Testimonio 20

Las personas que son como yo, borrachos o alcohólicos, llegan a tener muchos, muchos errores, pero cuando sientes que todo lo poco o mucho que tienes está a punto de perderse tratas de hacer todo lo que está a tu alcance y más aún.
Mi primer paso fue recurrir a las pastillas, a los chochitos, gotas y tés. Dada mi cruda moral o el estilo moral en mi familia, llevé a cabo estos experimentos

Testimonio de Jaime

Las personas que son como yo, borrachos o alcohólicos, llegan a tener muchos, muchos errores, pero cuando sientes que todo lo poco o mucho que tienes está a punto de perderse tratas de hacer todo lo que está a tu alcance y más aún.

Mi primer paso fue recurrir a las pastillas, a los chochitos, gotas y tés. Dada mi cruda moral o el estilo moral en mi familia, llevé a cabo estos experimentos con mi mejor intención. En vista de uno tiene buenos, malos y regulares amigos de trabajo, hubo quien me convenció para ir a jurar. Jurar es el último de los medios normales o menos humillantes para muchos de los que bebemos.

Llegar a la iglesia acompañado --para darte el falso valor que no puedes darte tú mismo--, hablar con el padre, llenar tu credencial (juramento) pensando que estás haciendo lo mejor para ti y para tu familia, pararte ante una imagen y agachar la vista, puesto que no tienes ni siquiera el valor para ver esta imagen de frente, rezar lo que te diga el padre y decir "bueno, lo pude hacer", pensar en que tu esposa se pondrá feliz, tus hijos no menos que tu esposa...

A mí se me ocurrió que todo eso era lo mejor para calmar mis problemas morales, para no sentirme tan culpable y para que me hablaran todos lo miembros de la familia. Logré cerca de los dos meses de abstinencia. Todo cambió: resolví problemas económicos, llevaba una vida normal, salía con los cuates, tomaba refresco, fumaba, pero no me sentía yo mismo. Me faltaba el vicio del alcohol.

El poco poder de voluntad se me terminó y llegó el momento rehuído y buscado al mismo tiempo: la primera copa, la segunda y perdí la cuenta. ¿Resultado? Tres días de briago, llegar a tu casa sin un quinto y todavía ver las caras de toda la familia, desde el más chico a la más grande (la suegra). Culpabilidad de ver llorar a mi esposa, sentirme el más mierda del mundo, y tus hijos que no se te acercan, ni te pelan. Esto es lo peor, después de tres días de gran felicidad (quesque) de salud, más salud, dinero y dinero, carecer de salud y de dinero para comer; después de todo aquello no queda nada, absolutamente nadie, salvo la gran cruda y la gran pérdida de todo lo logrado.

Lo cierto es que, después de lo que hice, puedo catalogarme como el más ojete de los ojetes que pueden tener en la casa. Mis respetos y mi admiración para mi esposa por soportarme y por seguirme dando el apoyo y la confianza (si es que todavía puedo recibirlos) que quiero y necesito. De mis hijos sólo espero que cuando me critiquen y me juzguen no sean muy duros conmigo y me perdonen.

 

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