¿Cómo ven los niños el alcoholismo? Ideas para un tratamiento

Imprimir
El artículo explica cómo funciona el pensamiento de los niños y cómo, un adulto, debe hablarles de lo que es el alcoholismo. Tomando en cuenta el tipo de pensamiento concreto que caracteriza a los menores y a que desarrollan en su fantasía sentimientos de culpa por creer que son los causantes del alcoholismo, el artículo brinda elementos para trabajar los sentimientos de los menores, los relacionados con la persona alcohólica con la que conviven, así como los propios sentimientos. Se resalta la importancia que tiene el que el niño aprenda a verbalizar sus preocupaciones, tristezas, dolores, alegrías, satisfacciones o miedos.

¿Cómo ven los niños el alcoholismo?
Ideas para un tratamiento

Violeta P. Ramírez

¡Lo que es la enfermedad! Esta expresión es muy importante, ya que los niños presentan un pensamiento literal (concretista) y cuando escuchan la palabra enfermedad pueden pensar que se trata de una enfermedad contagiosa o que se cura con medicamentos.

El niño comprende las enfermedades como algo ocasionado por un virus, relacionado con ir a ver al médico, tomar medicinas y guardar cama para estar bien. Pero ¿qué le pasa al niño cuando se le trata de explicar algo crónico, que ocurre paulatinamente? Toda esta información se tiene que proporcionar al pequeño con metáforas, ejemplos sencillos o analogías de situaciones a las que se sienta cercano.

Otro aspecto que cubre este programa es la culpabilidad, ya que el niño, en su fantasía, cree que el padre o la madre tienen esta enfermedad porque él hizo algo malo o, por ejemplo, porque sacó malas calificaciones en la escuela.

Por tanto, lo primero que el niño debe aprender acerca del alcoholismo es:

1. El alcoholismo no es una enfermedad ocasionada por un virus; por lo tanto, no es contagiosa.
2. Parece que se da más en algunas familias que en otras.
3. Algunas personas son más sensibles que otras.
4. Un niño no puede controlar la forma de beber de un alcohólico.
5. El niño no puede hacer que un alcohólico deje de beber.

Cuando los niños aprenden lo anterior sobre la enfermedad y lo verbalizan, o bien dibujan ejemplos de conductas relacionadas con su enfermo, es entonces que se dan cuenta de que el alcohol cambia los sentimientos de las personas; que en un momento el padre es uno y actúa de cierta manera para, más tarde, con unas copas, tener cambios en su comportamiento que los niños no comprenden y que hacen sentir mal a los que están a su lado.

De lo químico a lo emocional
Es el momento de trabajar en los sentimientos, y el niño aprende que se trata de una:

6. Enfermedad de los sentimientos.

Aprenden, así, que la gente alcohólica tiene problemas con sus sentimientos: cuando tienen sentimientos incómodos y no saben cómo manejarlos, beben para cambiarlos.

7. Un alcohólico bebe para cambiar sentimientos desagradables.

El beber no es una forma sana de cambiar los sentimientos. Este es el momento de explorar cómo cambia el niño sus sentimientos desagradables; es triste esuchar a niños de corta edad que ya comienzan a imitar el patrón, bebiendo para cambiar sus sentimientos.

En esta fase encontramos lo que el pequeño hace cuando se siente mal:

a) Se esconde en su cuarto.
b) Sale con sus amigos.
c) Mira la televisión.
d) Sale a distraerse.
e) Va al refrigerador.
f) Pelea con el hermano menor.
g) Azota puertas.
h) Rompe sus juguetes.
i) Busca hablar con alguien de sus sentimientos.

Si la familia se encuentra en una fase avanzada de la enfermedad, el niño no buscará hablar con alguien de sus sentimientos, porque sentirá que no son importantes o que es mejor no hablar del asunto.

La palabra también puede curar
Es fundamental que el niño aprenda la importancia que tiene verbalizar sus preocupaciones, tristezas, dolor, alegría, satisfacción o miedos. El apoyo cariñoso de los padres, o de alguno de los padres, es muy necesario para darle confianza y estimularlo a que hable sin temor. Un ambiente propicio, tranquilo y sin interrupciones dará importancia al momento. Al principio los padres pueden sentirse frustrados, ya que el niño no habla o no muestra confianza para hablar de esos temas que por tanto tiempo había sido tabú.

Es difícil para los padres en recuperación hablar de sus sentimientos o escuchar los sentimientos de sus hijos. A veces tomará más tiempo llegar a esta etapa con los pequeños y los padres sabrán cuándo se sienten más tranquilos para hacerlo; entre más pronto mejor.

Es raro que los niños entre cinco y nueve años verbalicen la enfermedad como un vicio o un mal hábito; a menos que lo hayan escuchado de la madre, lo repiten. Son los adolescentes y preadolescentes quienes utilizan la palabra vicio. Los niños no saben qué sucede, y es por eso que, en su fantasía, tienen sus propias respuestas.

Los niños me han enseñado cuál es su tiempo para hablar; a escuchar lo que no dicen con palabras y a encontrar, junto con sus padres, formas más sanas para enfrentar los sentimientos.