Testimonio 23

Te quiero comentar algunas cosas de mi experiencia personal. Yo descubrí hace algunos meses que padezco una enfermedad y me gustaría platicarte ciertas cosas que he aprendido sobre ella. Cuando una persona común y corriente se siente incómoda consigo misma, por algo que siente que no está bien, hace algo por resolver el problema para de esa forma eliminar el malestar que sufre.

Testimonio de Antonio P.

A José Luis:

Te quiero comentar algunas cosas de mi experiencia personal. Yo descubrí hace algunos meses que padezco una enfermedad y me gustaría platicarte ciertas cosas que he aprendido sobre ella. Cuando una persona común y corriente se siente incómoda consigo misma, por algo que siente que no está bien, hace algo por resolver el problema para de esa forma eliminar el malestar que sufre.

Enfrentando sus problemas y solucionándolos es como esa persona va madurando y creciendo emocionalmente. A una persona común y corriente el alcohol no le alivia los síntomas de angustia, estrés, malestar, etcétera. Pero para alguien con mi química cerebral, el alcohol hace que desaparezca mi malestar sin necesidad de enfrentar mi realidad.

El alcohol me hacía olvidar que yo iba reprobado en la escuela, que soy muy mediocre en mi trabajo, que soy flojo. Me quitaba lo tímido con las mujeres, me ayudaba a relacionarme con otras personas, a divertirme en las fiestas, a tranquilizarme. Esta situación ocasionó que yo fuera inmaduro emocionalmente, que mi grado de desarrollo en ese aspecto fuera el de un adolescente.

Eso me sucedió sin darme cuenta desde que empecé muy joven a beber. Mi primer descubrimiento cuando dejé de beber fue que el alcohol no me había dejado crecer y me lo seguía impidiendo. Se presentó otra complicación, mi cuerpo sintetiza el alcohol de una manera diferente que el de una persona común y corriente.

El cuerpo de un alcohólico procesa parte del alcohol en una droga muy fuerte que me da plenitud (el relajarme, olvidarme de mis problemas, sentir que no me cambio por nadie, sentirme muy satisfecho), que normalmente es difícil que sienta sin alcohol, pero que tiene tres efectos muy negativos: crea compulsión, sentimiento de culpabilidad y cambios dramáticos en la conducta.

Esta situación es la que crea la trampa para el alcohólico, un círculo vicioso. O sea que soy alérgico a la sustancia que me hace sentir bien. Con el tiempo mi conducta empieza a generarme problemas, pero mi cerebro se da cuenta que yo no tengo la capacidad de enfrentar mi vida y que necesito el alcohol para anestesiar mi conciencia y así poderme soportar a mí mismo. En ese momento mi subconsciente me pide: "¡No me quites el alcohol! Es la única defensa que tengo contra el mundo exterior". Y para que yo no le quite el alcohol me empieza a engañar: "yo no soy alcohólico ni tengo problemas como los otros compañeros del grupo".

"Ellos están peor, yo puedo controlar mi manera de beber. Si bebo más despacio, procuro comer bien, no mezclo bebidas, me pongo un número límite... Tú ayer no estabas tan mal, todos exageran, tú puedes manejar, todos en la fiesta habían tomado mucho, yo no me separé mucho del promedio, tus problemas no se deben al alcohol", etcétera. Eso da origen a la negación, que es una de las principales características de un alcohólico. Entre mayor es el problema que uno tiene con el alcohol, mayor será la negación.

Es un mecanismo de defensa en todo ser humano, pero que al alcohólico lo saca de la realidad y le impide darse cuenta de que su forma de beber no es normal y del grado de problemas que la bebida le está ocasionando. Cuando un día le dices al cerebro: "oye, ayer realmente hice unas burradas terribles", o simplemente le dices: "esta forma de tomar ya no es normal, ya no me puedes seguir engañando", éste para defenderse saca otro recurso: la laguna mental. El alcoholismo es una enfermedad de las emociones.

Una característica muy importante de mi inmadurez es mi soberbia. Esta no me permite aceptarme como soy y poder mejorar. Generalmente hace que yo me duerma en mis laureles y no tenga mayor acción. Empiezo a creer las historias de mi grandeza que me cuento a mí ya los demás. Debajo de esas historias lo que hay es miedo. La soberbia es la expresión de nuestros más profundos temores en sentido contrario. Por ejemplo, si yo me siento inseguro por no ser muy inteligente o muy capaz, voy a expresarle a los demás exactamente lo contrario. Voy a vociferar a los cuatro vientos que yo soy un superhombre. Por eso cuando veas a alguien decir: "yo soy muy fregón", lo que realmente está diciendo es: "por favor no veas que soy un mediocre, voltea para otro lado y mejor mira esta imagen que es lo que quiero que pienses de mi".

Pero si no me doy cuenta de esto, lo que me sucede es que yo me quedo muy tranquilo y satisfecho con la imagen de superhombre que forjé en mi inmadurez, y eso me impide mejorar.

Otra característica muy común en un alcohólico, y muy arraigada en mí, es el ser necio, por mi soberbia. Independientemente del tema del que estemos hablando me siento dueño de la verdad, ya sea política, economía, religión o fútbol.

Para explicarte uno de los elementos que me hicieron darme cuenta que soy alcohólico, te voy a poner un ejemplo: "Imagínate que una persona tiene gastritis y el médico le prohíbe el chile".

Lo sigue comiendo y: se sigue enfermando cada vez más. Le da una úlcera y lo sigue comiendo. Le tienen que quitar parte del estómago y vuelve a comer chile. Eso es una situación anormal, igual ocurre con el alcohol si uno insiste en seguirlo consumiendo pese a tener problemas por ello.

Cuando a mí me dan ganas de beber, cuando empiezo a pensar que yo no estoy tan mal como otros compañeros del grupo, que muchas veces yo controlo mis tragos, inmediatamente recuerdo que esta es una enfermedad progresiva y que beber sólo me va a acercar a un punto en que mis problemas van a ser más serios. Que mientras más graves sean mis problemas más difícil me va a ser reconocerlos, que mi compulsión va a aumentar cada vez, que cada vez voy a tener menor control sobre mis actos y que mi calidad de vida va a ir disminuyendo inevitablemente.

El problema del alcohólico no es el alcohol. Este es sólo un síntoma de que algo anda mal. Si alguien necesita meterse alcohol para poder funcionar, evidentemente tiene problemas.

Dejar de beber es sólo el inicio, después uno tiene que aprender a vivir sin alcohol, tiene que madurar y aprender a gobernar su vida. Pero nada se puede lograr sin antes haber dejado la bebida. El dejar de beber es sólo el primer paso de la recuperación, pero si no dejo de beber no hay ni la más pequeña de las esperanzas de salir adelante en la vida aunque mi soberbia me haga sentir que soy un triunfador.

Yo me di cuenta que si sigo bebiendo jamás me desarrollaré en el campo espiritual, emocional, intelectual, familiar y físico, aunque me quiera engañar a mí mismo con mis delirios de grandeza.

Por último te quiero comentar que sólo rompo mi anonimato cuando creo que puedo ayudar a alguien que posiblemente pueda tener el mismo problema que yo. Es un regalo que te hago a ti. Por mis compañeros, por mí, por otros alcohólicos para los cuales yo podría ser un mal ejemplo y alejarlos de la posibilidad de entrar a AA, te pido que guardes mi anonimato. Pero sobre todo por Mercedes y María Fernanda.

 

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