilegales dan lugar a un consumo suntuario, promueven la inflación, destruyen la capacidad de producción y generan un crecimiento económico negativo. Una economía basada en las drogas ilegales distorsiona el clima de las inversiones y afecta la base necesaria para tomar decisiones macroeconómicas acertadas, además de que aumenta la afluencia de ganancias ilícitas, lo que promueve la declinación del crecimiento económico y da lugar a la sobre-evaluación de los tipos de cambio (jife, 2002).

Al análisis que hace el jife sobre las repercusiones del comercio de drogas ilícitas en el desarrollo económico de los países afectados, se pueden sumar otros factores de orden global. El tráfico de drogas ilícitas y el lavado del dinero que proviene de esta actividad, se han visto beneficiados por mecanismos necesarios para la globalización de la economía mundial. Entre estos, según Laniel Laurent, aparecen: la reducción de los costos de transporte y la proliferación de conexiones marítimas, aéreas y por carretera, el incremento de los intercambios comerciales mundiales, la unificación progresiva de los mercados financieros nacionales mediante las trasferencias electrónicas, la utilización de paraísos fiscales y la difusión de mejores técnicas agrícolas. Para Laurent la economía de las drogas, particularmente el "blanqueamiento" del dinero, ha constituido una de las vías de algunos países de América Latina para tratar de insertarse en la economía mundial, en particular, para aquellos que su única base de exportación es la producción de materias primas agrícolas.

Los sistemas judiciales no dejan de ser vulnerables, debido a que en muchos países los narcotraficantes controlan las decisiones de jueces y magistrados mediante la corrupción y amenazas de muerte. Otro factor que influye es que las figuras encargadas de administrar y hacer cumplir un estado de derecho, ganan salarios bajos y tienen poca o nula protección contra las represalias de organizaciones criminales. Suele ser común que cuando en los países de origen y tránsito de drogas ilícitas, las autoridades policiales encarcelan a traficantes importantes, éstos recobren su libertad después de una decisión aparentemente injustificable o que continúen dirigiendo y controlando sus cárteles desde el interior de las prisiones.

La lucha contra el narcotráfico es parte de un esfuerzo más amplio contra la corrupción. Las organizaciones del narcotráfico cuentan con un instrumento muy poderoso para corromper: el dinero ilícito generado en grandes cantidades. En la actualidad, no hay un producto ampliamente disponible y fácilmente renovable más lucrativo que las drogas ilícitas.

Hacia una intervención global sobre drogas
Muchos son, pues, los factores que contribuyen a que exista el narcotráfico. Por éstos, las intervenciones y los recursos destinados para conseguir una verdadera promoción de la salud y bienestar de las personas deben ser equilibrados y coordinados desde los distintos ámbitos implicados en las drogodependencias. Cuando se realizan actuaciones descoordinadas, se generan resultados contradictorios o contrarios a los pretendidos y difícilmente éstos responderán a la realidad en la que han surgido. En este sentido, las propuestas del Consejo de la Juventud de Andalucía (1991) aportan una lectura nueva de una realidad compleja:

a) No son los cauces policiales los que deben alcanzar el protagonismo en la minimización de los daños causados por el abuso en el consumo de drogas. Si detrás de estas campañas hay realmente intención de solventar unos problemas de salud, cosa que, cuanto menos es cuestionable, no es descontextualizando los efectos que estas actuaciones tienen en la población. Si todo el potencial que genera esa lucha contra el narcotráfico, que amenaza, en ocasiones, con convertirse en auténtica guerra civil, se destinase a la elaboración de programas que pusiesen en marcha dotaciones de infraestructura en países con grandes desequilibrios, superación de sus contradicciones socioeconómicas, creación de tejido social, fomento de la solidaridad, planes educativos, etc., los resultados serían, sin duda, mucho más provechosos.
b) Resulta, cuando menos, curioso observar cómo la batalla y el desgaste se produce en determinados países del Sur, con grandes carencias socio-económicas y una fuerte deuda externa. Se razona que es allí donde existen las plantaciones y donde se fomenta el tráfico. Sin embargo, hemos de recordar que hasta hace bien poco, estos Estados han vivido inmersos en una cultura donde el uso de determinadas sustancias psicotrópicas estaba perfectamente integrado en su vida cotidiana. Hoy en día, esas sustancias necesitan otro tipo de productos químicos para sintetizarse, y no son precisamente los países cultivadores los poseedores y comercializadores de esas sustancias químicas, sino sus "amigos" del Norte, sobre todo desde la llegada de las drogas de diseño, y es en estos países "amigos" donde se produce el tráfico a gran escala.
c) Se falsea la realidad al distinguir entre drogas malditas y drogas benditas. Sin duda, el trato que reciben las plantaciones de coca colombiana no es el mismo que el que se les da a los viñedos riojanos (que siguen recibiendo subvenciones para su cultivo de la Comunidad Europea).

