La urgencia del control del tabaquismo

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El tema del tabaquismo es urgente, ya que la mortalidad por cáncer de pulmón en las antiguas economías socialistas se duplicó entre 1965 y 1995. En los países desarrollados, y en comparación con los países en vías de desarrollo, se ha producido un estancamiento de la tasa de mortalidad masculina por cáncer de pulmón. Tal estancamiento ha sido logrado a fuerza de trabajo en unos 15 países, en los cuáles se constata un descenso de las tasas, que viene contrarrestado por un aumento sostenido de las mismas en otros países. El tabaco es el mayor problema de salud pública del planeta que todavía puede evitarse. Se sabe lo que hay que hacer y se ha demostrado también en países pequeños que puede hacerse, pero además el tabaco ha de ser tratado como una enfermedad crónica. La industria del tabaco es enorme y en tan sólo una tarde se pueden ver una gran cantidad de eventos deportivos patrocinados por tabacaleras, además de que es uno de tantos ejemplos que prueba la seriedad y urgencia de este tema.

La urgencia del control del tabaquismo*

Niguel Gray**

La pregunta que se nos plantea es por qué el tema del tabaco es urgente. Simplemente están ocurriendo en el mundo hechos que no debieran ocurrir. La mortalidad por cáncer de pulmón en las antiguas economías socialistas se duplicó entre 1965 y 1995. Sabemos qué se puede hacer al respecto. Lo estamos haciendo en algunos lugares y no lo estamos haciendo en otros. Para darles un ejemplo de lo que es posible hacer, les diré que en el Reino Unido se ha producido un descenso considerable de la mortalidad por cáncer de pulmón y en Escocia un descenso aún más considerable. En Finlandia se ha constatado un descenso de 50% desde el periodo culminante de hace unos 20 años.

En Finlandia encontramos un modelo de lo que es posible conseguir en materia de control del tabaquismo en una sociedad informada: la mortalidad por cáncer de pulmón ha descendido 50%. Durante los pasados 20 años, el número anual de muertes de varones debidas al cáncer de pulmón ha descendido de 80 a 40 por cada 100000 habitantes. En Hungría ha ascendido de 50 a 295. La mortalidad en Hungría va en aumento y hoy es cinco veces superior a la de Finlandia. En el mismo período, mientras Finlandia consiguió un descenso de 50% Hungría no consiguió nada.

En los países desarrollados, y en comparación con los países en vías de desarrollo, se ha producido un estancamiento de la tasa de mortalidad masculina por cáncer de pulmón. Tal estancamiento ha sido logrado a fuerza de trabajo en unos 15 países, en los cuales se constata un descenso de las tasas, que viene contrarrestado por un aumento sostenido de las mismas en otros países. De modo que en la sofisticada Europa, la situación es bastante irregular, pese al hecho de tratarse de la parte del mundo donde se encuentran la mayoría de los países que han tenido éxito. Hay otros: Australia, Canadá y América. Pero aparte de los países que han tenido éxito, no hay realmente ningún otro rincón del mundo donde se pueda verificar un descenso de mortalidad.

Y de ahí la urgencia. Lo que está sucediendo en Finlandia no está sucediendo en todas partes.

Desde los años 70 hemos dejado de lado los debates con la industria tabacalera. Conocemos las respuestas a cada uno de los puntos de discusión de la industria del tabaco y, a pesar de todo, ésta aún sigue convenciendo a los gobiernos. Hace dos años, visité al Ministro de Sanidad de Hungría, un cardiólogo. Me informó que Philip Morris, nuevo detentor del monopolio tabacalero en Hungría, había convencido a sus colegas de que se perderían muchos puestos de trabajo si una prohibición publicitaria salía adelante.

Uno puede ir a Indonesia y comprarse un cigarrillo con un contenido de alquitrán de 55 mg cuando la Unión Europea lo ha limitado a 12 mg Ese cigarrillo con 55 mg de alquitrán viene en una cajetilla sin advertencia sanitaria alguna. Además, contiene clavo de especia, lo cual aumenta su capacidad alérgica. En Indonesia, la industria tabacalera está poderosamente influida por la industria del clavo de especia, que era hasta hace muy poco tiempo --y probablemente lo siga siendo-- propiedad de la familia del último presidente de Indonesia. A pesar de haberse organizado uno o dos seminarios uicc en Indonesia --la oms ya ha organizado otros dos--, los progresos hasta la fecha han sido prácticamente nulos. No hay registro de casos de cáncer, no hay registro ni curva de prevalencia tabáquica. Y todo lo que digamos de Indonesia, que es probablemente el peor ejemplo, puede aplicarse a muchos otros países en vías de desarrollo de Asia, Europa central y Europa del este.

