Testimonio 7

Ella me quiso. A veces yo también la quería. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta. Aunque este sea el último dolor que ella me causa, y estos sean los últimos versos que yo le escribo.
Por fin pude sentarme a escribirte, cosa que he querido desde hace tiempo. No sé si pueda llegar a ti de manera precisa y exacta,

Testimonio Mario X.
Carta de despedida a la cocaína

Ella me quiso. A veces yo también la quería. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta. Aunque este sea el último dolor que ella me causa, y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

Por fin pude sentarme a escribirte, cosa que he querido desde hace tiempo. No sé si pueda llegar a ti de manera precisa y exacta, para que te quede claro lo que intento decirte. Sólo que prefiero intentarlo a quedarme callado.

No puedo decir que fuiste mala desde el principio. No sé cuando llegué a conocerte bien y empecé a quererte. Lo que sí sé es que dependía mucho de ti y tú te cobrabas muy caro ese apego.

Algunas veces fuiste alguien muy importante para mí y llegué a convencerme de que tú me ayudabas a vivir un éxito laboral, afectivo y social. Mientras, por otro lado, te las ingeniabas para tapar mis complejos y frustraciones de una manera por demás hábil. y no solamente eso, sino que llenabas de euforia mi cuerpo y mi mente.

No estoy desagradecido contigo ni te guardo ningún rencor. Por el contrario, creo que he vivido grandes y alucinantes situaciones en tu compañía, pero nuestra relación hace tiempo que empezó a deteriorarse. Pienso en ti casi todos los días. Te recuerdo como algo que he descubierto hoy. Ya Do eres, aunque mi cuerpo y, en especial, mi mente te necesitan.

Me da vueltas por la cabeza, a veces, una pregunta: ¿qué pasaría si pudiera controlarte y controlarme para regresar a ti? y la respuesta inmediata es un gran temor al descontrol, como lo hacía antes, ya llegar a los desastres de la total inconciencia.

He sido para ti sólo un vehículo que transportaba una vida imaginaria. y dentro de ese mundo imaginario que era vivir contigo empecé, desde hace tres años, a observarte. He decidido separarme porque necesito pensar mí, en mi autoestima y en mis valores perdidos. Siento, además, que al apartarme de ti ya no cuento con divertimentos, ni bares, ni comidas con amigas y amigos que duraban, en todos los casos, toda la tarde, ni crudas morales que se superaban en el momento de encontrarme nuevamente contigo.

De algo estoy seguro: de que me urge ser feliz y de que necesito un cambio. Te digo que no me es fácil ese cambio y creo verme, a veces, como un pendejo, un aburrido, con lagunas mentales y en una extraña soledad.

Hoy no es un día cualquiera. Hoy es el día en que me atreví a decirte que no quiero tu amistad. Hoy es el día que te digo hasta luego y ojalá y Dios, con su ayuda y un trabajo largo por mi cuenta, hagamos este hasta luego largo.

Esto se terminó el día 12 de septiembre de 1995.

 

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