El cigarro: una muleta para parlíticos emocionales

Actualmente el tabaco es una de las sustancias tóxicas de mayor consumo, debido a la permisividad social de su uso y a los intereses económicos de las compañías tabacaleras. De acuerdo con el autor, su éxito puede...

El cigarro: una muleta para paralíticos emocionales

Alejandro Casillas del Moral

Cuéntase que en una oportunidad en que el Profeta paseaba, encontró en el camino una serpiente que moría de frío, por lo cual, con gran bondad y compasión, la recogió del suelo, y la llevó a su pecho para darle calor. La serpiente al recuperarse lo miró con ira y enfurecida le dijo: 'Tu raza ha perseguido a los míos y yo he jurado a Alá que me vengaré'. El Profeta, estupefacto, le preguntó: '¿Cómo puedes ser tan ingrata?', a lo cual la serpiente replicó: 'La gratitud no existe sobre la tierra'. Seguidamente la serpiente mordió al Profeta, quien rápidamente succionó el veneno de la herida, arrojándolo a la tierra del camino. Allí nació una planta, el tabaco, que según la leyenda, combina en ella la compasión del Profeta con el veneno de la serpiente.

A. Cotte,
Citado por E. Kalina, Temas de drogadicción

 

El DSM III R (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) establece los siguientes criterios para diagnosticar clínicamente la dependencia al tabaco:

A: Uso continuo de tabaco durante un mes como mínimo.
B: Uno de los siguientes ítems como mínimo:

1) Intentos sin éxito de dejar de fumar o de reducir la cantidad de tabaco fumado de forma regular;
2) Los intentos de dejar de fumar conducen al desarrollo de la abstinencia del tabaco;
3) El sujeto continúa el uso del tabaco, a pesar de que sabe que ello exacerba un grave trastorno físico (por ejemplo, enfermedad respiratoria o cardiovascular).

El tabaco es, en nuestros días, una de las sustancias tóxicas a las que más expectativas inconscientes se le depositan debido, posiblemente, a los intereses económicos de las industrias tabacaleras y a la permisividad social para su uso. El éxito de su consumo se fundamenta en que cumple la función de placebo (o engaño) emocional que ayuda a sobrellevar la vida.

El ser humano, como parte integrante de la naturaleza, está sujeto a las mismas fuerzas que gobiernan a ésta: la vida y la muerte. Ambas fuerzas nos constituyen como individuos y el manejo de las mismas tiene una consecuencia indudable sobre nuestra personalidad.

Fumar, todos lo sabemos, es un acto autodestructivo, ya que sus consecuencias físicas están comprobadas; sin embargo existe un gran número de fumadores a pesar de la información sobre el daño que esta acción provoca.

Es común observar que durante el velorio de alguien que murió por cáncer pulmonar a consecuencia de su tabaquismo, los asistentes e incluso los deudos más cercanos al difunto fuman, ignorando las consecuencias más evidentes de su adicción en ese momento.

La acción de fumar es, en esa circunstancia, un proceso de identificación con el difunto y además un consuelo que va más allá del instinto de muerte.

El hombre lucha desde el primer momento de su existencia contra la muerte, su vida está matizada por la forma en la que rehúye de ésta o lucha contra ese acto inevitable con el que terminan sus días. Sin embargo, en su lucha no siempre está aliado con actividades de vida, a veces elige actividades autodestructivas como su manera de vivir o, más bien, de sobrevivir a la muerte. Cualquier adicción es un intento de sobrevivir a determinadas circunstancias y el tabaquismo es una de tantas adicciones.

Desde el terreno psicoanalítico observamos que el fumador presenta fijaciones en la etapa oral de su vida. Esta etapa se inicia con el nacimiento y prevalece aproximadamente dos años, durante los cuales el niño introduce cosas a su boca y de esa manera las conoce. Además de cosas u objetos, el bebé es alimentado a través de su cavidad oral de tal manera que su energía vital está depositada en dicho órgano para alimentarse, crecer y conocer el mundo.