No me impresionan los progresos constatados en los países avanzados. Antes bien, me angustia la sensación de urgencia con respecto a la Unión Europea, donde no es posible encontrar buenas tendencias de prevalencia. La primera encuesta de fumadores que proporciona datos decentes en la Unión Europea ha sido realizada sólo recientemente. En esta encuesta, se les preguntó a los fumadores europeos si sus respectivos médicos les aconsejaban dejar de fumar y sólo un tercio de los encuestados respondió afirmativamente. De éstos, únicamente 11% recibió consejos sobre cómo hacerlo.

En Europa central y del este, aún no conocemos las tendencias de prevalencia porque todavía no se ha llevado a cabo ninguna evaluación. Si queremos analizar el tabaquismo infantil --y eso es algo que queremos hacer desesperadamente a largo plazo--, hay datos disponibles en unos ocho países. Escandinavia es uno de los rincones del mundo donde se miden tales índices. También se miden en el Reino Unido, California y Massachussets. Asimismo, se pueden conseguir datos de la totalidad de Estados Unidos Pero los datos sobre tabaquismo infantil no están disponibles en la mayor parte del mundo, ni siquiera en los países desarrollados. He aquí una cuestión esencial que ha de ser tratada como un asunto urgente.

Si todos nosotros, al volver a casa tras este encuentro, nos uniéramos a un grupo de presión para obtener medidas fiables sobre la prevalencia del hábito en nuestras respectivas comunidades, prestaríamos un gran servicio. Si pudiéramos ir más lejos y acudiéramos a las escuelas para medir las tasas de tabaquismo escolar, y las dispusiéramos de tal modo que pudiera obtenerse una línea de tendencia nacional, daríamos otro paso importante hacia adelante. Aún no se han hecho estas cosas tan simples y urgentes.

Hemos mostrado poco entusiasmo en las acciones que hemos emprendido. No creo que podamos culpar de ello a la oms, a la uicc ni a ninguno de los aquí presentes, pero el caso es que nuestra acertada actuación ha sido desbaratada por la industria tabacalera. Hemos sufrido un par de pérdidas devastadoras. Europa ha prohibido toda forma de publicidad de tabaco, pero a partir del año 2006.

Las carreras de Fórmula 1 tienen audiencias que oscilan entre 350 y 700 millones. Existe un grupo de motocicletas Fórmula 1 además del grupo de automóviles Fórmula 1. Hace pocos meses, estaba sentado en la habitación de un hotel de Nueva Delhi viendo lo que la televisión de Rupert Murdoch emitía en Asia. Vi la promoción del Gran Premio de Macau, un Gran Premio de Fórmula 1 repleto de marcas de tabaco, al igual que el Gran Premio de motos Fórmula 1. Vi un buen partido de golf fuera de Indonesia patrocinado por Dunhill, vi el Rally de Motocross y el Safari Africano, y vi el partido de críquet de Pakistán, patrocinado por WD y HD Wills. En tan sólo una tarde y una cadena de televisión internacional, vi seis acontecimientos televisivos patrocinados por tabacaleras. He ahí otro ejemplo que prueba la seriedad y la urgencia de este tema.

Si pudiéramos intervenir una vez para acabar con la transmisión mundial por televisión de eventos deportivos patrocinados por tabacaleras, estaríamos haciendo algo realmente significativo. Seguramente, podríamos conseguirlo si convenciéramos a Rupert Murdoch de que abandonara la junta de Philip Morris y tomara conciencia de la realidad. Esta simple intervención, que a nosotros podría resultamos muy complicada, sería extremadamente eficaz: gracias a ella, dejaríamos de acribillar con publicidad de tabaco a gente inocente de países en vías de desarrollo.

