La depresión infantil (¿cáncer mental?)

El origen de la depresión infantil son unos padres deprimidos y un niño desamparado y agredido. Tales padres no están contentos con sus vidas y en el fondo desean morir. En este artículo se plantea que cuando se tiene la vida contada y se desea morir es como vivir con un cáncer mental. Los síntomas de la depresión infantil (bajo rendimiento escolar, problemas de conducta, enuresis, neurodermatitis, entre otros), equivalen al cáncer mental de sus padres.

 La depresión infantil
(¿cáncer mental?)

Doctor Deimos Aguilar

Cuando les pregunto a los padres de familia cuántos años más les gustaría vivir, muchos de ellos responden: "ya no quiero vivir... la vida me pesa ... dos años ya son ganancia ... con diez me conformo". Tales respuestas me hacen pensar que estos adultos no se encuentran contentos con sus vidas, y en el fondo desean morir, pues la vida no les resulta satisfactoria. A esto le llamo cáncer mental, pues tienen la vida contada al desear morirse en unos meses o años.

En mi artículo anterior mencioné que una función de los padres es narcisizar el cuerpo de su hijo, es decir, conseguir que el niño ame su cuerpo y no lo quiera destruir; además, el niño tiene que aprender con el ejemplo de sus padres a valorar su existencia y aprender a amar.

Desafortunadamente, algunos niños primero aprenden a odiar y después a amar, si bien les va. Los niños que primero conocen el odio aprenden a odiarse y esa es su forma de coexistir.

Los padres deprimidos suelen criar a sus hijos con negligencia y maltrato, desamparándolos afectivamente y agrediéndolos tanto con golpes como con insultos. Además, son incapaces de consolarlos porque el llanto de sus hijos los exaspera y los descontrola, no saben qué hacer con un niño que llora: le pegan para que se calle, para que llore más o se alejan para no escuchar esos "berridos infernales" como suelen llamarle al único medio que tienen los niños mostrar su sufrimiento y su necesidad de auxilio.

Los niños que no son consolados aprenden a autoconsolarse, usando como mecanismo de defensa los siguientes pensamientos: "no me duele, no debo de llorar, debo aguantarme, me lo merezco, por mi culpa mis padres me pegan, debo portarme bien, como mis papás quieren". De esta manera el niño ya no llora y como ya no lo hace sus padres menos se acercan a él, creyendo que su hijo es feliz y que ellos son una maravilla de padres.

Este es el origen de la depresión infantil: unos padres deprimidos y un niño desamparado y agredido.

Los síntomas de la depresión infantil son bajo rendimiento escolar (¡qué ganas de estudiar!); alteraciones de conducta (buscan que los maltraten igual que en su casa); tienen enuresis (se orinan y existe placer); encopresis (cuando evacuan saben que eso molesta a sus padres); neurodermatitis y alopecia (manchas en la piel y caída del pelo); anorexia o hiperorexia (disminuye su apetito o comen demasiado y a cada ratito, con los cambios en el peso, talla y nutrición); sonambulismo y pesadillas (dejan de tener un sueño reparador y al otro día no rinden plenamente); autoagresiones (como una forma de infligirse castigo por creerse malos y horribles). Sus síntomas psíquicos equivalen al cáncer mental de sus padres, con expresiones similares a las que éstos usan: "seria mejor morirme... no debí nacer... no sirvo para nada... nadie me quiere... soy un estorbo... nada mas les traigo problemas a mis papas... estoy refeo...soy lo peor y no merezco nada".

Todas estas manifestaciones afectan la calidad de vida y el funcionamiento biopsicosocial del niño. Lo más grave es que  el niño deprimido todavía es castigado por su mal comportamiento.

En el caso de la depresión infantil, los padres primero deben reconocer la enfermedad de su hijo, y su necesidad de tratamiento. Enseguida tendrán que aceptar la necesidad de un tratamiento familiar, que pueda brindar un diagnóstico integral con estudios de laboratorio, para conocer el estado físico; un electroencefalograma para conocer el funcionamiento bioeléctrico cerebral; estudios de psicología para conocer más a fondo la autoestima y los mecanismos de defensa del niño. Una vez hecho el diagnóstico, el tratamiento lleva un promedio de seis meses o un año.

El objetivo terapéutico en el niño es restaurar la autoimagen y el autoconcepto para que deje de considerarse monstruo, aprenda a amar y sepa identificar a los adultos que no saben amar.

Si usted fue un infante maltratado y le dieron ganas de llorar, felicidades, usted siente y tiene toda la capacidad de amar. Después, tal vez necesite algunas sesiones de psicoterapia para superar sus problemas.

Pero lo fundamental es que nunca deje de preguntarse: ¿cuántos años quiere vivir?

 

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