El columpio emocional: "yo nomás no me hallo"

Las carcajadas, los miedos, el pasón, la resaca y el bajón juegan un papel constante en el mundo de la actividad adictiva. Al mismo tiempo, los remordimientos, la culpa, la pérdida que acompañan este sube y baja existencial hacen un conjunto de experiencias que entrenan la mente del adicto y éste aprende una forma de vida matizada por la intensidad emocional. En el presente artículo se aborda de forma muy breve la depresión que sufren los adictos al iniciar su rehabilitación y el hecho de que culpen a la abstinencia de su apatía. Se plantea que la rehabilitación del adicto debe ofrecer alternativas que cumplan con la naturaleza afectiva del adicto y recordar siempre que el ocio, la soledad y la rutina son precursores de pensamientos adictivos.

El columpio emocional:
"yo nomás no me hallo"

Carlos Pérez Irueste

La esperanza de empezar un nuevo día se aboca a la gran urgencia por buscar al bueno, al conecte, al que vende drogas. La dosis matutina inicia el ascenso a un viaje vertiginoso de fantasías y frustraciones. Más tarde, en la reunión con los brothers, los inigualables cómplices de la parranda, se planea la actividad nocturna matizada por grandes dosis de alcohol y droga, en un ambiente oscuro y concupiscente, apto para exceder los límites. Aquí las carcajadas, los miedos, el pasón, la resaca, y el bajón juegan un papel constante en el mundo de la actividad adictiva. En este ir y venir del adicto se mezcla con conflictos familiares, pleitos, enojos, decepciones al ser rechazado por diferentes personas, miedo al efectuar la ilícita transacción de compra, una angustia flotante por saberse portador de una sustancia ilegal. La ansiedad se presenta pagando una buena lana por una aventura que dura muy poco. Los remordimientos, la culpa, la pérdida que acompañan este sube y baja existencial hacen un conjunto de experiencias que entrenan la mente del adicto, de esta forma el farmacodependiente aprende una forma de vida matizada por la intensidad emocional. Cuando el adicto entra al proceso de rehabilitación e inicia la abstinencia vive dentro de parámetros estables, donde los excesos emocionales casi no se hacen presentes. En este nuevo estilo de vida el adicto se deprime, no sabe por qué pero está aburrido y desmotivado. Entonces la enfermedad tiende una trampa: el adicto ya no se siente bien, se encuentra extraño y sin conocer la razón de su sentir, culpa a la abstinencia de tal apatía. En este momento comienza a buscar estímulos emocionales que le hagan sentirse vivo: se pelea con la novia, posterga un pago importante, permite que los problemas se acerquen y cuando la crisis se presenta y tiene que hacer frente a las emociones intensas nuevamente se siente vivo, regresa a un mundo conocido. La mayor parte de las veces creemos que esto se debe a la necesidad autodestructiva del adicto y al autosabotaje, pero cabe la posibilidad de que este síntoma en realidad sea consecuencia de una necesidad importante: evocar una serie de sentimientos intensos para cubrir la respuesta emotiva condicionada que pide la memoria corporal; es como si la cantidad emocional que el adicto requiere para sentirse vivo fuera de siete grados y la de la gente no enferma estuviera en los cuatro grados. Esta diferencia puede conducir a un adicto a deprimirse cuando no cubre su cuenta básica de actividad emocional. El adicto busca compensar entonces la ausencia de actividad emocional; en este intento de compensación recurre a los defectos de carácter para provocarse crisis, pues así desencadena la actividad emocional que su organismo extraña.

La recuperación de la adición debe ofrecer alternativas que cumplan con la naturaleza afectiva del adicto; ya es sabido que el ocio, la soledad y la rutina son precursores de los pensamientos adictivos, por ello debemos aprender a emplear el tiempo libre en actividades que produzcan importante actividad emocional. Los ex adictos que tienen retos, pasatiempos y actividades deportivas encuentran un mundo donde pueden satisfacer la actividad emotiva que requieren. La cultura del pasatiempo que implica conocimientos, prácticas constantes, socialización y nuevos retos impide que el adicto en recuperación compense su apatía a través de los defectos de carácter o con la reincidencia en el consumo de sustancias. El deporte ofrece la estimulación y la energía emotiva que el adicto requiere para motivarse a iniciar nuevas empresas; los retos laborales, académicos, o afectivos brindan un marco competitivo donde el autoestima se refuerza a través de la conquista de metas. Las actividades de alto riesgo son de la elección de los adictos y si son desarrolladas con responsabilidad, pueden encauzar adecuadamente sus necesidades emocionales. De otra forma el común de los adictos terminan por desarrollar relaciones conflictivas con sus familiares, un constante desequilibrio económico o laboral y un frecuente sabotaje a los éxitos y metas alcanzadas.

Esta respuesta mas ayuda a la estabilización del adicto en recuperación y es una herramienta importante en el manejo de prevención de recaídas. No debemos olvidar que la adicción es una enfermedad multifactorial, y requiere de un tratamiento constante, que cubra en lo posible la salud integral del sujeto.

 

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