La convivencia familiar El adulto joven (segunda y última parte)

En esta etapa, los jóvenes de 18 a 35 años de edad intentan consolidar su propia identidad personal, ensayando una convivencia familiar y social más comprometida que en la etapa anterior. El joven se compromete cuando busca momentos de intimidad en la relación consigo mismo, con los amigos y con la pareja.

La convivencia familiar
El adulto joven
(segunda y última parte)

Julio E. Hernández Elías

En el número anterior de esta sección, abordamos los aspectos más sobresalientes del desarrollo del joven adulto. En esta etapa, los jóvenes de 18 a 35 años de edad intentan consolidar su propia identidad personal, ensayando una convivencia familiar y social más comprometida que en la etapa anterior. El joven se compromete cuando busca momentos de intimidad en la relación consigo mismo, con los amigos y con la pareja. Erikson dice que esta etapa tiene como meta compartir amorosamente con otra persona la amistad, la procreación y el trabajo. La elección a realizar está entre la intimidad y la soledad, elegir entre el compartir profundamente las cosas personales, expresarse con abrazos y besos o elegir el aislamiento.

De la capacidad para amar y trabajar que desarrollen, dependerá la salud de su adultez, ya que podrán lograr una pauta de vida personalizada que le garantiza una "identidad individual en la intimidad conjunta", como decía Freud.

Cuando un joven elige el camino de la intimidad, se va dando cuenta de que el afecto dado y recibido en sus relaciones tiene efectos no sólo en la confirmación de la identidad, sino en la salud general con resultados terapéuticos. Muchas investigaciones han abundado en estos efectos de la intimidad, encontrando en una amplia gama de la población y de niveles profesionales, que quienes se encuentran de luna de miel, tienen una mayor inmunidad a las enfermedades comunes como la gripe o los resfriados. En la intimidad de la luna de miel el amor a la vida alienta el sistema inmunológico, estimula la glándula timo (situada entre la tráquea y el esternón), que es el asiento de la energía vital o el Chi, de la mayor introspección, y del amor según el Taoísmo. Cuando la gente se encuentra bajo estrés emocional ésta glándula es la primera en ser afectada, en cambio cuando se sonríen, activan su hormona timo, la glándula se humedece y suaviza, se expande y fortalece. Además, cuando se practican los besos y los abrazos, contrario a la creencia de que provocan el contagio de gérmenes, podemos asegurar que acaban con ellos y también restauran la salud del corazón.

Los hallazgos médicos refieren que la carencia de abrazos y de intimidad, en situaciones de conflictos o críticas, son capaces de producir infartos cardiacos elevando la presión sanguínea de 40 a 50%. "El doctor Helsing encontró que los viudos, privados súbitamente de intimidad, tienen un riesgo de muerte más alto a consecuencia de enfermedades cardiacas que los hombres casados. Pero los viudos que establecían la intimidad casándose de nuevo recuperaron el nivel de riesgo más bajo a causa de enfermedades del corazón que habían demostrado antes de enviudar. No sólo quienes se vuelven a casar tienen menor riesgo de muerte; según el estudio realizado por Liza Berkman en 700 adultos se encontró que las personas que tienen un vínculo íntimo y firme con su familia, con sus amigos y con la comunidad presentan una tasa de mortalidad menor de la mitad que quienes no tienen dichos vínculos, haciendo a un lado los hábitos de fumar, de comer y de hacer ejercicio"1.

Los resultados de las investigaciones sobre la intimidad nos ofrecen abundante evidencia empírica y científica acerca del impacto positivo que tiene en el desarrollo sano del sujeto; asimismo proporcionan información que desmitifica algunas creencias de la lógica popular tales como "si una persona forma su infancia y adolescencia en el seno de una familia infeliz, será un adulto infeliz" o la contraria, "si ha tenido una niñez feliz, será un adulto feliz".

Las experiencias de aprendizaje social resultante de sus relaciones íntimas nos ayudan a redimensionar conceptos e ideas de la propia realidad. La mayoría de las personas adquirimos, conservamos y transmitimos juicios personales que hemos aprendido como tradiciones orales en nuestro contexto cultural. Los profesionales en este campo también tendemos a mantener ideas y conceptos a manera de conclusiones radicales que en su momento resultaban reveladoras, pero que la experiencia teórica y práctica permite matizar. Un ejemplo que ilustra lo anterior lo encontramos en la famosa frase "infancia es destino" de Santiago Ramírez, la cual sugiere una sobredeterminación de las primeras etapas del desarrollo en el futuro del sujeto. Una comprensión más profunda de esta frase nos brinda la esperanza de trocar el destino, ya que dependerá, además de la infancia, de lo que pueda amar y trabajar durante esta etapa, como se menciona arriba.

Otro aspecto que es digno de mencionar lo encuentro en el trabajo clínico: muchos jóvenes siendo ejecutivos exitosos buscan ayuda para mejorar sus relaciones personales. Estos nuevos adultos se concentran casi exclusivamente en las exigencias socioeconómicas del mundo actual: la profesión o el trabajo. Anteponen el trabajo a la intimidad, restando importancia a la búsqueda de consejeros o amigos y a una relación de pareja más o menos permanente.

Este fenómeno no es nuevo, pero nos ayuda a comprender la influencia que tienen los diversos factores sociales en la dificultad que conlleva transitar del yo al nosotros de formas diferentes entre los hombres y las mujeres. Los hombres tienden a privilegiar y establecerse en el yo de la identidad, a diferencia de las mujeres que prefieren sacrificar su yo a cambio del nosotros. Los hombres tienden a concentrarse en su carrera y buscan las relaciones para que les ayuden a llegar a sus metas en cuanto a profesión u oficio. Entre los 28 y 33 años, generalmente, renuevan metas cambiando de trabajo, amigos y hasta esposa. Estos jóvenes exitosos carecen de amigos o amigas íntimos. Las mujeres por su parte, teniendo o no una carrera profesional, tienden a relacionarse íntimamente con la familia o amigos cercanos y a entregarse ellas mismas a otra persona, aun a costa de los propios planes, necesidades y fantasías.

Transitar de la flamante identidad adolescente bachiller a la etapa de intimidad del adulto joven requiere de éste mayor pluralidad personal. La pluralidad que reclama la sociedad en el más allá de mi ser no es diferente de la pluralidad que se encuentra más acá de mí mismo, se construye paulatinamente con lazos de cuidado por el otro en la convivencia, con el intercambio en la confianza y la entrega afectiva. Al intimar con otro paso de la conjugación singular de mi yo a la conjugación plural de mi persona en compañía: nosotros. "En la identidad, me descubro a mí mismo. Pero en la intimidad, me arriesgo a perderme a mí mismo y volverme a encontrar amando a otro hasta que nuestros dos yos se conviertan en nosotros. ...La verdadera intimidad significa que nos demos nosotros mismos antes que nuestras realizaciones. Esto sólo ocurre cuando ambas personas tienen un yo que puede soñar y una disposición a dejar que ese yo se convierta en un nosotros de sueños compartidos a medida que sacan a la luz los dones uno del otro."2

En la próxima entrega: El adulto maduro.

Para consultar:
1 M. Linn, Cómo sanar las ocho etapas de la vida, México, Promexa, 1994.
2 op. cit., página 175

 

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