Deberíamos optar por la autocrítica y percatamos de que, si bien podemos enorgullecernos de muchos de nuestros logros (en otro contexto, yo sería el primero en levantarme y golpearme el pecho en señal de orgullo por los éxitos acumulados a lo largo de los años), en realidad no hemos hecho, ni con mucho, lo suficiente, ni hemos tratado estas cuestiones de manera suficientemente eficaz. Para alguien con experiencia en este campo, sigue siendo profundamente lamentable que hayamos perdido la prohibición publicitaria europea por el hecho de que el señor Ecclestone diera un millón de libras al Partido Laborista británico, y éste decidiera unánimemente retrasar la prohibición publicitaria en Europa. Devolvieron el millón de libras porque se supo que iban a aceptarlo. Deberíamos apercibirnos de que la industria tabacalera sigue ejerciendo su influencia incluso en países sofisticados con gobiernos que ostentan nuevos valores morales.

De modo que en la parte europea del mundo, pese a que ha habido logros significativos, aún sigue presente la noción de urgencia.

Si vamos ahora a Estados Unidos y echamos un vistazo a los acontecimientos de los dos últimos años, constataremos que también allí la salud pública ha sufrido un duro golpe. Hasta el año pasado daba la impresión de que el gobierno estadounidense iba a firmar un acuerdo con la industria tabacalera y que el Congreso iba a dar el visto bueno. Como resultado de este acuerdo, la industria tabacalera aceptaría restricciones extremadamente severas --no óptimas, pero sí severas-- y pagaría una gran cantidad de dinero no sólo para indemnizaciones, sino también para sufragar actividades antitabaco. Tal era la situación en los tribunales americanos en el momento en que la industria tabacalera quería este acuerdo. Pero el acuerdo no se convirtió en ley. ¿Por qué no? Porque el conjunto de los profesionales de la salud pública se dividió y sus partes se disputaron. Kjell Bjartveit, con la sensatez que le caracteriza, dijo en su charla que teníamos que luchar contra el enemigo. Yo añadiría que es igual de urgente recordar que no hemos de luchar entre nosotros. Las divisiones internas entre los profesionales sanitarios el año pasado en Estados Unidos, fueron directamente responsables del fracaso de esta medida legislativa en el Congreso y directamente responsables de lo que ha sucedido con la industria tabacalera estadounidense. No está en plena forma, no ha recuperado su credibilidad; ha aumentado los precios y ha visto disminuido su margen de beneficios como resultado del dinero que tiene que pagar en arreglos extrajudiciales. Y sin embargo, ahí sigue, amasando aún beneficios y funcionando perfectamente bien. Es sólo una indicación más de la necesidad de actuar urgentemente.

El tabaco es el mayor problema de salud pública del planeta que todavía puede evitarse. Sabemos lo que hay que hacer y hemos demostrado en contados pequeños países que puede hacerse. Es cierto que hemos visto movimientos interesantes en países grandes y hemos dado significativos pasos hacia adelante. La legislación conseguida en China, aún por aplicar en su totalidad, existe a .pesar de la industria tabacalera internacional. Y eso ya es un triunfo. Agradecemos a Judith Mackay por el trabajo realizado allí junto a Richard Peto. Hemos superado dificultades enormes en muchos lugares.

Pero el sentimiento de urgencia no me abandona. El tabaco ha de ser tratado como una enfermedad crónica, cosa que me resulta chocante. Empecé a trabajar como médico de enfermedades infecciosas; vi desaparecer la difteria; entre 1955 y 1960, vi desaparecer la epidemia de polio; a principios de los años 60, sabía que no volvería a ver otro caso de polio. He ahí un ejemplo simple de acción sanitaria entendida, aplicada y eficaz. No hemos hecho esto con el tabaco.

Entendemos la naturaleza del problema del tabaquismo. Sabemos lo que es preciso hacer, pero no hemos conseguido hacerlo sobre una base mundial.

No hemos sido capaces de difundir el sentimiento de urgencia. ¿Qué podemos hacer urgentemente? De entrada, algunas cosas simples y esenciales. Una de ellas es apoyar el Convenio Marco de la oms. Necesitamos un sistema asesor de gobierno, bueno y poderoso, ante el cual poder alzar un dedo y alegar. Las organizaciones no gubernamentales podrán entonces movilizarse y alzar sus dedos. En definitiva, eso es todo lo que podemos hacer, pero si actuamos con cuidado, entre todos podremos alzar un dedo enorme.

Notas
* Ponencia presentada en el encuentro de la Coalición Internacional de Organizaciones No Gubernamentales Contra el Tabaco (ingcat) para la movilización de las ong internacionales, realizado en Ginebra los días 15 y 16 de mayo de 1999.
** UICC e Instituto Europeo de Oncología