Tabaquismo en la familia ¿aliado o enemigo?

La investigación ha puesto de manifiesto que el consumo paterno es uno de los principales factores de riesgo en el inicio del hábito de fumar en los adolescentes. Este estudio es una reflexión sobre las consecuencias de la...

Tabaquismoen la familia
¿aliado o enemigo?

Gilberto Espino González*

El cigarro, en forma disfrazada de legalidad, entra al núcleo familiar, y los padres, modelos a seguir por los hijos, marcan en éstos patrones conductuales de identidad que influirán en su comportamiento durante toda la vida. Estas manifestaciones se harán presentes en el cotidiano convivio a través de constantes dobles mensajes: "Haz lo que yo como padre te digo, y no lo que hago". Por ejemplo, tenemos a los padres que ante una problemática existente toman unas copas y/o fuman, o consumen fármacos para reducir su tensión, como una forma de medicar su ansiedad y/o depresión, y que posteriormente les dicen a sus hijos que no deben de fumar cigarros o usar otras drogas, porque son malas para su salud. Como refiere el doctor. Eduardo Kalina: "Nadie es original en su patología", la familia --y posteriormente la sociedad-- son inductoras de las conductas incorrectas y enfermas que adoptamos los seres humanos, ya que la familia y la sociedad son las que enseñan al individuo a ser adicto al tabaco.

Las actitudes de los padres son particularmente relevantes, pues los hijos captan el acto de ver a sus padres fumar como un hábito positivo, al percibir al tabaco como una de las formas de enfrentarse a las tensiones de la vida, obteniendo placer y éxito.

Sabemos de algunos padres que inician a sus hijos a fumar directamente a través de solicitudes para que les enciendan un cigarro, o que les festejan cuando el niño graciosamente toma un cigarro y hace la imitación del padre al fumar, o bien les obsequian golosinas en forma de cigarrillo (chocolates). Posteriormente estos padres que al principio lo festejaban ahora ya no lo aprueban, y mandan un doble mensaje a sus hijos. En ese momento se tornan rígidos, y los hijos se vuelven inseguros al no saber qué es lo que está bien y lo que está mal. Así es como se conforma el círculo vicioso de desconfianza e inseguridades que posteriormente desembocará, entre otras cosas, en un sentimiento de baja autoestima. Para obtener mayor autoestima en su ya distorsionada manera de pensar, desean ser grandes para poder fumar sin que los padres los critiquen por algo que ellos mismos les enseñaron.

Esos padres, ahora contrariados por no tener la fuerza de desaprobar algo que ellos también realizan continuamente, al saberse también fumadores no tienen la autoridad para prohibirlo, y restringen al adolescente señalando que al menos no fume enfrente de ellos, pretextando el respeto.

El modelo de los padres es importante en las conductas de riesgo que el niño va aprendiendo, ya que posteriormente las pondrá en práctica en la sociedad. Existen investigaciones que hacen reflexionar sobre este aspecto. Por ejemplo, en una investigación realizada en la Ciudad de México en el año de 1987 en una muestra de 1 165 niños de enseñanza básica, se encontró que "alrededor del 80% de los niños tenían una información clara sobre los efectos nocivos del consumo de tabaco. Al revisar la historia del tabaquismo familiar se encontró que más de un 40% de los papás fumaban; el 20% o más de las mamás fumaban, y alrededor de otro 40% de los niños del mismo estudio contaban con algún otro familiar adulto que vivía en la misma casa y mostraba taba­quismo positivo.1 En esta misma población estudiada se encontró además que el 30% de los maestros que impartían clases también fumaban, y el 5% de los que no fumaban fumaron en un pasado."2

Este estudio hace reflexionar sobre la conducta futura de estos niños, que a pesar de que tenían un concepto claro de que el cigarrillo produce enfermedad y daño al organismo, la presión continua de los padres y la sociedad en mensajes ocultos con actitudes abiertas de disfrute en las fumadas del humo del cigarro --tanto por parte de familiares como de maestros--, crea figuras significativas en la vida del niño. Lo cual hace pensar que estos infantes, por mucha información3 que puedan tener acerca del daño a su organismo, serán posiblemente futuros fumadores por estar en un medio donde el cigarrillo es visto positivamente y forma parte de la vida cotidiana, siendo tolerado por el mismo núcleo familiar. Además del constante reforzamiento social que el fumar tendrá en sus vidas, ya que estas conductas y la manera distorsionada de pensar acerca del cigarro serán fomentadas por compañeros, y a través del tiempo por los medios publicitarios en pro del cigarrillo.

