Mujer y adicta: doble estigma

El no contar con programas específicos dedicados al tratamiento de las adicciones en las mujeres, ha obligado a que muchas de ellas se inserten en un consumo silencioso que las excluye de la posibilidad de prevención y recuperación. En este artículo se vierten las opiniones de diferentes expertos en estudios de género, sobre la situación que padece la mujer adicta. Se discuten, entre otros temas, la concepción social que gira alrededor de la mujer adicta, los obstáculos que le impiden el acceso a servicios de rehabilitación, las sustancias más utilizadas, así como la importancia de campañas preventivas dirigidas a la salud reproductiva de las mujeres adictas. Se destaca la violencia como otro de los problemas que deben ser atendidos urgentemente en la mujer adicta.

Mujer y adicta: doble estigma

Lucía Lagunes Huerta

A partir de este número, LiberAddictus incluye en sus páginas la mirada del mundo de las adicciones "Desde la otra orilla". La otra orilla de este problema en el cual las mujeres nos debatimos entre la estigmatización, la marginalidad, la burla, la agresión, la indiferencia y nuestro cada vez mayor consumo de drogas.

Pretendemos abordar desde nuestros ojos de mujer el otro lado de las madres, hijas, esposas e intelectuales, adictas y no, que viven en el mundo de las adicciones o que han podido salir de ellas.

Rescataremos las aportaciones de investigadoras e investigadores que, desde la posición de género, buscan nuevos paradigmas de explicación y estudio en este mundo adictivo.

Sea pues, una pequeña aportación para resarcir una deuda social de equidad y justicia que merecemos las mujeres, quienes representamos el 52 por ciento de la población mexicana y 34 por ciento de la fuerza laboral del México de hoy. También queremos ser eco de voces que no han tenido cabida en otros espacios públicos de expresión. Por eso, "Desde la otra orilla" nace como una necesidad y una contribución a la sociedad mexicana para mejorar nuestra calidad de vida, la cual pretendemos construir de manera justa y equitativa para todas las personas.

Otra vez marginada la mujer
Sin programas específicos dedicados al tratamiento de las adicciones, la población femenina se inserta en silencio en el uso de drogas ilícitas, médicas y legales, excluyéndolas de la posibilidad de prevención y recuperación.

Las mujeres adictas son colocadas en el banco del rechazo social y en el abuso de su integridad. Eso le pasó es por andar de loca es la frase común para calificar a una mujer que ha roto ciertas normas sociales y ha sido víctima de algún abuso en su integridad, nos explica la investigadora del Instituto Mexicano de Psiquiatría (imp), Martha Romero, quien desde hace diez años se dedica a estudiar las adicciones en las mujeres.

"La razón por la cual a la mujer adicta se le condena mucho más que a los varones, tiene que ver con la concepción social que se ha hecho de ella. Es decir, en el cuerpo de las mujeres se han depositado valores como la castidad, la bondad, la pasividad, la sensibilidad, la entrega a los otros y otras", explica Romero. "Un ejemplo común" dice la especialista, "es la aceptación social que tienen los varones al emborracharse y perder el control, volverse agresivos, tener más de una pareja; todo esto los convierte en seres fuertes, con un reconocimiento social por su audacia". Del otro lado de la orilla, las mujeres que abusan del alcohol o alguna sustancia ilícita son calificadas como fáciles y malas madres, y se vuelven propicias para el abuso de su integridad. "No es raro" agrega Romero, "que una mujer narcotizada o alcoholizada sea víctima de abuso sexual".

Y explica: "Diversas mujeres que pertenecen a Alcohólicos Anónimos (aa) cuentan que, después de narrar alguna situación en las que ellas han tenido relaciones sexuales de las cuales se arrepienten bajo el efecto del alcohol, son catalogadas por sus propios compañeros como fáciles, sin que este apelativo sea usado para quienes bajo las mismas circunstancias se hayan relacionado con algún otro varón".

Pero además, abunda Romero, ser mujer o varón también provoca diferencia en el acceso a las instituciones de rehabilitación. Algunas mujeres de aa han sido acosadas sexualmente por sus mismos compañeros de grupo, por lo que han iniciado la formación de un grupo de recuperación específico para mujeres.

