El hurto, hambre de placer

No se puede decir que se ha cometido un hurto hasta que quien lo comete no haya adquirido una noción clara de la propiedad. Los conceptos de "mío" y "no mío" se desarrollan de forma progresiva, durante los primeros años de vida.
Anna Freud afirma que la noción de "mío" es adquirida mucho antes que la segunda,

El hurto, hambre de placer

Deimos Aguilar Jiménez

No se puede decir que se ha cometido un hurto hasta que quien lo comete no haya adquirido una noción clara de la propiedad. Los conceptos de "mío" y "no mío" se desarrollan de forma progresiva, durante los primeros años de vida.

Anna Freud afirma que la noción de "mío" es adquirida mucho antes que la segunda, y para asimilarse, es necesaria la renuncia del niño a su egocentrismo inicial. El niño pasa por un período donde todo le pertenece, o al menos todo es propiedad potencial suya. En esta etapa, "ser privado de", "ser robado" tienen sentido para él, mientras que "coger" o "robar" no lo tienen. Sin embargo, la noción de hurto exige además la adquisición del concepto de propiedad, del límite entre yo y el otro, el desarrollo del concepto moral de bien y de mal, con todas sus implicaciones socioculturales.

Es hasta los seis o siete años que se puede cometer, conscientemente, un robo. Con la edad se observa una evolución progresiva en la naturaleza de los hurtos, que va desde chucherías hasta hurtos organizados en pandillas. Por fortuna, no todo niño que llega a hurtar se convertirá en ladrón adulto.

Causas del hurto
La gran necesidad o hambre de lo ajeno, en su forma más primitiva, es una forma de llenar un vacío dejado por los padres. El ladrón necesita de los demás para existir. Se considera incapaz de poseer una pertenencia (objeto o personal) por medios legítimos. Por eso tiene que violar a quien sea o lo que sea. Un ladrón no se cura porque no suelen buscar ayuda.

La mayoría de los autores coinciden en constatar, además, el sentido reinvindicativo del hurto. Las nociones de carencia afectiva, abandono familiar, separación de los padres, niño maltratado, exceso de rigor o despreocupación educativa, acompañan todas las descripciones del niño que roba. La madre es frecuentemente la primera persona a la que el sujeto roba. Winnicott señala: "el niño que roba un objeto, no quiere el objeto robado, sino a la madre sobre la que tiene derechos."

Los padres tienen gran influencia en el hurto de sus hijos, ya sea por imponerles miedo o por mostrar complicidad en el hurto. El hurto es una de las puertas de entrada a la delincuencia.

Cleptomanía
Se caracteriza por la incapacidad de resistirse al impulso de robar. Este acto no se lleva a cabo para obtener una ganancia económica, el objeto robado puede incluso ser descartado, regalado o igualmente devuelto. La obsesión del cleptómano más bien responde a una tensión interna creciente, que sólo logra tranquilizar al cometer el robo. Tiende a robar objetos pequeños, de poco valor. Al contrario de lo que se ha especulado, el cleptómano no desea ser descubierto, pues tal vez sea un individuo respetable, que por ninguna circunstancia querría ser considerado como un delincuente.

La cleptomanía es una enfermedad bastante rara. Las investigaciones han mostrado que el cinco por ciento de los ladrones de tiendas arrestados son cleptómanos, frecuentemente mujeres. Pocos cleptómanos buscan tratamiento y generalmente requieren de psicoterapia y farmacoterapia.

La personalidad disocial, psicopática o sociopática de quien habrá de convertirse en ladrón o delincuente se caracteriza porque poco antes de los quince años abandona la escuela, se fuga de su hogar, muestra problemas de disciplina y mediocre rendimiento académico, comete destrucción deliberada de la propiedad ajena, roba, usa armas letales, tiene una actividad sexual precoz, manifiesta crueldad con los animales y con la gente indefensa, y posee el hábito patológico de mentir (requisito esencial para un ladrón).

Después de los 15 años de edad mantiene una historia laboral precaria, su conducta es deliberadamente contraria a las normas legales, comete actos de delincuencia, tienen un sentido distorsionado del honor o respeto a personas o instituciones, muestra impulsividad e irresponsabilidad en sus funciones de hijo, esposo o padre.

Es falso, arrogante, engañoso y manipulador; no presenta culpa o arrepentimiento y no aprende de la experiencia dolorosa. Este trastorno es más frecuente en hombres que en mujeres y prevalece de los 22 a los 44 años.

Los factores favorecedores del ladrón son la ausencia de una sólida figura materna, gran privación emocional en la infancia y presencia de modelos antisociales (abuso de alcohol y drogas), así como familias disfuncionales. También existen elementos genéticos y neuroquímicos.

 

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