Valores en juego, aislamiento, psicoterapia, re conocimiento del individuo en rehabilitación

En este trabajo se hace una reflexión sobre el significado de los términos falta de valores, el autora lo aborda dentro del plano del significado espiritual, de la relación del hombre con las cosas y el mundo que lo rodea, significa una comunicación estable, equilibrada y adaptativa con el mundo. Cuando el individuo limita la relación con un solo objeto y establece relaciones parciales se aísla de los demás, provoca situaciones de riesgo para su salud, que lo llevaría muy fácilmente al enojo, la violencia, y la tristeza. Para finalizar se hace referencia al trabajo psicoterapéutico con el paciente adicto a sustancias, y se pone de manifiesto que la felicidad depende de encontrarse a sí mismo, que la práctica de valores como la confianza contra el temor, la gratitud contra la autoconmiseración, la aceptación contra los resentimientos, y la honestidad compartida es el camino para establecer la relación abierta con el mundo, y el trabajo terapéutico de estos valores merece la atención de un seguimiento individual y familiar de tipo educativo.

Valores en juego
aislamiento, psicoterapia, re-conocimiento
del individuo en rehabilitación

Julio E. Hernández Elías

En el artículo "El arte de observar a la familia" (LiberAddictus 18) anotábamos la dificultad de las familias --sobre todo urbanas-- para socializar a sus miembros. El contexto social está saturado de dobles mensajes promotores del consumo; de "noticieros" tendenciosos y manipuladores que restan influencia a la protección de la salud; de instituciones cuyos servicios no son justos, prontos ni expeditos; de carencia de satisfactores básicos y oportunidades de empleo, educación y salud; y todo esto tiene como resultado una creciente falta de confianza entre la población.

Durante años, he escuchado en la práctica terapéutica, en las familias, las escuelas o la comunidad, que estos problemas existen porque "ya no hay moral", y entonces se sugiere una "educación con valores" para la sociedad. Este tema, abordado en diferentes ámbitos y sectores de la sociedad (instancias jurídicas, legislativas, eclesiásticas, de salud o civiles), no termina por definirse e integrarse consensualmente en la educación de la población.

¿Falta de valores?
Los valores1 son los principios éticos o espirituales que rigen la convivencia humana. Por "espiritualidad"2 no necesariamente adoptaremos la connotación religiosa, sino la que trata de establecer y mantener una relación íntima y significativa con las cosas. "El hombre es él y su contexto", apuntaba Ortega y Gasset. Esta relación espiritual da sentido a la existencia del ser humano: es necesaria para su desarrollo y su comprensión del lugar que ocupa en el mundo. Entenderlo se traduce en acciones tendientes a mantener una relación estable, equilibrada y adaptativa con el mundo.

Cuando la persona limita su relación a un solo objeto, es decir, cuando establece relaciones parciales con el contexto, se aísla de los demás (personas, objetos, eventos) y provoca innumerables consecuencias de riesgo para su salud integral.

La comprensión de un mundo integrado por múltiples factores integrados entre sí, nos permite observar las leyes naturales y relacionarlas con los demás; amar y experimentar la felicidad3.

Según Cancrini4, el intento reiterado de enfrentar a solas niveles de sufrimiento que se perciben como intolerables, abre el camino a asumir a las toxicomanías como un conjunto heterogéneo de situaciones personales e interpersonales, unificadas por el remedio que personifican. Establecer contacto íntimo --de amor y confianza-- con alguna sustancia sustituta, como único remedio de bienestar y satisfacción, conlleva el riesgo de reemplazar una realidad compleja por otra parcial, incompleta y patológica. Esta relación de carácter obsesivo produce una visión miope, acompañada de sentimientos desagradables como el temor, el enojo y la violencia. Dichos sentimientos con frecuencia resultan de la insatisfacción producida por relaciones anteriores, donde se han roto el amor y la confianza básicos.

En este momento se rompe el equilibrio: el temor ante el rechazo conduce fácilmente al enojo, la violencia y la tristeza. Estas emociones se condensan en la autoconmiseración, con lo que se refuerza el temor ante el mundo, así como la percepción de ser distinto a los demás, y creer que "nada vale", "nadie me entiende", "soy distinto, pobre de mí".