El fumar es un problema social y de salud pública porque afecta no solamente a los fumadores, sino a todos los seres humanos que conviven con un fumador. ¿Cuántos de nosotros no hemos padecido de algún problema por estar con un fumador? A través de quemaduras a personas, a los asientos del carro, en incendios forestales por arrojar cigarrillos sin apagar, accidentes de tráfico, o en otro tipo de descuidos como el de obligar a otros a inhalar los tóxicos del humo, ya que los que conviven con un fumador fuman de manera pasiva o involuntaria (fuman a pesar de que no quieren, al convivir en el hogar y/o en el lugar de trabajo con un fumador de muchos cigarrillos), provocando graves e irreversibles daños al organismo. Desafortunadamente, los que inician el hábito son más que aquellos que lo pueden dejar. Así es como aumenta el número de fumadores.

Aproximadamente mueren tres millones de personas al año en todo el mundo por enfermedades asociadas al hábito de fumar cigarrillos. Afortunadamente, a través del tiempo el cigarro ha ido dejando de ser socialmente bien visto para ser criticado por investigadores y por las personas que no fuman. Así también hay médicos y profesionales que defienden a capa y espada el que la gente no fume. Sin embargo, debemos tener en cuenta que para que una persona deje definitivamente de fumar tendrá que entender la función que este hábito tiene, encadenándose cíclicamente con patrones de su vida, y romper definitivamente con este patrón que lejos de ayudar irrumpe en la vida familiar.

Usted sin duda alguna se preguntará: ¿Para qué sirve el cigarro?, o: ¿Qué función tiene?

El cigarro cumple con algunas funciones en la familia que hacen que la gente continúe fumando.

Se sabe que la dependencia física se obtiene a través de proporcionar nicotina al cuerpo y, para aquellas personas que ya son adictas, da cierto placer (placer no auténtico, ficticio, no verdadero, como la misma droga lo es, ya que ésta significa embuste) al inhalar el humo del tabaco. Sin embargo el cigarrillo cumple con otras funciones del mantenimiento del hábito que trataré más adelante, como es el caso de la pareja que se disgusta y que ha aprendido a hacer las paces y reducir la tensión a través del rito de fumar. Pero antes de esto, quisiera exponer algunos puntos que son importantes para entender el aprendizaje y la fuerza de este hábito desde diversos puntos de vista: cognitivo-conductuales, psicoanalíticos, para luego explicar de manera sistémica el mantenimiento de este hábito en la familia.

Aprender a fumar
Una persona que ha fumado durante algún tiempo aprende a percibirse de manera diferente ante ciertas situaciones con el cigarrillo, aprende también a controlarse en situaciones tensas, ya que su manera de pensar es diferente con cigarro que sin él. En muchas de las situaciones difíciles el fumador estuvo convencido de que el cigarro lo relaja y ayuda a mantener la serenidad, a responder después y asertivamente mediante una pausa producida mientras inhala el humo del cigarro. Durante mucho tiempo se hace así, de esa forma y tan repetidamente que el mismo fumador llega a creerlo. También aprende sin darse cuenta a relajarse a través de ejercicios de tipo respiratorio al inhalar humo de manera profunda, aflojando todos sus músculos al momento de exhalarlo. Aprendió a ser estimulado y/o encontrarse en estado de alerta, a través de fumarse unos cigarrillos. Si esto es así, en momentos de tensión y/o angustia o en situaciones de aburrimiento la persona fumará para manejar sus emociones y obtener la atención o concentración, seguridad o confianza deseadas, y de acuerdo a estos estados de ánimo que en un pasado ya aprendió así, de esa forma, ¡fumando!

Formas de pensar del fumador
Explicaré algunas de las características de los pensamientos para entender la forma de pensar del fumador.

