Si tuviera una pareja que me comprendiera, no me sentiría así

Para cualquier ser humano, la capacidad de relacionarse justa, sana y adecuadamente en pareja es el mayor de los retos de madurez y sano desarrollo. En los grupos de autoayuda y los consultorios se narran constantemente diferentes circunstancias en que los adictos buscan en su pareja un refugio, una nueva motivación, la ilusión de vivir y el éxtasis emotivo que extrañan y anhelan. En este artículo se analiza cómo las características de la enfermedad y las conductas típicas maladaptativas de los adictos, junto con la autodevaluación que sufren en el proceso adictivo, los conduce a relaciones destructivas, injustas y frustrantes.

Si tuviera una pareja que me comprendiera,
no me sentiría así

Carlos Pérez Irueste

Para cualquier ser humano, la capacidad de relacionarse justa, sana y adecuadamente en pareja es el mayor de los retos de madurez y sano desarrollo. En los adictos, las características de la enfermedad y las conductas típicas maladaptativas, junto con la autodevaluación que se sufrió en el proceso adictivo, los conduce a relaciones destructivas, injustas y frustrantes.

En los grupos de autoayuda y los consultorios constantemente se narran las diferentes circunstancias en que los adictos buscan en su pareja un refugio, una nueva motivación, la ilusión de vivir y el éxtasis emotivo que extrañan y anhelan. Los adictos en recuperación suelen verse envueltos en relaciones de noviazgo, extramaritales, pseudomaduras o puramente sexuales de carácter fugaz, que cuando la recuperación es frágil o temprana, fracasan y conducen a la frustración, al dolor y, en muchos casos, a la recaída. Por ello los viejos alcohólicos anónimos bromeaban que "debajo de la falda, las mujeres llevan la botella" aunque el mismo principio se aplica en cuanto a las relaciones prematuras que desarrollan las adictas con los hombres.

Queda muy clara la gran inmadurez emocional de los adictos en el momento de buscar gratificaciones en el sexo y las relaciones afectivas. La falta de estrategias emocionales funcionales y la carencia de recursos interpersonales los conducen a relacionarse con personas disfuncionales y conflictivas. A pesar de los malos resultados de esta búsqueda, la gran mayoría lo vuelve a intentar. La vaginodependencia o falodependencia, como le dicen en algunos grupos de autoayuda, parece un buen término para describir lo que podría ser una adicción cruzada, cuya intención es satisfacer la misma necesidad que existía en las épocas de consumo de sustancias psicoactivas.

La idea errónea que suelen tener los adictos sin pareja es que si se enamoraran y compartieran su tiempo con una pareja, las cosas les resultarían más agradables y menos estresantes. Algunos dicen que si tuvieran una pareja diferente a la actual, sería más fácil disfrutar la abstinencia; otros sólo buscan las relaciones sexuales en forma compulsiva. Los adictos conducen toda la noche por la avenida de los Insurgentes, disfrutando el morbo de entrevistar a cuanta muchacha de moral distraída y cuotas bajas encuentren en la zona de tolerancia. Las adictas en recuperación comparten sus veladas con personas que no conocen bien y que sólo pretenden lograr compañía y emociones intensas. Al concluir la jornada regresan a sus casas frustrados, cansados y nuevamente vacíos.

Las creencias erróneas sobre las parejas también se dan en las relaciones que se suscitan entre dos miembros del mismo grupo de autoayuda. La mayoría de quienes se eligen impulsivamente en un grupo comparten condiciones existenciales y psicológicas similares, pero también se descubren en una relación en la que se exigen afectos y respuestas que ninguno sabe y puede dar. Esto recuerda las palabras de un viejo dicho: "Dios los hace y Freud los junta." Estos cuadros conducen a los vagino o falodependientes a una constante frustración, llevándolos a la conclusión de que si no se sienten bien debe ser porque eligieron a la pareja inadecuada. Por ello inician nuevas relaciones, una tras otra, buscando a la pareja que asuma sus necesidades y los gratifique en todas sus fantasías y expectativas. Esto es tan inmaduro y fantasioso, como cuando se deja de combinar la soda con el ron porque se cree que la soda nos hace daño.

La madurez y la fortaleza para encontrar satisfacción a nuestras necesidades debe encontrarse en una variedad de actividades que partan de uno mismo. No existe ningún objeto que al consumirse nos haga cambiar nuestra realidad interna y nos dé felicidad y satisfacción total.

Desde luego, la pareja cubre necesidades importantes y nos brinda una excelente oportunidad para ser más felices. Sin embargo, la relación y el amor que nacen dentro de cada ser humano, y la calidad de la relación, se logran a medida que el individuo se da y se transforma en una mejor persona, a partir de sí mismo y no gracias a alguien más.

De ninguna forma se intenta decir que los adictos deberían de mantenerse célibes, pero sí sería correcto procurar una contención adecuada, para hacer elecciones de pareja correctas. Este paso sería similar al de superar la etapa compulsiva de la adicción. Cuando el adicto empiece a vivir el programa de recuperación, lo mantenga por medio de su trabajo en los doce pasos y solidifique su participación en los grupos, hará cambios significativos en su necesidad de alterar su estado de conciencia, y entonces será cuando pueda iniciar relaciones de pareja más funcionales.

Es difícil establecer el tiempo que un adicto en recuperación debe esperar antes de iniciar una relación de pareja, depende mucho de qué tan involucrado esté en su grupo de autoayuda y su programa, pero los primeros seis meses sería muy pronto para empezar a correr riesgos.

Sabemos que quienes se encuentran en este proceso de conflicto viven con angustia y dolor la relación y las carencias que enfrentan. Estas personas deben buscar ayuda con un especialista y acercarse al grupo para retomar el proceso de su programa de la forma más intensa que les sea posible.

Es de suma importancia hacer caso a la sabiduría de los miembros más viejos del grupo, cuando advierten: "no tomes decisiones importantes y no te relaciones afectivamente hasta estar más fuerte", ya que el adicto corre el riesgo de cambiar la droga por una pareja e iniciar un círculo de sufrimiento que puede ser evitado. Amar y aprender a sostener relaciones sanas de pareja siempre es difícil para los adictos; sin embargo, cuando se está dispuesto a iniciar una relación de pareja, no debe arriesgarse la recuperación.

De acuerdo: hay que amar a tu prójimo como a ti mismo, pero nunca olvides empezar por amarte a ti mismo.

 

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