Esta intervención global sobre drogas implica también rescatar el concepto de seguridad humana frente al de seguridad nacional, donde el punto de referencia sea el individuo y sus comunidades, en lugar del territorio o los gobiernos y contemplar situaciones relacionadas con la gobernabilidad, la participación democrática, la pobreza, el desarrollo y los problemas de salud y educación.

Resulta interesante, en esta perspectiva, recordar el manifiesto por una política de drogas justa y eficaz que hace tiempo lanzaron ongs preocupadas por el impacto del tráfico de drogas ilícitas, y las políticas destinadas a controlarlo. Las políticas de control de drogas --se indica en este manifiesto-- han probado ser insuficientes para contrarrestar el tráfico de drogas ilícitas y, al contrario, han contribuido a su incremento; han causado efectos dañinos y contraproducentes, que los eslabones más débiles de la cadena del tráfico de drogas ilícitas (consumidores de drogas, correos y poblaciones rurales involucradas en el cultivo ilícito), han sufrido de manera desproporcionada los efectos negativos de las políticas de control de drogas. Por esto, proponen los gobiernos del mundo tomar las siguientes medidas para mejorar las políticas actuales de control de drogas, incrementando con ello su eficacia, viabilidad y credibilidad:

1. No perseguir el cultivo de plantas que se utilizan en la producción de drogas ilícitas, por parte de pequeños productores, e implementar medidas estructurales a nivel económico, político y social, consensuadas con todos los sectores implicados, para ofrecer alternativas reales a la dependencia de dicho cultivo.
2. Suspender operaciones de erradicación forzosa y aquellas medidas de destrucción de cultivos que tengan un impacto negativo sobre el ambiente y la salud humana, tales como las prácticas devastadoras de fumigación aérea con herbicidas y defoliantes.
3. Desligar al aparato militar de tareas antidrogas, incluyendo la desmilitarización de zonas de cultivos ilícitos.
4. No perseguir el consumo de drogas, buscando formas de regulación que sean social y culturalmente aceptables a las poblaciones locales involucradas, e implementar medidas amplias para prevenir y tratar el consumo problemático de drogas y para la reducción del daño.
5. Abolir cualquier legislación excepcional de control de drogas que viole garantías legales y procesales acordadas universalmente.
6. Garantizar todos los derechos que pertenecen a una sociedad pluralista caracterizada por la tolerancia y un espíritu de apertura consideradas esenciales en un sistema democrático y, en particular, la libertad de expresión y palabra sobre temas relacionados con las drogas para todos los individuos.
7. Garantizar la soberanía de los países y pueblos sobre sus sistemas legales y evitar todas las posibles imposiciones sobre los llamados países productores de drogas.
8. Garantizar la transparencia y el uso socialmente útil de los dineros y bienes confiscados al narcotráfico.
9. Proponer un nuevo método de clasificación de sustancias psicoactivas, sean actualmente lícitas o ilícitas, basadas en datos científicos contrastados sobre el daño que producen a la salud humana.

Si se reconoce que el fenómeno de las drogas es un problema estructural, la realidad del narcotráfico pide también una respuesta social amplia. Las medidas represivas provocarán más violencia, pero no llegarán a las raíces del problema.

La política social precisamente es el mecanismo que ayuda a garantizar que los progresos económicos y la integración funcionen en beneficio de todos. Posiblemente nunca como ahora somos conscientes de la necesidad de una sociedad cohesiva y abierta, basada en la solidaridad y la igualdad, y en una elevada calidad de vida y de salud. Las políticas públicas tienen un papel crucial que desempeñar a la hora de conseguir esto, acrecentando los niveles de empleo y contribuyendo a mantener y a desarrollar las capacidades de las personas durante su ciclo de vida activa, promoviendo la redistribución de la renta y aliviando la pobreza, proporcionando seguridad a los auténticamente necesitados y luchando contra la discriminación y la desigualdad. El desafío común es reformar y modernizar estas políticas a fin de sostener los valores fundamentales del modelo social para el futuro.