Los pensamientos son:

1) Automáticos. Llegan a nuestra mente en décimas de segundo. Son pensamientos abreviados, compuestos únicamente de las palabras esenciales, pequeñas frases sin completar o con la representación de imagen visual previa.
Ejemplo: Un muchacho joven se visualiza caminando por la playa tomado de la mano de una bella chica, la cual segundos antes había pasado frente a él.
2) Directos y específicos. Son directos, ya que llegan a nuestra mente en forma espontánea. Y específicos, debido a que solamente el pensante conoce y lo estructura de acuerdo a su idiosincrasia.
Ejemplo: Un ingeniero que teme una negativa de su jefe ante la petición de aumento de sueldo se dice a sí mismo: "Él no te lo dará", "te correrá". "Últimamente no he trabajado lo suficiente".
3) Credibilidad. Estos pensamientos son siempre valuados y creídos por la persona. Una mujer que parió a su hijo con menor peso y talla a consecuencia de haber fumado muchos cigarros durante su embarazo, puede llegar a pensar con el tiempo que los sufrimientos en la esperanza de vida en el nacimiento, así como el poco peso y talla provocados en su hijo, son un castigo de fuerzas divinas.
4) Espontáneos. Estos pensamientos son automáticos, llegan a nuestra mente instantáneamente, en décimas de segundo. Pueden ser claros o difusos, algunos pueden presentarse en forma de imágenes en nuestra mente, otros pueden aparecer en forma de frases entrecortadas, siempre como diciéndonos algo a nosotros mismos. Por ejemplo, al tener que llegar a una determinada cita, si nos retrasamos decimos: "Ya se me hizo tarde...", "Chispas, ya la re...", etcétera.
5) Tienden a la perfección. Siempre van acompañados con un fondo de un debería, tendría, o tengo que, como buscando la perfección de los hechos que uno realiza (lastimándonos por no encontrar esa perfección, ya que no existe y nos encerramos en un círculo vicioso de fumar por no sentirnos a gusto).
6) Catastróficos. Tienden a plantear situaciones en forma fatalista, siempre generan la actitud de esperar lo trágico.
7) Idiosincráticos. Son establecidos de acuerdo a experiencias personales, según un contexto social determinado.
8) Difíciles de detener. Una vez echados a andar siguen un proceso que tiene una finalidad, un beneficio (para mantener el patrón circular dentro de la familia con un fin específico de manera sistémica).4
9) Son aprendidos. Los pensamientos son aprendidos y por lo tanto deformados a través del tiempo, y reestructurados a nuestra conveniencia para dar un sentido y significado a nuestra forma de comportarnos y seguir funcionando socialmente.5

Abuso del tabaco en la familia
Hasta aquí se ha destacado la importancia que tiene la adicción al tabaco; sin embargo, cabe señalar también el abuso del tabaco como fenómeno familiar. Y la pregunta que nos debemos hacer es: ¿En qué difieren estas familias de otras, y por qué se escoge este síntoma, y qué función tiene

Se sabe que existe una mayor propensión a fumar cigarrillos por parte de familias multigeneracionales con otras adicciones, como serían los juegos de azar, ver televisión, comer en exceso, etcétera. Tales prácticas configuran un modelo para los hijos y pueden convertirse en tradiciones familiares.

La relación de la familia de los fumadores empedernidos pasa por dobles mensajes: "No debo fumar porque me hace daño", "pero no dejo de fumar porque no puedo". Y así se le comunica al hijo: "No fumes porque te hace daño", "pero veme cómo lo disfruto".

Las relaciones en la familia de un adicto se dan de manera ficticia, el hijo fumador ya no cree en lo que le dicen sus padres, ya que al igual toman y fuman en exceso, no existen límites claros; existen vacíos, soledad, intranquilidad, algunas formas de sustitución para llenar ese vacío a través de excesos en la comida, en la bebida, en el juego, o en una exagerada dedicación hacia el trabajo (adicción al trabajo) con eternas racionalizaciones. Tomar anfetaminas para trabajar con energía y estar atento, o fumar desde temprano para planear el día de trabajo, o una copita para relajarse posterior al trabajo.

Desde muy niño, el hijo vio a su madre tomar unas pastillas para amortiguar el dolor o para tranquilizarse, observó al padre que para relajarse requiere de unas copas, y que ambos en todas las situaciones, en reuniones, después de la comida, en la lectura, viendo televisión, para relajarse o para estimularse, por la mañana durante el aseo personal, hasta para ir al baño y en todo momento, a cada hora desde que tiene conocimiento requieren de un cigarro: "Algo les hace falta".

