Testimonio 22

¡Hola! Me gustaría llamarme Verde, así, sin género ni santo, sin número ni edad. Con este nombre se puede identificar un espíritu y quiero llamarme así porque soy homosexual y padezco una perversa enfermedad del alma, la enfermedad del alcoholismo.
Llegué a Alcohólicos Anónimos con intentos de suicidio, sin trabajo, ni pareja, me había dejado para casarse,

Testimonio de Verde

¡Hola! Me gustaría llamarme Verde, así, sin género ni santo, sin número ni edad. Con este nombre se puede identificar un espíritu y quiero llamarme así porque soy homosexual y padezco una perversa enfermedad del alma, la enfermedad del alcoholismo.

Llegué a Alcohólicos Anónimos con intentos de suicidio, sin trabajo, ni pareja, me había dejado para casarse, mi mamá me había corrido de su casa y mis hermanos me miraban con compasión y vergüenza, sentía una gran soledad y un gran hastío de vivir. El primer regalo que me dan en mi junta de información es un sentimiento que dejé tirado por muchos años y que se llama esperanza, por comenzar una nueva vida, por realizar mis sueños; esperanza por recobrar mi espíritu.

Comprendo que una cosa es ser homosexual y otra cosa es tener la enfermedad del alcoholismo pero, ¿hasta qué punto una situación influye en la otra? Durante mucho tiempo sentí ese miedo aterrador de vivir en una sociedad sexista, sentí el relegamiento, la crítica, el señalamiento y la humillación de sentirme inferior por el defecto de mi preferencia sexual. Tuve que vivir aparentando, en una doble existencia que provocó mi aislamiento y soledad; a mí ya no me interesa saber si nací o me hice, hoy por hoy, es más importante saber quién quiero ser.

Cuando llego a AA y veo con coraje a mis compañeros tan machos y con lástima a mis compañeras tan abnegadas, vuelvo a sentir mucho miedo de que se me descubra y me señalen y critiquen.

Pero me percato de que sólo con la verdad podré enfrentarme con el otro ser egoísta y odiado que vive dentro de mí, sólo enfrentándome conmigo podré trascender mis miedos.

Entiendo también que con toda la carga emocional de una doble vida y mi gran miedo, fue un gran escape beber y liberarme de tanta tensión. ¡Benditas borracheras que me liberaban de presiones! me transformaban en un ser seguro, podía ir a discos y bailar y acariciar y besar y ligar a gente de mi mismo sexo. Pero también ¡benditas crudas morales! que me hicieron buscar ayuda, porque hoy ya no necesito esconderme, me conozco, me acepto, me he perdonado y me quiero.

Y ese proceso sucedió porque en AA encuentro algo que necesitaba y que se llama amor; ese amor que abre los brazos a de mis compañeros, y el dedo índice que antes me señalaba se pone a acariciar mis cabellos, ese amor que me tiende el puente para que yo me integre y haya dejado a un a lado mi soledad, ese amor que llena sus bocas y me dice: -ven, te amamos como seas y de donde seas...

Gracias a mis compañeros, en AA pude dejar de beber y comenzar a ver claro por primera vez en mi vida. Gracias al programa de recuperación hoy tengo un trabajo, tengo una pareja, mi familia me acepta y. yo sigo siendo homosexual.

 

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