Es interesante ver que el Informe de la jife correspondiente a 2005 dedica el primer gran apartado al desarrollo alternativo. Se trata de un concepto relacionado con el desarrollo integrado que se ha aplicado en las zonas rurales de los países en desarrollo en los que se cultivan esas plantas, principalmente la adormidera y el arbusto de coca. Aquí se reconoce, de forma expresa, que la decisión de cultivar plantas que sirven para la producción de drogas ilícitas es el resultado de muchos factores complejos e interdependientes, que van desde el ámbito del hogar hasta el plano internacional, y abarcan tanto la oferta como la demanda de drogas ilícitas en todo el mundo.

Desde este planteamiento se entiende que las medidas de represión y la amenaza de la aplicación de penas y/o la erradicación forzosa, combinadas con la perspectiva de medios de vida alternativos legítimos y una asistencia económica amplia y sostenible, incluso en las esferas de la educación, la atención de la salud y el desarrollo de la infraestructura, pueden constituir una solución.

Es necesario, se indica, que los gobiernos, las organizaciones internacionales y demás partes interesadas cuiden de que las comunidades en cuestión, no simplemente las comunidades agrícolas que se dedican al cultivo ilícito de plantas narcógenas, sino todas las comunidades afectadas por una economía ilícita de drogas, cuenten con medios de vida legítimos que sean viables y sostenibles a largo plazo. Eso comprende programas de política económica y social que generen y promuevan opciones socioeconómicas lícitas y sostenibles para las comunidades y poblaciones dedicadas anteriormente a actividades relativas a drogas ilícitas, así como medidas de seguridad establecidas en el marco de una acción policial eficaz y de enfoque comunitario.

A manera de conclusión
No se puede comprender, pues, el fenómeno de las drogas sin analizar los factores culturales, políticos y económicos en toda su complejidad. La perspectiva individualista, que sigue dominando en la interpretación de las cuestiones relacionadas con las drogas, lleva a un callejón sin salida, por la parcialidad de sus planteamientos ya que pone toda la responsabilidad en el consumidor cuando éste no es más que una víctima de unos condicionamientos sociopolíticos, sin negar por esto su parte de responsabilidad.

Mucho queda por hacer en este ámbito complicado del "narcotráfico". Habrá que comprender, en primer lugar, que estamos ante un fenómeno eminentemente humano. Lo que significa que son personas concretas quienes lo hacen posible, en contacto o no con las sustancias. Por otra parte, tomar conciencia, que más allá de las personas, existen una serie de factores sociales, económicos y políticos que favorecen que surja el tráfico y que se desarrolle con no poca impunidad en diferentes contextos. Como también habrá que tomar conciencia de que existe una estructura social de carácter mundial, llámese globalización, mercado libre que protege el dinero que mueve el mercado de las drogas

Pero esta situación puede cambiar con el desarrollo de un mundo más justo y equitativo, con la aplicación de los conocimientos que tenemos, con el desarrollo de normas y leyes acorde con la realidad, con el compromiso de la sociedad en cada uno de sus ámbitos. Tan sólo una perspectiva social nos aproxima a una comprensión profunda de un fenómeno que evoluciona con el tiempo y que está a merced de complejos factores individuales y sociales. Y a partir de aquí, se podrá ofrecer una respuesta más coherente tanto a nivel local como mundial.

Pero, como se trata de una cuestión compleja, no sólo por los factores personales y sociales implicados, sino también por su alcance mundial, urge seguir reflexionando desde las perspectivas profesionales, más centradas en la búsqueda de respuesta integral a las necesidades de las personas que a la denominada "seguridad nacional" que oculta otros intereses, en no pocas ocasiones, económicos e ideológicos. Precisamente las políticas prohibicionistas, en no pocas ocasiones, en su afán de control, han olvidado los derechos de las personas y han contribuido a reforzar el problema que dicen querer solucionar.

Es necesaria otra política más racional y "humanitaria", como exige el Consenso de Roma (Copper y otros, 2008). Ante la ineficacia de las actuales políticas de drogas, se impone la necesidad de un nuevo modelo y una praxis novedosa orientados por el humanismo y el realismo. Desde el punto de vista de la producción y el tráfico de drogas ilegales, urge impulsar medidas de desarrollo económico y social que eviten que personas vulnerables y sin otros recursos económicos se vean empujadas a producir sustancias ilegales o a traficar con ellas.

Nota
* Universidad del País Vasco

Bibliografía
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