Debemos de tomar en cuenta que los adictos hacen una reproducción del núcleo familiar originario, con roles y patrones de interacción similares a los vistos en éste.

A diferencia de otras familias, las familias de fumadores empedernidos utilizan constantemente la negación, los dobles mensajes ambivalentes con un "Te digo que no lo hagas, aunque yo lo hago", "Quiero dejar de fumar pero no puedo", "Hazme caso, pero no me lo hagas", donde predomina la acción más que el lenguaje, la manipulación, el modelo de cómo fumar, elementos que configurarán en el hijo o los hijos sentimientos de depresión, abandono y soledad, creyendo falsamente a través del cigarro encontrar al compañero, al amigo. A través de la nicotina, esta droga los transportará y les hará creer en una integridad e identidad: "Yo soy como él" (recordar los anuncios publicitarios de tabaco).

A diferencia de los adictos a otras drogas y/o otros trastornos psicológicos severos, los fumadores empedernidos tienden más a anhelar la independencia, ya que éstos tienen la facilidad de relacionarse con personas tanto fumadoras como no fumadoras, ya que el cigarrillo, así como el alcohol (aunque más el cigarrillo que las bebidas alcohólicas), es menos estigma­tizado socialmente y más tolerado por la sociedad.

Las familias de fumadores tienden a la evitación del conflicto, ya que el fumar cigarrillos reduce la tensión familiar y pospone aunque no resuelve el conflicto.

Al parecer por mi experiencia clínica, los adictos a fumar cigarrillos tienden más a tener alianzas familiares con la madre, que no son reconocidas por éstos y posteriormente se hacen evidentes en la terapéutica familiar. Por lo regular, tratan de dar un aire de independencia y autosuficiencia que no se tiene, y existe el temor de ser reconocido en cuanto a ciertas inseguri­dades que quedan ocultas a través del humo.

Además del placer inmediato que reciben los fumadores al inhalar el humo, el tabaco ofrece a la familia una resolución paradójica de su dilema de mantenerse o disolverse. Todo esto tendrá que ver en un aspecto individual farmacológico, de contexto social al respecto de fumar.

En varios matrimonios ambos cónyuges son fumadores, aunque al principio sólo uno de éstos lo sea.

Pero ¿qué función tiene el cigarro en la familia para que este hábito se mantenga?

En los adictos a otras drogas hay un intento de huir hacia el matrimonio. A menudo existe una considerable atracción o aliento para regresar a casa de sus padres; por lo regular, suelen regresar derrotados.6

Por lo general los fumadores padecen de una gran ansiedad, y sienten que el cigarro les da tranquilidad; son personas dependientes, con apariencia de seguridad y confianza. Algunos sufren grandes depresiones y a menudo se derrumban cuando no alcanzan inmediatamente sus metas. Aunque muchos son activos en las tareas que emprenden, requieren de protección. Esto se hace evidente al intentar abandonar el hábito de fumar.

En el trabajo con familias es notorio que cuando el adicto a alguna droga (alcohol o tabaco) comienza a triunfar, ya sea en un programa de tratamiento para dejar de fumar, para dejar la bebida, o logra un ascenso en el trabajo y comienza a ser más asertivo en sus decisiones, encaminándose en cierto modo al abandono de la familia, ocurre un suceso; una crisis familiar, por lo regular riñas de los padres o una posible separación de la pareja, o un hermano, o el hijo que no llegó a dormir a casa en algunas noches, o diversos síntomas de alguno de los padres, etcétera. El que había entrado en tratamiento en algún programa para dejar de fumar recae en su hábito, y cabe señalar que no sólo el adicto al tabaco teme separarse de su familia, sino que la familia siente el mismo temor que él. El fracaso tiene una función protectora para asegurarle a la familia que no se irá.7

Como usted podrá darse cuenta esta conducta es un proceso independiente, y el fracaso tiene una función protectora para mantener la homeostasis familiar.8

Si dentro de la familia el hijo adicto al alcohol u otras drogas, entre ellas el tabaco, responde a un programa positivamente, otro miembro de la familia lo asumirá. Por ejemplo el caso del padre con enfisema, quien no deja de fumar tras la recuperación del hijo adicto.

