Carta de despedida

Me es muy difícil iniciar. La decisión que he tomado de redactar esta carta es trascendental en mi vida. De hecho no recuerdo haber intentado redactar una carta semejante. Más que referirme al carácter formal que debe revestir, sé que debo reunir el valor suficiente para atreverme a dar por terminada una relación por demás íntima, de mucho tiempo.

Carta de despedida*

Mario Magaña Magaña

Me es muy difícil iniciar. La decisión que he tomado de redactar esta carta es trascendental en mi vida. De hecho no recuerdo haber intentado redactar una carta semejante. Más que referirme al carácter formal que debe revestir, sé que debo reunir el valor suficiente para atreverme a dar por terminada una relación por demás íntima, de mucho tiempo. Hablamos de más de 25 años de estar acompañado de quien ahora debo abandonar necesariamente.

La separación definitiva que he resuelto llevar a cabo hoy, sin posibilidad alguna de postergación, no es producto del arrebato ni de mi volubilidad de carácter. Se debe, por el contrario, a un acto verdaderamente consciente, como pocos, de que es lo mejor que puedo hacer y que será una de las muy escasas decisiones de calidad que haya podido tomar en mi vida.

Desde este momento, sé que no será nada fácil vivir sin ti. Cuando menos en el tiempo inmediato. Pero confío plenamente en que el tiempo me curará de tu falta de presencia.

Y cómo no voy a padecer tu ausencia definitiva, si juntos hemos corrido la vida. Si siempre has estado conmigo en todos los acontecimientos. No tan sólo en aquellos catalogados por mi hiperegolatría como especiales y únicos, que ha registrado mi mente como fechas históricas en mi almanaque personalísimo, sino hasta aquellos, los más básicos, rutinarios y repetitivos, rutinarios y repetitivos, rutinarios y repetitivos, rutinarios y repetitivos.

Sin tratar de diferenciar cuáles son unos y otros, porque el intento sería vano, sí puedo decirte con precisión que estuviste conmigo fielmente desde el despertar por la mañana hasta el acostarme, y cuántas veces, con mis demonios desatados, me paré de la cama para buscarte y rogarte con desesperación que me acompañaras. En cuántas otras innumerables ocasiones, estando enfermo, tampoco te separaste de mí. Para decirlo de mejor manera, cómo no voy a extrañar tu compañía si en las buenas y en las malas siempre estuvimos juntos, y también, ¿por qué no decirlo?, era muy frecuente estar acompañado con otro de mis queridos amores, el licor. Los tres bien que nos divertíamos, o eso parecía ser, verdaderas orgías de excesos que protagonizábamos los tres.

Así, amigo mío, debo decirte que no te guardo ningún rencor. Gracias por no haberme hecho daños irremediables. Pero debes saber, con honestidad te lo digo, que nuestra relación, tan intensa, se convirtió en una relación enfermiza, tan dependiente, que me hice tu esclavo. Prácticamente no podía hacer nada sin ti. A partir de ahora he decidido enfrentarme sin ti a todos los momentos que me brinda la hermosa vida. Y estoy completamente dispuesto a superarlos con la valiosa ayuda de mi verdadero amigo, el que buscaré en todo momento. Estoy seguro que siempre estará a mi lado y que no permitirá que te vuelva a buscar. Pondré todo de mi parte para lograr mi completa felicidad sin ti.

No debes confiarte creyendo que éste es un intento más de abandonarte, como en muchos otros, que al poco tiempo regresaba a ti irremediablemente. Con un gran remordimiento y sentimiento de culpa por mi falta de palabra reconocí, en los últimos tiempos, que era imposible vivir sin ti, pero ahora créelo, es diferente y va muy en serio. Aunque por momentos sienta enloquecer por necesidad de tu compañía, puedes estar cierto que encontraré quien me tienda la mano en estos momentos difíciles y estoy seguro que los superaré. También estoy convencido de que conforme pase el tiempo menos te extrañaré. Es más, llegará el día en que ni me acuerde para nada de ti y si te viera cerca de mí, ten la seguridad de que no me moverás emocionalmente y tan pronto te ofrezcas, de inmediato te rechazaré tajantemente. Esto es, que si te veo ni te conozco.

Sin rencores te pido humildemente que nos despidamos en los mejores términos, agradeciéndote de todo corazón que nunca más vuelvas a buscarme para estar conmigo. Adiós para siempre

Nota
* Primer lugar del concurso "Por un futuro sin tabaco", organizado por la Clínica contra el Tabaquismo del Hospital General "Doctor Manuel Gea González".

 

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