Testimonio 4

Cuando se me pidió que escribiera sobre mi experiencia en una clínica a causa de mi alcoholismo, pensé que como ejercicio de memoria me sería útil. Dejé pasar varios días antes de sentarme a hacerlo. Al ir madurando la idea, lo encuentro como una nueva y refrescante experiencia, ya que las cuatro semanas que pasé hace siete años son -y ahora lo veo más claramente-, el fundamento

Testimonio de Alberto A.

Cuando se me pidió que escribiera sobre mi experiencia en una clínica a causa de mi alcoholismo, pensé que como ejercicio de memoria me sería útil. Dejé pasar varios días antes de sentarme a hacerlo. Al ir madurando la idea, lo encuentro como una nueva y refrescante experiencia, ya que las cuatro semanas que pasé hace siete años son --y ahora lo veo más claramente--, el fundamento con el que inició una nueva etapa de vida y me permitieron descubrir una nueva forma de vivir.

Antes de decidir irme, había asistido en algunas ocasiones a juntas de grupo de Alcohólicos Anónimos y no permanecí allí ya que siempre tuve esa esperanza, tan común entre los alcohólicos, de no ser uno de ellos.

Las experiencias dolorosas se seguían repitiendo y, en algún momento, me detuve. y sin saber ni remotamente qué hacer de mi vida y con mi vida, fui a ver a un amigo que había estado en una clínica y le pedí el número telefónico. Llamé y me dieron un espacio para dos semanas después. Llamar me tranquilizó, pero al pasar los días y acercarse la fecha mi ansiedad iba creciendo y mi pensamiento me traicionaba. ¿ Qué quería yo encontrar a 8,000 kilómetros de mi ciudad, en otro idioma y sin la más remota idea de qué esperar?

Sólo por la gracia de Dios no bebí en esas dos semanas y finalmente llegó la fecha.

El viaje lo hice con una escala en Houston y, al llegar ahí, aún tenía una esperanza de que algo sucedería y de que a final no tendría que llegar siquiera. Esa misma esperanza seguía siendo, en el fondo, la de no ser alcohólico.

Mi realidad no era mi esperanza. Tomé el siguiente vuelo y llegué a Minneapolis, donde me encontré con gente de la clínica y me llevaron en un viaje de hora y media por carretera. Minuto a minuto me sentía más ansioso y me deprimía. En el fondo de mí había dos sentimientos: un gran miedo y una enorme necesidad de tener una nueva esperanza. Quería saber qué tenía que hacer para dejar de beber pero, más que eso, quería saber qué tenía que hacer para dejar de sufrir.

Recordar hoy mi ingreso me hace sonreír con gratitud. Fue mi primer encuentro, cara a cara, en corto, con otro alcohólico al que no sólo le pedía yo ayuda sino que, por alguna razón que en ese momento desconocía, me abría la puerta a un grupo de alcohólicos dispuestos a darme lo que ellos tenían: el programa de recuperación de Alcohólicos Anónimos.

Fui asignado a mi unidad después de pasar la primera noche en un área de desintoxicación y .tras una exhaustiva revisión de mi equipaje. Al llegar, me recibió otro compañero interno. La vida diaria en las unidades es regida por los alcohólicos que van a internarse, no por personal de la clínica. Se me asignó mi cama y se me dieron las tareas que tendría que realizar para la limpieza y el mantenimiento del lugar.

Las actividades diarias se iniciaban a las siete de la mañana con una reunión para leer el pensamiento del día y compartir ideas acerca de éste. Durante el día asistíamos a tres pláticas en el auditorio: la primera era de estudio del Programa de los Doce Pasos; la segunda acerca de las características de la enfermedad y la tercera un compartimiento de algún compañero de Alcohólicos Anónimos.

Se me asignó un consejero que lo sería durante toda mi estancia en la clínica y con quien trabajaba un rato cada día. Se nos asignaban trabajos y estudios que se hacían entre varios compañeros. El 75% del tiempo y de la terapia era dirigida a la interacción entre los compañeros de la unidad. Cada día algún compañero tenía que compartir su historial con toda la unidad y, al terminar, se discutía el compartimiento en una mesa redonda.

El Modelo Minnesota, como se le llama, contempla las tres facetas del alcoholismo: la física, la mental y la espiritual. Durante el internamiento se cuenta con un guía para cada una de estas facetas.

Siempre he pensado que lo más importante de todo este tiempo fue la oportunidad que se me brindó de estar cuatro semanas, 24 horas al día, conviviendo con otros alcohólicos que iban cambiando, ya que unos salían y otros nuevos entraban.

Conviví con 48 internos, de distintas nacionalidades, distintas razas, desde desempleados hasta religiosos, de 22 a 65 años de edad, pertenecientes a toda la gama intelectual, sin ninguna otra historia que nos uniera más que nuestra enfermedad y nuestro sufrimiento.

En 28 días pude conocer, a fondo y con respeto, a más seres humanos de los que había conocido en mi vida activa durante 39 años.

Se trata de que, durante este tiempo, los internos lleguen a hacer un quinto paso, pero siempre con la recomendación de que al llegar a tu lugar de origen te integres a un grupo de Alcohólicos Anónimos y te inicies en la vida con el Programa.

Una parte muy importante de la estancia son los tres días en los cuales te integras al programa para familiares de alcohólicos e interactúas con ellos todo el día. Ver mi enfermedad desde la óptica de los familiares fue estremecedor. Yo no conocía a ninguna de esas personas y, sin embargo, la relación con ellas se tornó profundamente humana.

En ese tiempo me sentía como si mi vida fuera un partido de fútbol. El primer tiempo lo iba perdiendo yo por paliza; mi estancia en la clínica fue el medio tiempo, el descanso, el análisis del pasado; ahí me fueron entregadas las jugadas para seguir en el partido que es la vida... Y hoy juego con nuevas reglas.

Cada una de las personas que trabajan en la clínica deben pertenecer a algún grupo que lleve el Programa de los Doce Pasos (ya sea de alcohólicos, narcóticos, jugadores, comedores compulsivos, etcétera).

Mi experiencia y mi necesidad me llevaron a esta clínica y por ello doy gracias a Dios. Mis recuerdos están llenos de gratitud y amor hacia toda la gente con la que conviví. Me permitieron salir de ahí con la esperanza de una nueva vida que, a través de nuestro Programa, es real y bella.

 

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