Testimonio 1

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Iba yo camino a la clínica. Mi sentimiento era de esperanza, de fe, de inicio y de renovación. Sentía como un nacer a la luz, al amor, agradecida con una gran amiga que me esperaba, para llevarme ahí.
Mi vida llevaba un tiempo con una gran desolación, en el autoengaño, oscura y sin sentido. Así, oscilando entre esa gran tristeza y un leve soplo de vida y esperanza, llegué a la clínica.

Testimonio de
María de Lourdes D.

Iba yo camino a la clínica. Mi sentimiento era de esperanza, de fe, de inicio y de renovación. Sentía como un nacer a la luz, al amor, agradecida con una gran amiga que me esperaba, para llevarme ahí.

Mi vida llevaba un tiempo con una gran desolación, en el autoengaño, oscura y sin sentido. Así, oscilando entre esa gran tristeza y un leve soplo de vida y esperanza, llegué a la clínica.

Mi decisión la había tomado al darme cuenta de la lucha, sin ningún resultado, de querer alejarme de la droga y el alcohol. Sola no podía. Por eso, ahora, pedía ayuda. Fue un gran descanso.

A través de mi estancia ahí fui tomando conciencia de todo lo que implica mi enfermedad, del gran dolor que me invadía. Al recordarlo siento los ojos llenos de lágrimas... y aún falta mucho por llorar...

Me empecé a enseñar a enfrentar mi realidad, por más dura y triste que estuviera. y lo único que me viene a la mente es darle gracias a Dios por esta oportunidad que me ha dado. No a todos se las da... algunos mueren, otros continúan desperdiciando su vida, tal como yo lo hice durante un largo tiempo. Gracias a Dios acabó y ahora mi vida es otra.

Me despierto cada mañana, llena de gratitud, tranquilidad y serena, con la cabeza despejada y clara, sin culpa. Ahora Dios está en mi corazón.

Y día con día me despido de la sustancia, leyendo la siguiente carta de despedida que le escribí durante uno de los últimos días de mi estancia en la clínica.

A la sustancia:

Quiero decirte que esta es la última vez que me dirijo a ti, ahora sí, para darte un adiós definitivo. Me has causado más sufrimiento que gratificación. Me he dañado demasiado contigo. ¡He perdido tantas cosas por ti! Las puedo enumerar: mi salud, mi moral, mi libertad, mi bienestar, mi dignidad, mi economía, mi autoestima y una vida con Dios y con mi familia.

Me da mucho gusto darte la despedida y enterrarte al fin.

Ahora sólo me referiré a ti como algo pasado, para no olvidar que estarás sólo como una referencia en mi presente, ya que ahora me acompañarán mi Programa y mi fe en Dios. Sólo así te derrotaré día con día. y sé que con estas armas podré salir adelante y dejarte en el olvido, junto con la Lourdes antigua, en donde ahora está renaciendo, llena de esperanza y gratitud, una nueva Lourdes.

En esta carta se resume, a grandes rasgos, el descubrimiento que yo fui haciendo de mí misma en el transcurso de las sesiones de terapia, que junto con mis compañeros y mis terapeutas fui logrando. Sé que es un proceso largo y difícil, y no me importa: ya tengo las herramientas y sé dónde encontrarlas.

Por esto y por los mejores días que están por venir agradezco, primero, a Dios ya todos y cada uno de los que viven conmigo mi recuperación, enseñándome a dar ya recibir sólo por 24 horas.