El tabaquismo como fenómeno adictivo

Actualmente el consumo de tabaco es considerado un fenómeno epidémico, debido entre otras razones porque este es uno de los productos más lucrativos del mercado. A mediados del presente siglo, se pensaba que...

El tabaquismo como fenómeno adictivo

Martha Díaz Santos*

Breve antecedente
El tabaco (nicotina tabacum) es una planta originaria de América, cuyo uso se ha extendido universalmente, en especial en el curso de este siglo. Durante el periodo precolombino, el tabaco era utilizado con fines religiosos, como un medio de reafirmar el poder espiritual.

Posterior al descubrimiento de América, en 1518 el tabaco fue llevado a España y de ahí su uso se extendió a toda Europa, hasta hacerse generalizado a fines del siglo XIX. Quinientos años después del encuentro de las culturas americana y europea el desarrollo del "consumo hedonístico del tabaco" lo ha transformado en uno de los productos de consumo más lucrativos debido a factores de orden social, cultural y comercial.

El tabaquismo moderno adquiere fuerza entre los años treinta y los cincuenta. Con la segunda guerra mundial las mujeres ingresan al medio laboral, se desarrollan los medios masivos de comunicación y se conforman los consorcios internacionales del tabaco, dando por resultado el fenómeno denominado tabaquismo epidémico.

En este periodo, la mayoría de las personas fumaban. Los antiguos escrúpulos desaparecieron. Se pensaba que fumar era un hábito inocente, una conducta un poco adictiva pero no mucho, que no era lo más saludable para el aparato respiratorio, pero que tampoco representaba un riesgo terrible.

Así, el tabaquismo se convirtió en un fenómeno de grandes proporciones que tomó por sorpresa a la humanidad de este siglo, en relación con la fuerte adictividad que produce la nicotina y con los efectos nocivos que tiene sobre la salud.

Sus repercusiones físicas
La nicotina es la responsable del bienestar psicológico, de la dependencia física y de los fenómenos asociados de tolerancia y habituación.

Además de la nicotina, en el humo del tabaco se han identificado más de tres mil compuestos diferentes, de los cuales los más importantes son: a] alquitranes, en los cuales se han encontrado cuarenta y siete sustancias carcinogénas y b] el monóxido de carbono, que produce hipoxia tisular y se relaciona con la arteriosclerosis, uno de los principales factores que desencadenan infartos en el miocardio.

Son muchos más los daños a la salud con que se encuentra relacionado el consumo de tabaco. Se han acumulado pruebas experimentales, epidemiológicas y clínicas que apoyan la asociación entre tabaquismo y morbimortalidad. La relación de la mortalidad para adultos fumadores contra adultos no fumadores, es de casi uno a siete. Esta relación aumenta con la cantidad fumada y es directamente proporcional a la duración del tabaquismo. En suma, los efectos del tabaquismo sobre la esperanza de vida dan por resultado que ésta disminuya de manera significativa.

Además de influir en la mortalidad, el tabaquismo es causa de mayor morbilidad. Tanto en hombres como en mujeres fumadores se reportan más afecciones agudas y crónicas, así como diversas enfermedades relacionadas con las alteraciones en vías respiratorias, como son bronquitis crónica, disnea, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y el enfisema pulmonar, entre otras. Esta última, es una de las consecuencias más graves del tabaquismo en el aparato respiratorio por ser una enfermedad irreversible, progresiva e incapacitante.

Otra causa importante en la morbimortalidad es el cáncer pulmonar. Se estima que en el 90 por ciento de los casos este tipo de cáncer está relacionado con el consumo de tabaco. Otros tipos de cáncer que se presentan asociados al tabaquismo son: de laringe, boca, esófago, vejiga y páncreas.

Una consideración importante es que las sustancias generadas por la combustión del tabaco no sólo afectan a los fumadores, sino también a quienes los rodean, aunque estas personas no fumen. Los fumadores exponen así a un mayor riesgo de enfermedades a quienes conviven con ellos en sus hogares, o a quienes están obligados a compartir el ambiente de trabajo o lugares cerrados de uso público.

Las muertes relacionadas con el uso de tabaco han alcanzado proporciones epidémicas en muchas regiones del mundo. Actualmente el tabaco causa por lo menos tres millones de muertes al año a nivel mundial y alrededor de un millón de esas muertes se producen en países en desarrollo. De continuar las actuales tendencias de consumo, en el transcurso de tres décadas la generación actual de jóvenes que están iniciando el consumo de tabaco alcanzará la edad madura y el número de esas muertes podría llegar a los diez millones cada año. El total de muertes prematuras atribuibles al tabaquismo podría alcanzar en ese entonces la increíble cifra de quinientos millones.

En lo psicológico
Los daños a la salud causados por el tabaquismo han sido ampliamente difundidos desde hace varios años, sin embargo cada día ingresan nuevos jóvenes a la lista de consumidores de tabaco y quienes fuman continúan haciéndolo en un alto porcentaje. Ante esta problemática, la pregunta que surge es: ¿Por qué se fuma?

Desde el punto de vista conductual, el hábito tabáquico es una conexión aprendida o condicionada, entre una secuencia estímulo-respuesta y un reforzador. En este sentido, la adicción al tabaco, expresada por la necesidad compulsiva de consumirlo y la dificultad de abandonarlo, fue incluida por primera vez en la Clasificación de Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana en 1980. De esta manera, fumar tabaco es también un tipo de farmacodependencia, cuyos efectos son tan potentes como los producidos por otras drogas que causan adicción; de hecho, la mayoría de los individuos que empiezan a fumar se vuelven dependientes.

