El puro tabaco

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El número de personas que mueren por tabaquismo aumenta cada año. Sin embargo, también aumentan las empresas transnacionales que producen y comercializan tabaco en nuestro país. En este artículo la autora realiza un breve análisis de los elementos socioeconómicos detrás de esta aparente contradicción.

El puro tabaco

Aline Valdez

¿Será cierto que la muerte prematura de los consumidores de tabaco ayuda a la economía de los países, en tanto no representan más gastos médicos? Algunas personas así lo creen. Se argumenta que la muerte prematura por el consumo de tabaco reduce costos médicos a las empresas y al gobierno, pues disminuye el riesgo de que los trabajadores adquieran enfermedades prolongadas.

El número de personas que mueren por tabaquismo aumenta cada año. Se espera que dentro de un par de décadas, el consumo de tabaco sea la primera causa de muerte en el mundo. Y aun cuando el número de pacientes con alguna enfermedad relacionada al tabaquismo ha ascendido, también aumentan las empresas transnacionales que producen y comercializan tabaco en nuestro país.

Tal vez sea cierto que gracias a la muerte prematura de la gente adicta al tabaco, la economía de los países se vea menos afectada por no tener que seguir invirtiendo en gastos medicinales para dichas personas. El alarmante cinismo reside en que esta información aparece en los diarios, haciendo suponer que las personas no deberían dejar de fumar, para así beneficiar la economía de su país, aunque perjudiquen su propia salud.

En nuestro país se promueven y apoyan los intereses, personales y económicos, de las empresas transnacionales, las cuales han creado, gracias a la publicidad, un mundo ficticio de placer y seducción, donde sobresalen las grandes ventajas de consumir tabaco. Si el propósito gubernamental es que los individuos dejen su consumo de tabaco, ¿por qué se sigue impulsando la producción de este tipo de sustancias?

La respuesta a esta contradicción es sencilla: los fumadores deben continuar con su hábito, porque así enriquecen a las empresas productoras de tabaco, las cuales podrán seguir contribuyendo económicamente al gobierno. Éste, a su vez, continuará siendo favorecido, pues las muertes prematuras por tabaquismo le representan un ahorro significativo, al no tener que intervenir en el tratamiento de una enfermedad prolongada. Así que son los factores económicos los que verdaderamente impulsan el consumo de tabaco (casas Martínez Ma de la Luz, ¿Fumas? no gracias, prevención del tabaquismo en la adolescencia, México, 1997). En nosotros está decidir  si queremos seguir contribuyendo al enriquecimiento del gobierno, así como al fortalecimiento expansivo de las tabacaleras transnacionales, aun a pesar de los daños físicos que pueden provocarnos.