Derechos humanos y protección del consumidor

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Los gobiernos tienen la responsabilidad de proteger la salud, la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos. Las leyes que benefician a la sociedad en su conjunto son generalmente consideradas válidas incluso si son contrarias a los intereses de algunos individuos.
Todas las sociedades aceptan restricciones sobre libertades individuales en beneficio del interés público.

Derechos humanos y protección del consumidor*

Yussuf Saloojee**

Los gobiernos tienen la responsabilidad de proteger la salud, la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos. Las leyes que benefician a la sociedad en su conjunto son generalmente consideradas válidas incluso si son contrarias a los intereses de algunos individuos.

Todas las sociedades aceptan restricciones sobre libertades individuales en beneficio del interés público. Por ejemplo, la limitación de la velocidad en carretera, la prescripción de algunos medicamentos, la legislación sobre armas, la prohibición de la pornografía infantil. Las sociedades establecen estos límites porque consideran que tales prohibiciones redundan en beneficio de todos.

Las restricciones del consumo y comercialización de los productos tabacaleros son parte importante de una política mundial encaminada a reducir los daños provocados por el consumo de tabaco.

Hay dos tipos principales de legislación del control del tabaquismo:

a) Protectora. Estas medidas protegen del daño a los no fumadores mediante el control del tabaquismo en lugares públicos.
b) Promotora de la salud. Estas medidas promueven la salud desaconsejando fumar. Incluyen una limitación de la comercialización de cigarrillos mediante impuestos y políticas de tarificación, control de la publicidad y patrocinio, exigencia de advertencias sanitarias y restricción de ventas.

Tradicionalmente, las leyes se han creado para evitar del daños que impidan la vida en sociedad. Sin embargo la utilización de la ley promotora de la salud, es considerada paternalista, pues protege al individuo de sí mismo.

Para oponerse a las reglamentaciones, la industria tabacalera ha explotado hábilmente la aspiración de la gente a una sociedad libre. La industria ha formulado un conjunto estándar de estrategias en defensa de su producto, entre las que figuran: suscitar dudas sobre datos fundados ("no existen pruebas de que fumar provoque cáncer"); distraer la atención hacia otras cuestiones ("¿por qué tomarla contra el tabaco cuando hay problemas más importantes como el sida?); presentar las leyes que reglamentan el control del tabaquismo como una invasión de las libertades civiles y acentuar la importancia económica del tabaco. El objetivo es suscitar dudas en el espíritu público sobre los riesgos que entraña fumar y la legitimidad de las medidas de control del tabaquismo.

Mientras haya dudas, los gobiernos tendrán una excusa para no elaborar una legislación contra el tabaco y los fumadores tendrán una razón para seguir fumando. El tabaco seguirá siendo algo rentable y los defensores de la salud serán tildados de enemigos de la libertad.

Algunas cuestiones clave
1. Prohibir la publicidad y la promoción de tabaco ¿es un ataque a la libertad de expresión? No. El propósito inicial de la libertad de expresión y de prensa es garantizar la libre crítica del gobierno. No fue concebida para dar esplendor a un producto dañino ni difundirlo. Las restricciones tabacaleras pueden ser consideradas como una reglamentación normal y legal de negocio y comercio. En muchos países, hay productos legales de los que no se puede hacer publicidad, como los farmacéuticos.

2. ¿Y en cuanto a la libertad de elección ? Todos los días se empuja a los niños a la adicción de por vida (sin que ellos lo entiendan, o sólo cuando ya es demasiado tarde). Al cabo de un año de haber empezado a fumar, la mayoría de los adolescentes estadounidenses intenta dejarlo sin éxito. La adicción comienza pronto. De fumadores adolescentes 70% revela que si pudiera empezar de cero no fumaría. Y, sin embargo, la maquinaria de relaciones públicas de la industria tabacalera sigue manteniendo que fumar es una libre elección.

3. Si reglamentamos el tabaco, ¿qué reglamentaremos después? ¿El alcohol, la mantequilla, el café? Esto equivale a decir que si encarcelamos a asesinos, acabaremos encarcelando a niños por robar bolitas. Es confundir lo importante con lo trivial. A la hora de reglamentar productos de consumo, la sociedad debe comparar su potencial dañino con la capacidad de la gente para consumirlos sin peligro. Consumidos con moderación, el alcohol y la carne roja son inofensivos. Sólo son peligrosos si se consumen en exceso. El tabaco, por su parte, mata incluso si es consumido siguiendo estrictamente las recomendaciones del fabricante; ningún nivel de consumo garantiza su inocuidad.

4. ¿Y los derechos de los fumadores? La gente es libre de beber, pero no le está permitido beber y conducir. Del mismo modo, la gente es libre de fumar, pero no donde pueda dañar a otros.

No hay ningún conflicto entre una buena política de salud pública y los derechos de la gente a las libertades básicas. Los consumidores tienen derecho a ser protegidos de productos dañinos y garantizar tal derecho es responsabilidad de los gobiernos.

Notas
*Ponencia presentada en el encuentro de la Coalición Internacional de Organizaciones No Gubernamentales Contra el Tabaco (ingcat) para la movilización de las ong internacionales, realizado en Ginebra los días 15 y 16 de mayo de 1991.
**Director Ejecutivo, Consejo contra el Tabaquismo, Sudáfrica