Se examinan los antecedentes históricos del problema social del uso y abuso de drogas y medicamentos a través del desarrollo de modelos teóricos representativos: el jurídico-represivo, el biomédico, el clásico y el hospitalario. Se analiza el rol político del médico (como destructor de estructuras de socialización) en el cambio de la representación social de remedio a medicamento. Se menciona cómo la oralidad (del curandero) es sustituida por la escritura (las recetas se entregan escritas, con una caligrafía incomprensible para los mortales). Igualmente se analiza el papel de las recetas como legitimadoras del medicamento galénico que lo sitúa por encima de los remedios del charlatán y cómo la satanización hacia la automedicación produce la imagen de los medicamentos como agentes de desintegración y estigmatización y desenboca en la distinción entre medicamentos éticos y de mostrador. Con estas medidas, los médicos recuperan el control sobre el dolor, prohibiendo a los particulares el derecho de mitigarlo por sí mismos: quien se atreve a violentar esta situación se le otorga clasificaciones sociales prejuiciadas.

En esta segunda parte se analiza la crisis del modelo clásico y la aparición del modelo hospitalario con la implantación del National Health Service, que representa una segunda etapa del proceso de automedicación debido a que si bien el modelo hospitalario nació como intento para lograr el monopolio de la curación, lo que realmente provocó fue el desarrollo masivo del proceso de automedicación Se mencionan las consecuencias que tuvo la aparición de la penicilina, los antibióticos, las benzodiazepinas, las vitaminas y los anorexígenos y se analiza el contexto sociohistórico en el que cada uno de estos medicamentos surgió. Se señala que el medicamento ha sido desde entonces un instrumento esencial de integración o segregación para regular la vida social y que ha producido inevitables desplazamientos entre los usos lícito e ilícito. Se hace referencia especial al consumo y uso de psicotrópicos ilegales y al alto grado de manipulación de que han sido objeto como blancos de los miedos colectivos y como medio de control social y político. Se mencionan algunas posibles salidas a las contradicciones creadas a través de conceptos como el de automedicación responsable.

La mayoría de los programas asistenciales para los usuarios de drogas han dado prioridad a la abstinencia frente a cualquier otro tipo de salida. Sin embargo, la extensión del virus de la inmunodeficiencia humana (VHI) entre los inyectores de drogas en la década de los ochenta, y la falta de un tratamiento eficaz para esta infección, obligó a centrar el esfuerzo en la prevención. Así , mientras se tiende a abandonar el propósito de la abstinencia, se adaptan modelos de reducción de daños provocados por el consumo de drogas inyectadas.

Es necesario provocar un proceso de reflexión crítica que promueva el mantenimiento o el cambio de los propios conocimientos, valores, actitudes, hábitos, rutinas didácticas...
Existe gran unanimidad en definir las drogodependencias como el resultado conflictivo de la interrelación entre las sustancias, el contexto y la persona. A estos tres últimos aspectos,

En contraste con la prohibición total de las drogas, la normalización, permitiría tratar sin imposiciones ni dramatismos todo lo relacionado con las drogas, en una búsqueda comprometida de la verdad, más allá de estereotipos, sin dejar de lado las consecuencias negativas del mal uso de las drogas. Este tratamiento normalizado de las drogas, favorecería no sólo la recuperación de los que tienen problemas por consumo y su inserción social, al no estar marginados en la sociedad, sino también su prevención, mediante acciones educativas coherentes con la cuestión de las drogas. La educación tiene como meta el uso responsable de sustancias psicoactivas al mismo tiempo que acepta la posibilidad de un consumo seguro y sostiene la reducción de daños en el caso de consumo de sustancias ilícitas, sin renunciar al objetivo de no consumo de drogas en ciertas situaciones y estados psíquicos, sobre todo, cuando el uso puede resultar peligroso y adictivo.

 

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