Las mujeres son de la tierra; los hombres también

Mientras que las mujeres han analizado la historia, el lenguaje, el arte y han incursionado y reformado la política, la economía y la sociedad en general, los movimientos masculinos son incipientes, casi invisibles, mantienen un rezago importante en sus habilidades de autoconocimiento. En este artículo el autor analiza brevemente las influencias culturas caducas que educan a los hombres para la guerra y a las mujeres para la crianza. Externa su opinión sobre las urgentes tareas masculinas para lograr una relación tierna con una mujer, dentro de las cuales la coherencia personal y la libertad de elegir son fundamentales.

Las mujeres son de la tierra; los hombres ...también

Julio Hernández Elías

Aquellos que nos comprenden
esclavizan algo en nosotros
Kahlil Gibran

Las mujeres han analizado la historia, el lenguaje, el arte; han incursionado y reformado la política, la economía, la sociedad en general, han revisado el mundo que las oprimía (y que sigue oprimiendo a la mayoría) para restaurar su condición de seres autónomos y capaces de construir una relación igualitaria con los hombres, en los espacios donde éstos mantenían condiciones de privilegio generacional; mientras, los movimientos masculinos son incipientes, casi invisibles, mantienen un rezago importante en sus habilidades de autoconocimiento, ante los casi cien años de lucha feminista.

La historia siempre ha delimitado las prácticas y los comportamientos masculinos: desde las sociedades primitivas sabían cuál era su rol y quiénes eran; conocían y se identificaban con su héroe y tótem. Para nosotros, aquí y ahora, ya no resulta tan claro replantearnos la masculinidad.

Ante la desventaja que representa para los hombres el desconocimiento de nuestras propias emociones --necesarias para el establecimiento de una relación igualitaria--, recientemente iniciamos la exploración de nuestros sentimientos. Esta búsqueda no tiene parámetros definidos, que puedan recrear una imagen viril, alternativa y satisfactoria, congruente con una nueva época.

La mayoría de las culturas educan a los hombres para ir a la guerra y a las mujeres para la crianza. A los hombres se les "especializa" en la racionalidad, se les premia la agudeza, la claridad, el establecimiento de límites, el control y la iniciativa, la acción propositiva en público. Se le siguen recompensando socialmente las actitudes hostiles y paranoides. A las mujeres se les socializa el lado "suave", se les refuerza la intuición, la crianza y la sensibilidad.

Según Wilheim Reich, los hombres portan una armadura de carácter que históricamente han ido creando las sociedades guerreras: el hombre ha sido herido, cortado, circuncidado, azotado, para enseñarle a no sentir, a separarse de su cuerpo.

La diferencia en la expresión de emociones parte de la conformación física de hombres y mujeres. El hombre concentra su energía en la consecución de ciertas metas; esta forma para descargar energía es agresiva y utiliza una masa muscular mayor, muy diferente a las mujeres: las mandíbulas se aprietan, los brazos se endurecen, el ano se cierra, se saca pecho, el corazón se endurece. La eyaculación resulta una metáfora útil para describir el modo masculino de almacenar y eliminar energía. Las mujeres, en cambio, poseen una masa muscular más redondeada, suave, sus hemisferios cerebrales están más interconectados (es más bilateral que el hombre). La forma femenina de utilizar la energía es menos tensa y se descarga con mayor ritmo y uniformidad.

Las diferencias no son puramente genéticas. Durante milenios, la cultura ha entrenado la mente y el cuerpo de hombres y mujeres. Actualmente, aunque no estemos en guerra, prevalece la ética del guerrero. Desde la infancia y en la adolescencia se espera que el joven aprenda a combatir, mate y muera por los suyos; baste recordar algunas frases de nuestro glorioso himno nacional: "mexicanos al grito de guerra...mas si osare un extraño enemigo... un soldado en cada hijo te dio".

En la cotidianidad familiar se mantienen mensajes como: "los hombres no lloran", que adaptado a estos tiempos se diría: "los chicos grandes no lloran"; "pelea como un hombre", etcétera. En los círculos laborales se considera a los negocios como guerras en cámara lenta y los hombres seguimos siendo recompensados por nuestras conductas hostiles y paranoicas. Por supuesto, el sexo está centrado en la competencia y la conquista, más que en el placer.

Los valores que ahora deseamos los hombres están modificando los patrones establecidos. Por primera vez en la historia se observa una necesidad masculina de comprender más su relación de pareja, la cual exige más que una simple afición por la intimidad.

Posturas como la de Sam Keen, postulan frenar el juego de la guerra y trascender la ética del guerrero para restablecer una nueva relación con la Tierra. Nos falta replantear el lenguaje, comunicarnos mejor con nosotros mismos, preguntándonos ¿cómo me siento?, en lugar de ¿cómo se supone que debo sentirme? Las consecuencias inmediatas de esta búsqueda son el desconcierto, la duda y el temor; ya que el nuevo compromiso masculino implica la conexión emocional con la pareja, diferente a la responsabilidad económica acostumbrada.

La tarea no es fácil ni rápida, tenemos que romper las paradojas relacionales actuales, donde las mujeres esperan hombres cariñosos, cooperadores, sensibles, comprensivos, tiernos, etc., pero que conserven sus atributos anteriores, como la fuerza, la audacia y la valentía, además de seguir siendo protectores y proveedores.

El compromiso debe comenzar con la coherencia personal y la libertad de elegir. Para establecer esa conexión emocional en una relación tierna con una mujer, se requiere evitar ser vulnerable a sus juicios y establecer límites claros. Mantener un espacio al que sólo uno mismo ingrese y nadie más; esto es, desarrollar un sentido espiritual propio, un renacer autodirigido, más consciente. Ser capaz de mantenerse dentro de uno, apartado, desenganchado de las inculpaciones femeninas, para poder estar realmente con ellas. Estos tres movimientos conjuntos: estar en contra, estar apartado y estar con la mujer a la vez, puede empezar a esclarecernos la confusión acerca de qué tan juntos deben estar hombre y mujer.

Como hombres libres y capaces de cambiar, debemos analizar los misterios de nuestro género y admitir el misterio del otro; dejar de hacernos cargo de las inculpaciones femeninas y aprender a oír con compasión el sufrimiento propio y el de las mujeres. Necesitamos comprensión mutua para abandonar nuestra condición de víctimas y avanzar en la desconstrucción de sistemas caducos, ya que ambos somos de la Tierra.

 

 ¡Llámenos!

(55) 5008 1709


Calle Molinos núm. 20 Int. 8

Colonia Mixcoac
Delegación Benito Juárez. CP 03910
Ciudad de México. México

©2016 Liberaddictus AC

Search