Amor o enamoramiento

Aunque al amor se le suele equiparar vulgarmente como sinónimo de amor, conviene distinguir entre estos dos términos. El primero implica diálogo, una libre y generosa entrega de sí mismo al otro para llegar a ser más uno mismo; el otro, en cambio, es centrípeto, equivale a dependencia, a quedar cautivo de los embelesos de la imaginación, a vivir a expensas del otro

Amor o enamoramiento

Deimos Aguilar

Enamorarse es exagerar enormemente
la diferencia entre una mujer y otra"
G.B. Shaw

Aunque al amor se le suele equiparar vulgarmente como sinónimo de amor, conviene distinguir entre estos dos términos. El primero implica diálogo, una libre y generosa entrega de sí mismo al otro para llegar a ser más uno mismo; el otro, en cambio, es centrípeto, equivale a dependencia, a quedar cautivo de los embelesos de la imaginación, a vivir a expensas del otro o de lo otro, a renegar de la propia mismidad. Entre amor y enamoramiento existe una distancia semejante a la que hay que entre los verbos ser y estar.

Puede aceptarse que el enamoramiento constituye la fase inicial del proceso amoroso, aquella que sigue al "flechazo": está más próximo al instinto sexual que al recreativo. Mientras se encuentre más necesitado de afecto el ser humano adulto, más infantil será su enamoramiento, pues estará más próximo al narcisismo primario, lo que convertirá su relación en una fuente inagotable de odio y resentimiento, celos y envidia, miedo y culpa, dependencia, desdicha y enfermedad.

Por contraste, en cuanto más se acerque la meta ideal a la real, el narcisismo se tornará en amor propio y el egoísmo en altruismo. El hombre maduro y responsable goza con el bien del otro, no depende de mayor reciprocidad, tiende a la paz y a la libertad.

El amor no ata. Ata el odio, la necesidad nunca satisfecha. El amor une a los seres humanos en la compenetración del coito, en la generación de nuevas formas de vida.

No debe confundirse ternura con calentura, ni pretender reducir el amor a una fricción de mucosas. La atracción sexual conforma la base biológica del amor (recordaremos que el cuidado de la prole recién aparece con los reptiles en la escala zoológica), mas esto no basta para comprenderlo en su misteriosa complejidad. El instinto es necesario pero no suficiente.

Con el tiempo, el amor evoluciona hacia lo espiritual, hacia el diálogo entre los amantes. La confianza y la esperanza son las mejores prendas del amor; la amistad, su pariente más allegado.

Amor y salud mental suelen correr parejas. La capacidad de amor es baja en los neuróticos (las personas que cotidianamente están de mal humor), los psicópatas (los delincuentes) y prácticamente imposible en los psicóticos (los que han perdido la razón).

El amor propio también es necesario, en representa el apego que se tiene uno a sí mismo, a los rendimientos, las posibilidades y el sentido de la responsabilidad personal. De ahí que valga tanto la autoestima. Nace del narcisismo y se desarrolla adecuadamente en la medida en que aquél sea satisfecho y superado. Sólo el que se ama a sí mismo puede amar al prójimo.

El amor propio (o en su versión malsana, el interés egoísta) es fuente de todos los valores, de los morales en particular. Si este amor a uno se entiende como la perspectiva individual del "querer ser" y la autoafirmación en las relaciones intersubjetivas, entraña un sentido contrario al de la vanidad o la soberbia, con las que a menudo se le confunde.

Una vez analizada la diferencia entre el amor amante y el enamoramiento apasionado, es importante informarles a todos aquellos niños abandonados por sus padres que algunos adultos no pueden amar; por lo tanto no deben pensar que fueron abandonados porque no merecen amor o porque existe algo malo en sí mismos: se debe a una incapacidad afectiva e involuntaria de sus progenitores para amar, incluso a sus propios hijos.

 

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