El siguiente estado de este aislamiento se expresa con resentimientos, debido a la acumulación de desconfianza. Después, al sujeto le quedan muy pocas habilidades para integrarse, socializar y recuperar la salud integral. Se enfrenta al mundo tras la máscara del "yo lo controlo", "no pasa nada"; es decir, niega la realidad presente con una auto imagen irreal y orgullo exacerbado, como únicas defensas contra el miedo.

La experiencia de quienes abordamos estos padecimientos emocionales nos ha llevado a practicar profesionalmente las ricas enseñanzas del Programa de 12 Pasos de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos, cuyos fundamentos espirituales sirven para comprender con amplitud los aspectos humanos del consumidor de drogas.

El trabajo con el dependiente
Desde el principio se establece la alianza terapéutica para ir reconstruyendo la confianza, herida por los temores experimentados. El paciente se deja guiar cuando se cerciora de contar con un ambiente estructurado, que no trata de manejarlo o engañarlo. La terapia avanza en la medida que encuentra tareas --a realizar en el corto plazo--, que le permiten combatir la devaluación y autoconmiseración. Poco a poco el paciente entiende que la felicidad deseada no es tener lo que quiere, sino querer lo que sí tiene y no ha podido observar.

Muchos terapeutas recomiendan volver a establecer el contacto con la realidad re-conociendo el contexto, por medio de una autoevaluación honesta y compartida, que combata la culpa, la vergüenza y los duelos no elaborados. Así, el individuo entiende que la felicidad no es algo externo a su persona, sino que ocurre dentro de sí mismo. La abstinencia y el inicio del trabajo conducen a la aceptación paulatina de sí mismo y a asumir el reto de desarrollarse.

Cuando el paciente se pregunta ¿qué significan mis reacciones?, ha iniciado su reflexión sobre la congruencia entre sus acciones y sus sentimientos, los posibles motivos que subyacen en los actos que realiza y la correspondencia entre éstos con lo que desea pensar de sí mismo, o con lo que le gusta que crea la gente. En lenguaje coloquial, asumimos la relación de diferentes conceptos:

1. Que la felicidad depende de encontrarse a sí mismo (o encontrar a Dios, según los creyentes).
2. Que la práctica de valores, como la confianza contra el temor, la gratitud contra la autoconmiseración, la aceptación contra los resentimientos, y la honestidad compartida, constituyen pilares necesarios para establecer la relación abierta y espontánea con el contexto.
3. La soberbia, que sirve de máscara-defensa, impide confiar, agradecer, aceptar, ser honesto con el otro.
4. La infelicidad y la insatisfacción alcanzadas por cada persona, están en relación directa con su potencial espiritual desarrollado. Nadie puede ni tiene que responder por otro.

En la medida que el proceso de encontrarse a sí mismo avanza, hay más armonía en las relaciones del hombre: puede percibir y comprender las leyes del universo; hacerse responsable de él mismo con valor e integridad.

El trabajo terapéutico de estos valores merece la atención de un seguimiento individual y familiar de tipo educativo, laico y ético, de lo cual hablaremos en próximas entregas.

Notas
1 El vocablo valor tiene dos sentidos, del latín valere: ser fuerte; ser sano; estar bien (de salud); tener cierto significado o cierto precio, del indoeuropeo (sánscrito) wal- "fuerte" + or "calidad", por tanto: precio justo o equivalente; fuerza de ánimo para enferentar un peligro o al empezar empresas difíciles, valentía, intrepidez, denuedo. Breve diccionario etimológico de la lengua española, Gomez de Silva, Guido. Fondo de cultura Económica
2 Semánticamente: Espíritu se usa para denotar al principio vital o fuerza que anima al ser humano; ser invisible e intangible de una persona; del latín spiritus "espíritu, soplo, aliento" de espirare "soplar, respirar".
3 Otra palabra cuya subjetividad nos remite a la sabiduría popular: "todos deseamos ser felices" y "cada quien es feliz, mientras hace lo que quiere". Para muchos, el término felicidad implica el estado de ánimo, sentimientos de dicha, satisfacción, muestras de placer, así como lo que es oportuno, favorable; dejémoslo ahí.
4 Cancrini, Luigi La psicoterapia: gramática y sintaxis. Manual para la enseñanza de la psicoterapia. Paidos, Barcelona, 1991.

 

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