Cabe señalar que el enfisema pulmonar, para mi gusto, es una de las enfermedades producidas por fumar de mayor dolor humano, más que el mismo cáncer, ya que tiene una duración más prolongada y la agonía no solamente impacta al que la padece, sino que existe un total cambio en la estructura familiar, con altos costos y desgaste emocional en el entorno del enfermo.

Existe el peligro latente de que niños parentales (niños que hagan el rol de alguno de sus padres) contraigan síntomas cuando se descargan sobre sus hombros responsabilidades superiores a lo que pueden cargar, o no se les dé la autoridad que les permita ponerlas en práctica. Estos niños parentales quedan a merced de dos fuegos. Se sienten excluidos del contexto de los hermanos, pero no siendo aceptados por la familia, tienen dificultad en la socialización de los hermanos, y quedan excluidos de los cuidados tiernos que los más pequeños necesitan.

Suponiendo que el enfermo de enfisema es el padre, el hijo mayor será el que tenga que hacer las funciones de éste y en él recaerá toda la problemática familiar (con todos los beneficios que esto implica, como ordenar, tener poder de decisión, etcétera). Y dependiendo de la edad, éste no cumplirá adecuadamente el rol asignado, ya que la falta de experiencia y la sobreexigencia que esto implica, al llevar a cabo un castigo y/o poner límites rígidos o ser demasiado flexibles, provocará al paso del tiempo algún síntoma en éste y/o en la familia.

Notas
* Licenciado en Psicología egresado de la UNAM. Formación como Tabacólogo y como Terapeuta familiar y de pareja.
1. El autor se refiere al término de tabaquismo positivo como la presencia de fumadores.
2. Citado por Puente Silva en "Estrategias Preventivas Frente al Tabaquismo. Implicaciones para el Año 2000". Ponencia en el II Congreso Mundial Vasco por el Comité Mexicano para el Estudio y Control del Tabaquismo (COMECTA).
3. El tener información acerca de los posibles daños que puede provocar el fumar cigarros, no garantiza que la persona no fume o no llegue a fumar. Ver encuesta realizada en el Hospital General de México de SS.
4. Benjamín Domínguez, Manual de ejercicios en técnicas de reestructuración cognoscitiva, 22 de marzo de 1984. Adaptación y actualización del libro Sobrevivencia psicológica (en prensa).
5. Ibid.
6. Citado por M.D. Stanton, T. Todd et al., Terapia familiar del abuso y adicción a las drogas, Gedisa, Barcelona, 1990.
7. Ver características del pensamiento No. 8.
8. Homeostasis, concepto acuñado por Jackson a la terapia familiar para designar estabilidad y resguardar el sistema.

Bibliografía
Domínguez, Benjamín, Manual de ejercicios en técnicas de reestructuración cognoscitiva, 22 de marzo de 1984.
Espino, Gilberto, "Estilo de pensamiento en el fumador". Ponencia presentada en el Congreso Mundial de Salud Mental, 20 de agosto de 1991, Ciudad de México.
Freidberg, A., Un enfoque humanista a la terapia de la pareja, Editorial Lima, México, 1985.
Hoffman, Lynn, Fundamentos de la terapia familiar. Un marco conceptual para el cambio de sistemas, Fondo de Cultura Económica, México, 1987.
Kalina, E., Temas de drogadicción, Nueva Visión (Colección Villa Guadalupe), Buenos Aires, 1987.
Kalina, E./C.D. Pierini, La familia del adicto y otros temas, Nueva Visión (Colección Villa Guadalupe), Buenos Aires, 1990.
Mahoney, J.M., Cognición y modificación de conducta, Trillas, México, 1983.
Puente Silva, F.G., "Estrategias preventivas frente al tabaquismo. Implicaciones para el año 2000". Ponencia presentada en el II Congreso Mundial Vasco por el Comité Mexicano para el Estudio y Control del Tabaquismo (COMECTA).
Ramírez, M. E./E. González/A. Ocampo/S. Sánchez/R. Cicero, Hábito tabáquico entre trabajadores de un Hospital General. Informe de una encuesta, Gaceta Médica de México n. 3, vol. 127, mayo-junio de 1991.
Stanton, M.D./T. Todd et al., Terapia familiar del abuso y adicción a las drogas, Gedisa, Barcelona, 1990.

 

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