Testimonio 15

Jamás se me olvidará esta fecha: 14 de febrero de 1989. Ese día, en una cantina del pueblo de Oxozocoautla, Chiapas, nos encontrábamos un grupo de ocho amigos compartiendo la copa y, pues festejábamos el día de la amistad, con el paso de las horas y las copas ingeridas nos fuimos poniendo más alegres.

Testimonio de Oscar L.

Jamás se me olvidará esta fecha: 14 de febrero de 1989. Ese día, en una cantina del pueblo de Oxozocoautla, Chiapas, nos encontrábamos un grupo de ocho amigos compartiendo la copa y, pues festejábamos el día de la amistad, con el paso de las horas y las copas ingeridas nos fuimos poniendo más alegres.

Fue entonces cuando en juego empezamos a decir que ya era tiempo de parar, que ya era justo que dejáramos de tomar y que había que ir a un grupo (hago la aclaración que, de esos ocho, uno o dos tenían conocimientos del programa) y así andábamos cuando de repente el dueño de la cantina nos sugirió que por qué no mejor formábamos un grupo. La idea al principio nos pareció graciosa por la condición en la que nos encontrábamos, pero él seriamente nos dijo que ahí había un lugar que no estaba ocupado y que si queríamos lo podíamos agarrar; él hablaría con su hijo, pues él ya había estado en el programa (había recaído ), para que nos ayudara para llevar la sesión. Así lo hicimos. Él aceptó y esa noche del 14 de febrero, en esa cantina, a partir de algo que comenzó como un juego con un grupo de borrachos, nació un grupo de Alcohólicos Anónimos, el cual fue bautizado con el nombre de "Amor y Amistad" (ya ha celebrado su tercer aniversario).

Fueron tres noches las que sesionamos en la cantina. Después buscamos el local en el cual, al cabo de 13 días, llegó nuestro primer doceavo.

El destino, el desconocimiento del programa, la no aceptación, hizo que no aguantáramos y la respuesta fue rápida: nos fuimos a beber.

Pero lo grande, la presencia de un Poder Superior, se manifestó: porque uno quedó, uno que no dejó morir al grupo y hace que todavía no cierre sus puertas. Ese compañero fue nuestro doceavo, el cual nunca pensamos que dejaría de beber y, repito, hasta la fecha sigue practicando sus 24 horas. El resto de aquellos ocho que fuimos confundadores, nos fuimos a seguir experimentando si éramos o no alcohólicos.

Pero ahora, con la gracia de un Poder Superior, he regresado con la firmeza y fortaleza que todo alcohólico debe tener para aceptar su Primer Paso. y hoy, con todo lo que he pasado y vivido, puedo decir contento que soy confundador de un grupo, el cual apoyo con sugerencias cuando estas me son pedidas.

Nota
(Tomado de la revista Dimensión. México: Conferencia de Servicios Generales de AA, Volumen 5, septiembre-octubre 1995, núm. 26.)

 

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