En esto también coincide Víctor Manuel Guisa Cruz, director de tratamiento y rehabilitación de los Centros de Integración Juvenil (cij). Para Guisa, el hecho de que por cada nueve varones que ingresan a los cij llegue una mujer, abre una interrogante: "¿Será que no llegan a los Centros de Integración Juvenil porque a la mujer se les estigmatiza más por el hecho de consumir una droga?". Y continúa: "hasta para uno, como hombre, no se le ocurre que una mujer pueda tener problemas como estos, parece que las adicciones son de varones, y que la mujer están en un lugar aparte, pero no es cierto, también a ellas les pasa".

Martha Romero señala que todavía se cree que las mujeres difícilmente rompen los límites, lo cual provoca que, cuando lo hacen, tienen a ocultarlo. Esto hace más difícil detectarlas y ayudarlas en su recuperación. "Los porcentajes de mujeres consumidoras son reducidos y me pregunto: ¿no será que seguimos negando socialmente su adicción?"

Guisa apunta sobre las diferencias entre varones y mujeres en la forma de manifestar su adicción. "Ellas beben no salen de sus casas, o utilizan sustancias médicas, como los tranquilizantes, sin que se consideren adictas por consumirlos, aun cuando lo sean".

La Encuesta Nacional de Adicciones 1993 informa que el 62.7 por ciento de las mujeres entrevistadas reconocieron haber consumido alguna vez drogas de utilización médica fuera de prescripción. "Las mujeres usan mayor cantidad de drogas de uso médico porque culturalmente se les permite ser frágiles, estar ansiosas o deprimidas; pueden llorar, cuestión que está prohibida para los varones. Un hombre que se reconozca deprimido no es fuerte, pues no tiene la capacidad para contener esto. Sin embargo, una mujer puede acudir a que le prescriban un medicamento contra la depresión y no pasa nada", señala el doctor Lino Díaz-Barriga Salgado, subdirector nacional de hospitalización y proyectos clínicos de cij. Y agrega: "el problema es que no se ataca de fondo la depresión o ansiedad que manifiesta la mujer, y sólo se alienta la falsa idea de que con un medicamento se terminan los problemas".

Algunos efectos provocados por estas sustancias médicas son avalados y alabados por los mismos familiares. "En una de mis investigaciones entrevisté a una mujer que era viuda, vivía sola y abusaba de los estimulantes. Sus hijas e hijos se admiraban de su dinamismo, pues siempre tejía ropa para sus nietos y hacía fiestas", señala la investigadora del imp.

Aun cuando se reconocen las diferencias culturales entre mujeres y varones, los tratamientos siguen siendo mixtos, sin tomar en cuenta factores específicos, como por ejemplo, el riesgo en un embarazo. "La vida adictiva de las mujeres generalmente coincide con su vida reproductiva, por lo que el riesgo de un embarazo es muy alto", señala Romero.

El tratamiento de recuperación, así como las campañas preventivas dirigidas a las mujeres, deben tomar en cuenta su salud reproductiva. Es necesario brindarles las herramientas necesarias para decidir sobre su propio cuerpo, como prevenir un embarazo no deseado o protegerse de una posible infección sexual, incluido del vih/sida.

Otro problema que enfrentan las mujeres adictas es la violencia. Una mujer adicta que establece una relación violenta pierde el límite de si la agresión es por ser adicta o por ser mujer. "Además no existen instituciones que las atiendan, hay centros de atención a la violencia, pero si eres adicta no te aceptan hasta que hayas abandonado la adicción, mientras que las instituciones dedicadas a las adicciones tampoco atienden la otra situación" explica Romero, y apunta que dentro del tratamiento que se destine a la recuperación de las mujeres adictas es necesario ayudarlas a separar la culpa de la vergüenza "porque las mujeres solemos sentir vergüenza por lo que somos, y culpa por lo que hacemos y no hacemos".

Introducirnos en el mundo de las adicciones de las mujeres es reconocer una historia de discriminación y marginación, paralelo a este otro grave problema discriminatorio que enfrentan nuestras jóvenes, nuestras hijas y nuestras madres. Romper la barrera del silencio y brindarles alternativas será nuestra tarea como sociedad justa y equitativa.

 

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