La actividad de mamar o succionar, además de ser un reflejo innato, integra también a las emociones. Cuando el bebé toma su leche, también está ingiriendo y succionando el afecto con el que es alimentado.

Desde este contexto, fumar es una actividad oral que además de cumplir con los requerimientos físicos de nicotina en el organismo, cumple funciones emocionales para el fumador al que podría compararse con un bebé adherido con su boca al chupón o al pezón, satisfaciendo necesidades emocionales de antaño. Así como el niño que hace berrinches y se tranquiliza sólo con el chupón en la boca, el cigarro cumple con la misma función en el adulto.

El cigarro además emite humo caliente que a su paso por el esófago evoca sensaciones pasadas, como las del paso por dicho conducto de la leche tibia con que se fue alimentando al inicio de la vida.

El fumador es entonces un paralítico emocional que requiere del cigarro como una muleta para compensar sus deficiencias y carencias psíquicas. El placer que obtiene al fumar es la sustitución de un placer afectivo anhelado.

El cigarro se constituye en un regulador de la homeostasis (equilibrio) emocional del fumador. Aunque al inicio la actividad de fumar marea, el hombre hace un gran esfuerzo por superar este malestar pues su propósito inconsciente al fumar trasciende a las consecuencias físicas.

Es probable que el que se inicia en el tabaquismo requiera identificarse con una figura admirada a través del fumar. En este rubro la publicidad tiene un papel fundamental. También es posible que su motivación inconsciente para fumar esté fundamentada en la aceptación de su grupo de compañeros de escuela, amigos, etcétera. A medida que pasa el tiempo y que el organismo va adquiriendo tolerancia a la nicotina, el iniciado va aumentando su necesidad de fumar y la asocia, paulatinamente, con otras actividades que también le provocan placer. Las tres principales actividades con las que se asocia el cigarro son: disfrutar un cigarro después de comer, al ir al baño o después del acto sexual.

La succión del humo funciona en muchas ocasiones como una fuerza que impide la expresión libre de la agresión. Es común observar que cuando alguna persona está peleando o posterior a la bronca, encienda un cigarro para tranquilizarse o no hablar de más. El cigarro es el mejor compañero del enojo, también lo es de la tristeza y de la alegría; cumple, pues, la función de acompañar al fumador, quien además goza del privilegio de poseer entre sus dedos una brasa de lumbre, es el tenedor de una importantísima necesidad ancestral de supervivencia: el fuego. Ésta es una ganancia inconsciente que se vincula, paradójica­mente, con la histórica lucha del hombre por su supervivencia.

Sin embargo fumar es en sí misma una actividad de muerte, y es una actividad de muerte porque detiene, al introducir el humo al cuerpo, el proceso emocional del individuo y por sus ya múlti­ples veces publicadas, consecuencias negativas para el organismo.

Pero el hombre cada vez más creído en su dominio de la naturaleza, ha tomado al tabaco como un instrumento para desafiar a su propia muerte, negando la existencia de su cuerpo como poseedor de sus pensamientos y emociones, y esta negación de muerte lleva al fumador a enfrentarse con mayor rapidez al acto inevitable de morir.

La muleta que constituye el cigarro es un instrumento que se hace imprescindible para la vida del fumador y acrecienta la inhabilitación emocional del mismo, ya que lo convierte en un perezoso emocional porque sus emociones dejan de ser usadas al estar encapsuladas en una fuerte capa de nicotina.

Nota
Psicólogo, Terapeuta en adicciones en distintas instituciones privadas, escritor y director de obras de teatro sobre adicción y coadicción como "Tejido sin fin". Entrenamiento en psicoterapia analítica y actualmente entrenamiento en dirección de técnicas dramáticas.

Bibliografía
Kalina, Eduardo, Temas de drogadicción, Nueva Visión (Colección Villa Guadalupe), Buenos Aires, 1987.
Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM III R), Masson, Barcelona, 1990.

 

 ¡Llámenos!

(55) 5008 1709


Calle Molinos núm. 20 Int. 8

Colonia Mixcoac
Delegación Benito Juárez. CP 03910
Ciudad de México. México

©2016 Liberaddictus AC

Search