Permítanme comenzar con una pregunta: ¿Cuál es la fuente de información ideal con la que hoy contamos para ingresar a la visión del mundo de los adolescentes? ¿Cuál es el vehículo simbólico que nos abre la puerta para conocer sus valores, intereses, sentimientos e inquietudes?
La pregunta es importante, sobre todo, si queremos, a partir de ella, encontrar claves que nos permitan planificar programas de prevención de conductas adictivas que interpreten la realidad de los adolescentes, y por lo tanto sean aprobadas por ellos en razón de que hacen a sus intereses y visión de la vida.

Existen corrientes normalizadoras que piden cada día con más urgencia superar tanto prohibicionismo dentro de una política y un compromiso social más humano y más justo. Pero parece que asistimos también a no poca banalización del consumo de esas sustancias que llamamos drogas, sobre todo entre la población más joven, con unas consecuencias impredecibles a largo plazo. Son razones de más que invitan a retomar la cuestión del cannabis, pues se trata de una sustancia que se mueve en la cuerda floja entre la prohibición y la tolerancia del consumo.

En los últimos años resulta muy notorio el descenso del precio de las drogas ilegales, lo cual reviste especial relevancia cuando se compara con el alza del precio de las drogas legales. Esta realidad, unida a los resultados de las encuestas de población consumidora que revelan aumentos notables y a las crecientes cantidades decomisadas, indica que las políticas basadas en la prohibición y la abstinencia no están funcionando. En este escrito se articula una explicación al fracaso de la actual política, y se sugiere una alternativa para encauzarla.

En tiempos recientes y a propósito de un buen número de noticias que han ocupado gran parte de la agenda de los medios de comunicación en Chile, la opinión pública ha sido testigo de un caluroso debate en torno a temas relacionados con la seguridad pública.
En las distintas posiciones, que van desde la penalización de los delitos cometidos por jóvenes que usan y/o abusan de sustancias psicoactivas, hasta una comprensión del fenómeno que no da cuenta de los castigos y reparaciones necesarias, y trata de explicar sólo en una lógica social, la pauta que conecta estos argumentos ha sido la insistencia en una relación unívoca y directa (causal) entre juventud -drogas/alcohol- muerte.

Por motivo del Día Mundial contra las Drogas, el pasado 26 de junio, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (onudd) dio a conocer que 185 millones de personas, 3% de la población mundial, consumieron algún tipo de droga durante 2003. Sin embargo, uno de los problemas al que se enfrenta este colectivo es el de la invisibilidad paulatina ante la sociedad. En esto tiene mucho que ver la implicación de los medios de comunicación.

 

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