Adiós al tirano que me tenía atrapada

Esta historia empieza desde antes de mi nacimiento, gracias a una, digámoslo así, "tradición familiar", como nos sucede a muchos; nos marcan incluso antes de haber nacido, parece un cuento del medievo cuando casaban a las parejas sin que siquiera se conocieran.
Lo conocí mucho más cercanamente a los trece años de edad. A los quince fue más intensamente,

Adiós al tirano que me tenía atrapada*

Psicóloga María de Lourdes Topete

Esta historia empieza desde antes de mi nacimiento, gracias a una, digámoslo así, "tradición familiar", como nos sucede a muchos; nos marcan incluso antes de haber nacido, parece un cuento del medievo cuando casaban a las parejas sin que siquiera se conocieran.

Lo conocí mucho más cercanamente a los trece años de edad. A los quince fue más intensamente, cuando uno desea tener una imagen de persona grande, cuando el humo nos lo podemos comer de un solo bocado, y todo nos sabe a miel. En ese momento donde nos dejamos llevar por el canto de las sirenas, fue cuando dejé que penetrara todo mi ser y sin darme cuenta se apoderó cada día más de mi voluntad y mi capacidad de ver, de escuchar y de sentir. A los diecisiete lo dejé por algún tiempo, ya que me llegó a dar asco y aún así regresé a él. Pienso qué tan masoquistas podemos ser cuando no queremos dar nuestro brazo a torcer y al final los que nos torcemos somos nosotros. Ya me había acostumbrado a él y no me importaba, ni como oliera, ni su sabor, sólo imaginaba como volvería a verme con él y lo que podría impresionar a las personas, ya que tendría de nuevo mi estatus de grandeza, no importaba qué me sucediera como persona, la cuestión era que volvería a su lado.

A los veintiún años, con un poco de madurez, me separé de él, pensaba que esta vez sería para siempre; el fallecimiento de un ser tan cercano como fue mi padre, marcó para mi una serie de situaciones que me hicieron pensar mucho en toda esta relación tan tortuosa que había sostenido con mi adorado tirano por casi diez años. Al final decidí que era el momento para abandonarlo, tomé mi autoestima lastimada y empecé a armar el rompecabezas que me había dejado.

Tres años más tarde mi hermana, con la que platicaba todas mis experiencias e inexperiencias, también falleció; me encontraba realmente sola y sin el consejo y la guía de alguien que me quisiera y me comprendiera, cuando menos en esos momentos así lo sentía. Con el tiempo pude percatarme que tenía siete hermanos más y que tal vez a ellos también podía llegar a conocerlos y conocerme, para poder reparar con más ahínco ese rompecabezas al que todavía le faltaban algunas piezas, que tal vez se habían extraviado y era preciso encontrarlas a como diera lugar.

A los veinticinco volví a cometer el error de aceptarlo, por situaciones de esas que pasan en la vida y de las que pensamos que no seremos capaces de resolver solos, que deseamos estar acompañados de alguien, no importa que ese alguien nos haga daño; volví a dejarlo por siete u ocho meses y los veintiocho fue mi consejero, paño de lágrimas, amigo, enemigo, amor y desamor, sé que me veía fatal, que incluso mi voz se escuchaba mal, ¡me estaba quemando por dentro!; él seguía siendo mi adorado tormento, siempre estaba conmigo y ahora no me abandonaría, era mi decisión morirme en vida, eso y más me merecía, por falta de carácter al no saber decir un no a tiempo, yo sola me estaba castigando y también a los que me rodeaban. Ellos también se merecían que yo me lacerara por no entenderme y darme todo lo que yo necesitaba.

Por fin a los treinta y siete conocí a todo un personaje, mi querido amigo Alfonso. Él me llevó a conocer a la doctora Guadalupe Ponciano, una de las personas más queridas en estos días para mi, ya que ella fue quien en un buen tiempo se convirtió en esa amiga que yo necesitaba, la que siempre me escuchaba y trataba de darme el mejor consejo. Me ayudó a volver a unir mi rompecabezas con toda la paciencia, comprensión y amor que es capaz de darnos a sus pacientes. Empecé al viaje a mi liberación, cada día que pasaba imaginaba que rompía un eslabón más de esa cadena tan pesada que había venido cargando por tanto tiempo, recuperé mis ganas de ser yo, de salir adelante sin el tirano, al final de cuentas lo que importaba era yo; comprendí que nadie iba a vivir mi vida por mi.

A un año y meses de mi definitiva separación con el tirano, puedo decirles que aún lo extraño, sobre todo en los momentos en que tengo situaciones difíciles con mi familia. Me sigue haciendo falta, lo que me detiene a volverlo a aceptar son las palabras que me dijo la doctora: "Las situaciones siempre van a existir, lo importante es como logres manejarlas tú. Si te sirve este consejo, cada vez que quieras hacer algo en contra de tu persona recuerda esta frase, a mi me ha servido de una manera impresionante".

Lo que me hace sentir cada día mejor es que ahora respiro muy bien, puedo disfrutar los sabores, olores, de mi voz que empieza a recuperarse y de mi imagen que vuelve a ser activa y llena de vida, sobre todo eso, con unas ganas impresionantes de vivir, eso sí con calidad. En este proceso de liberación y aceptación de mi persona como soy y tratando de ser un poco mejor cada día, he logrado muchas cosas satisfactorias, como poder ayudar a otros semejantes a salir de estas situaciones que en ocasiones no son tan agradables y sí necesarias para nuestras personas, ya que nos hacen cada día mejores y más fuertes, congruentes y, además, dándoles otra educación diferente a nuestros hijos, poniendo el ejemplo y no sólo diciendo: "haz lo que te digo y no lo que me veas haz", porque todos merecemos un mejor mundo, respetando nuestro entorno y el de nuestros semejantes y los seres vivos que nos rodean.

Sí, adivinaste cuál era mi tirano, haz obtenido diez de calificación y si no, no te preocupes, eso quiere decir que puedo mejorar mi técnica para que en otra ocasión logres descubrirlo. Por supuesto que acertaste, era el cigarro que tanto mal me ha hecho a toda la humanidad y que aunque sepamos que nos hace daño seguimos de necios, siempre echándole la culpa a las situaciones, al estrés y nunca reconociendo que no somos capaces de salir adelante sin ninguna panacea; todo lo tenemos dentro de nosotros, sólo hay que descubrirlo y dejarlo salir. Permítete vivir con calidad y verás como logras mejorar todo tu entorno, recuerda que los cambios se logran hacer de adentro para afuera y si queremos algo mejor en nuestros hogares debemos empezar por nosotros, dejemos de ver la paja en el ojo ajeno y veamos la viga en el propio.

Nota
* Segundo lugar del concurso "Por un futuro sin tabaco", organizado por la Clínica contra el Tabaquismo del Hospital General "Doctor Manuel Gea González").

 

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