En este sentido, es importante considerar la psicopatología implicada en esta problemática, la cual comprende tres aspectos fundamentales: la motivación para fumar, el reforzamiento social del problema y la personalidad del fumador.

En cuanto a la motivación, se sabe que en la gran mayoría de los casos la iniciación al tabaquismo ocurre en la adolescencia, debido en parte a complejos fenómenos de aprendizaje y, sobre todo, a que la adolescencia es un periodo de transición con importantes cambios físicos y conductuales, que agravan el problema y que son predisponentes al consumo de tabaco. El niño fuma por imitación, porque ve fumar a sus padres y a las personas mayores y desea parecerse a ellos. Se ha demostrado que es más probable que un adolescente fume si sus padres lo hacen. Otro tipo de motivaciones en la adolescencia son: curiosidad, deseo de aceptación, deseo de parecer adultos, rebeldía e imitación. La dependencia hacia la familia se transfiere hacia jóvenes iguales a ellos, quienes les proporcionan la oportunidad de experimentar con una gran variedad de conductas sociales, que son aceptadas y reforzadas por sus iguales y a través de las cuales logran expresar su independencia e individuación.

Posteriormente, el fumar le permite al sujeto "reducir la tensión", observándose una relación causal entre el incremento del consumo de cigarrillos por día, de acuerdo a las condiciones de estrés y tensión del sujeto. Asimismo, fumar se relaciona con situaciones placenteras como son reuniones sociales, periodos de relajamiento etcétera, o bien se fuma por habituación, en donde esta conducta se presenta de manera automática sin que exista un interés especial en hacerlo.

Otro punto importante es la presencia de ciertos aspectos de la personalidad que son comunes a los fumadores, como puede ser en el Tipo A descrito por Friedman y Rosenman, en el cual la prisa, la competitividad y la agresión sobrecontrolada cognoscitivamente facilitan por su estado de tensión psíquica el recurrir al tabaco como una medida de reducción aparente de la tensión. Todos estos elementos motivacionales, sociales y personales, se conjugan desde el inicio del problema durante la adolescencia hasta alcanzar el consumo habitual de tabaco, agregándose a ello el impacto de la propaganda comercial que refuerza estos aspectos, al asociar el acto de fumar con estímulos tales como el incremento ficticio de status social, de madurez y de atractivo sexual.

El tabaquismo como dependencia
Como se puede observar, hay muchos motivos para fumar: si estamos ansiosos, si estamos tranquilos, si estamos contentos o deprimidos, cualquier ocasión es buena, pero sea cual sea la motivación, con el tiempo el fumador se volverá dependiente al tabaco. Esta dependencia puede ser de dos tipos, que con frecuencia se presentan juntos: dependencia física y dependencia psicológica.

La dependencia física es un estado de adaptación biológica de un organismo que necesita la presencia de una sustancia --en este caso, la nicotina-- para seguir funcionando normalmente. El retiro de su consumo desencadena el síndrome de abstinencia que se caracteriza por trastornos más o menos intensos, como son: el deseo compulsivo de fumar, tensión, irritabilidad, insomnio, dificultad para concentrarse, disminución del pulso, baja de la presión arterial, etcétera.

La dependencia psicológica se manifiesta cuando una droga --en este caso, la nicotina contenida en el tabaco--, se consume de manera compulsiva aunque no exista dependencia física, y al suprimirla, se siente la necesidad imperiosa de volverla a consumir. La dependencia psicológica es difícil de combatir, ya que se asocia con situaciones gratificantes o relajantes, o bien con aspectos de la vida cotidiana. Las estadísticas señalan que tres de cada cuatro fumadores han deseado dejar de fumar alguna vez en su vida, pero sólo lo logra un 15 por ciento antes de cumplir sesenta años, por lo que se puede inferir que muchas personas siguen fumando no porque así lo deseen, sino porque no pueden abandonar el hábito, ya sea por motivos físicos, psicológicos, o por ambos.

En nuestro país, el paso más decisivo para disminuir el hábito tabáquico se dio en 1986 con la elaboración del Programa Contra el Tabaquismo, enmarcado en la Ley General de Salud, y posteriormente con la creación del Consejo Nacional Contra las Adicciones. El objetivo general de este Programa es el disminuir el tabaquismo, los daños y riesgos a la salud y problemas económicos y sociales relacionados con su consumo.

En México ya se cuenta con recursos para atender al enfermo adicto al tabaco; sin embargo, se debe crear un mayor número de clínicas de atención al tabaquismo, con un abordaje interdisci­plinario que abarque el aspecto médico y psicológico de esta adicción, a través de diversas técnicas.

La prevención debe contemplarse como la prioridad más alta, desarrollando y utilizando medidas que eviten el comienzo en el consumo de tabaco.

La Organización Panamericana de la Salud reconoce que queda mucho por hacer para llegar a la meta de un mundo libre de tabaco. El personal de salud debe ser modelo para prevenir esta adicción y asegurar que todo centro de salud sea un ambiente libre de humo, inclusive el consultorio privado.

Deben promover el reconocimiento de los fenómenos adictivos como enfermedades que requieren atención profesional y científica, especial y diferente.

Nota
La Doctora Martha Díaz Santos es egresada de la Facultad de psicología de la unam con Maestría en Psicología Clínica y especialidad en Psicoterapia de Grupo en Instituciones.
Actualmente labora en el Consejo Nacional Contra las Adicciones, como Subdirectora de Coordinación Sectorial.

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