Maternidad y paternidad

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Ante el problema de que en muchas familias de farmacodependientes los padres aún están deseosos de que sus padres los quieran y siguen buscando ser aceptados, el autor recuerda las funciones del núcleo familiar en un intento por ofrecer elementos que ayuden a que los padres no pierda su rol de padres y no generar así un caos en el sistema familiar. Concluye que la mejor herencia que los padres pueden darle a sus hijos es una infancia feliz.

Maternidad y paternidad

Doctor Deimos Aguilar López

La familia, y lo familiar es aquello que ocupa el espacio contiguo al yo en su relación con el mundo. Desde el punto de vista estrictamente biológico, la familia posee funciones no sólo relacionadas con la reproducción, sino --sobre todo en los primates más desarrollados y con particulares desventajas comparativas para enfrentar al medio-- de adaptación y protección de los individuos jóvenes.

Las madres son las que generalmente cumplen con esa función de protección (la excepción son las que abortan, abandonan a sus hijos, o los maltratan, como en la Edad Media). En el caso de los padres, una forma símil de abortar es abandonar a los hijos. Del mismo modo, con el pretexto de una buena crianza, los agreden violenta e injustamente, perdiéndose así esa función biológica de protección a los más jóvenes.

La familia es la célula del cuerpo social y es su organización y normativa institucional las que califica y determina el modelo de cada sociedad. El parentesco aparece así como la red básica de referencia empírica para la clasificación de nosotros y los otros en las sociedades humanas.

Entre los parientes se establece una gran gama de posibilidades afectivas, que va desde la solidaridad y la cooperación hasta la rivalidad y la competencia, pero sin llegar a destruirse y sin descuidar a los infantes.

Cuando se habla de parentesco en sociedades humanas, se incluyen frecuentemente relaciones creadas (como la adopción) que son en muchas sociedades tanto o más importantes que los vínculos genealógicos. Esto nos hace reflexionar que incluso a los hijos biológicos hay que adoptarlos, para asumir un compromiso de existencia. La realidad nos muestra que no todos los padres adoptan a sus propios hijos; sólo basta voltear a ver a los niños desamparados (mal llamados de la calle), identificar las altas cifras de abortos clandestinos; niños politraumatizados en hospitales pediátricos de urgencias niños con severos cuadros clínicos de desnutrición; niños con fracaso escolar crónico, niños con déficit en su desarrollo, etcétera.

La institución familiar cuenta con funciones como la provisión de nuevos miembros a la sociedad, el cuidado de su mantenimiento físico, la transmisión de una gran parte de la cultura que necesitan saber (socialización) y la legitimización de su rol dentro de la estructura social.

La familia provee al mismo tiempo una vía aprobada para la satisfacción de los deseos sexuales, y ofrece la posibilidad de otras experiencias psicológicas significativas y trascendentales (experiencias que un farmacodependiente no llegó a tener). El problema en las familias es que muchos padres aún están deseosos de que sus padres los quieran y siguen buscando ser aceptados, por ello, entonces pierden su rol de padres porque aún siguen siendo hijos, y así se genera un caos en el sistema familiar.

Conviene entonces recordar las funciones en el núcleo familiar.

El lugar de la madre comprende dar vida material y emocional al hijo, ayudándolo con las funciones de autoconservación, semantizar (marcisizar) su cuerpo y apoyarlo a que se quiera e individualice.

El lugar del padre comprende identificarse como alguien que regula y controla a los otros en el área de los valores morales: a la esposa le prohibe el acceso irrestricto a la familia dadora y al hijo le prohibe comportamientos inadecuados. El padre ha de aceptar la presencia omnipotente de la madre en los comienzos de la vida del niño. El padre es el portavoz de los deseos parentales intrafamiliares.

Simbióticamente el padre es el árbol que procura a su sombra dar cobijo, protección y guarecimiento; la madre es la flor que con su ternura enseña la belleza moral (los valores morales).

La mejor herencia que los padres pueden darle a sus hijos es una infancia feliz, una buena relación paterno-filial y una imagen de lo que es una relación de pareja basados en un vínculo de calidad.