Los trastornos de conducta en la infancia

Niños que transgreden las reglas escolares, familiares y sociales de manera repetida; niños que se oponen a cumplir con sus obligaciones domésticas y académicas. Niños que retan a sus padres y maestros; hermanos que se agreden hasta lastimarse severamente. Niños que después de un suceso dejan de hablar o no quieren separarse de sus padres para ir a la escuela;

Los trastornos de conducta en la infancia

Deimos Aguilar

Niños que transgreden las reglas escolares, familiares y sociales de manera repetida; niños que se oponen a cumplir con sus obligaciones domésticas y académicas. Niños que retan a sus padres y maestros; hermanos que se agreden hasta lastimarse severamente. Niños que después de un suceso dejan de hablar o no quieren separarse de sus padres para ir a la escuela; mentiras frecuentes, hurtos, niños que juegan con fuego o muestran comportamientos temerarios.

Estas manifestaciones pueden presentarse desde forma leve hasta muy grave, y deben alertar a los padres para que tomen medidas oportunas y prevengan consecuencias mayores, como un traumatismo craneoencefálico, lesiones cortantes o incendios contundentes; quemaduras o, en el peor de los casos, la muerte.

Padres y maestros deben conocer las causas de los trastornos de conducta en la infancia, para saber cuándo intervenir directamente y cuándo derivarlo a un especialista en psiquiatría infantil.

Las causas más comunes de los trastornos de conducta en la infancia son:

1. Disfunción neurológica (bases neurofisiológicas).
2. Técnica inadecuada de crianza (padres que en su infancia fueron maltratados, padecieron desamparo o el abandono total).
3. Problemas familiares graves (divorcios, muertes, estrés crónico, etcétera).

Las consecuencias inmediatas y en el largo plazo generalmente son desastrosas, ya que estos niños, aunque no lo verbalicen, están sufriendo, pues no encajan en el contexto social. Presentan múltiples problemas escolares, sociales y familiares, porque provocan rechazo y estigmas, con sobrenombres despectivos: niño monstruo, terremoto, sálvese quien pueda, hiperquinético, manos de lumbre, niño malo, etcétera.

Los apodos, el rechazo, las agresiones y el mal manejo familiar de un niño con un trastorno paidopsiquiátrico, hacen que en la adolescencia y en la vida adulta se manifiesten otros problemas como la farmacodependencia, la delincuencia en el narcotráfico, la deserción escolar y múltiples trastornos psiquiátricos.

El tratamiento para estas afecciones debe aplicarlo un equipo especializado en niños, el cual puede incluir desde psicoterapia y orientación a los padres, hasta psicofármacos, que en forma integral producen resultados extraordinarios, sobre todo cuando el diagnóstico está bien hecho.

Algunos casos requieren manejo hospitalario de forma parcial, según la edad y la gravedad del trastorno.

 

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