La organización de la familia

Cuando hablamos de la familia surgen muchos aspectos de su organización que resultan fundamentales para la comprensión del origen, desarrollo y establecimiento de conductas adictivas en su dinámica.
Desde mis primeras colaboraciones en esta sección, he tratado de acercar a nuestros lectores información sobre variados aspectos que conforman los estilos de vida de la familia.

La organización de la familia

Julio E. Hernández Elías

Cuando hablamos de la familia surgen muchos aspectos de su organización que resultan fundamentales para la comprensión del origen, desarrollo y establecimiento de conductas adictivas en su dinámica.

Desde mis primeras colaboraciones en esta sección, he tratado de acercar a nuestros lectores información sobre variados aspectos que conforman los estilos de vida de la familia. El objetivo básico que guía la difusión de estos contenidos es el de ofrecer elementos útiles para la vida cotidiana familiar, desde una perspectiva integradora o como dicen los teóricos: una visión sistémica. En esta ocasión, abordaré los niveles básicos de observación de la estructura familiar, como un primer acercamiento al funcionamiento de este grupo primario. Sea dicho con toda claridad, dedico este número a los queridos compañeros del Diplomado en Adicciones del Centro Acción.

Rescatar los conocimientos elementales de la estructura clásica de la familia nos posibilita una forma sistemática y explicativa sin rodeos --por el momento innecesarios-- de su estructura. Hemos mencionado en números anteriores las condiciones sociales y geopolíticas que enmarcan la situación de las familias urbanas, así como los factores de riesgo que limitan su continuidad y, a la vez, posibilitan su desarrollo al tratar de adaptarse a las condiciones cambiantes de la actualidad.

Es así como ahora describiremos sintéticamente los elementos familiares a los que es recomendable visualizar, ya que en ellos se pueden detectar posibles incongruencias que producen deterioro en el funcionamiento del grupo.

Propósitos o metas familiares
Nos indican la forma de guiar, organizar y proveer de bienes materiales y afectivos a los miembros de la familia. Cuando estos propósitos son actualizados, nos permiten medir la capacidad comunicativa y el grado de acuerdo que existe entre ellos. Hay sentido de continuidad, el cual hace que los miembros de la familia unifiquen sus contribuciones

A diferencia de la situación que se genera cuando las metas son difusas, la autoridad es vista como confusa e impide el desarrollo de la capacidad de juicio y del deber hacer. Los objetivos individuales son puestos más allá de los intereses de la familia. La individualidad es inaceptable. Las metas son seguidas rígidamente y todos los miembros deben trabajar en el mismo sentido para alcanzarlas.

Poder
Cuando la autoridad se ejerce sin ambigüedades y la pareja de padres se responsabiliza de sus decisiones, mantienen el poder con la contribución de las decisiones de los hijos; los padres son hábiles y tienen recursos para el manejo de los cambios. Si esto no es así, hay constantes choques entre padres e hijos. Los hijos manipulan para ganar influencia. Los padres tienen conflictos entre sí o hay alianzas padres-hijos contra del resto de la familia.

Límites
Los límites están constituidos por las reglas que definen quiénes participan y de qué manera en cualquier relación humana. Su importancia reside en proteger la diferenciación de los integrantes de la familia. Permiten ver el funcionamiento de la jerarquía, o sea de quien los transmite. Los límites deben ser claros, racionales y con afecto, ser flexibles y negociables, a pesar de ser impuestos por los padres. Las reglas se aceptan, se dan y se reciben con un sentido de cuidado por el otro. Cada familiar conoce su identidad individual y disfruta al compartir su vida con los demás. Los límites pueden cambiar rápidamente para satisfacer las necesidades familiares. Cuando la disciplina impuesta es rígida o indeterminada, los límites no son claros para los miembros de la familia ni para los observadores externos. Pueden impedir el crecimiento durante el transcurso del ciclo de vida de la familia. La mayoría de las reglas son rígidas o caóticas, implícitas y/o pueden ser cambiadas constantemente.

Roles
Los llamados roles indican la función que los miembros familiares desempeñan: los padres, y en ocasiones los hijos, como proveedores y organizadores, y los hijos como los beneficiarios del abastecimiento material y afectivo que los primeros brindan. En las familias cuyos padres ofrecen los recursos de manera suficiente, incondicional y sin arbitrariedades, los roles son satisfechos de manera complementaria. Hay satisfacción en el cumplimiento del rol y pueden cambiar de acuerdo a las necesidades de la familia.

Si sucede que las provisiones fallan, por ejemplo cuando los padres y los hijos con frecuencia intercambian sus roles, los roles se vuelven indefinidos; los miembros de la familia tratan rígidamente de satisfacer todos los roles de modo simétrico.

Comunicación
La comunicación, principalmente la emocional, nos brinda un reflejo del funcionamiento tanto de los roles que se asumen y se asignan como los que se desean; también nos permite observar el funcionamiento de los límites y de la jerarquía que ejerce el poder e impone metas y objetivos. En las familias con una comunicación espontánea, los mensajes enviados son congruentes, directos, claros y abiertos. Cuando hay diferencias de opinión, el contenido del mensaje se localiza en la intención, no en la persona.

En cambio, si la comunicación afectiva se impide o no es bien aceptada, constantemente se envían dobles mensajes. Las personas no se responsabilizan por los mensajes que emiten. Los mensajes contienen agendas secretas que no son entendidas. El contenido emocional envía más mensajes que el contenido verbal. Así se impide el desarrollo de la autoestima, la confianza de la expresión y la relación se limita o se frustra.

En resumen, estos elementos estructurales, que integran a los miembros de la familia, toman determinada forma redundante o patrón de relación repetitivo, que es propio al estilo de vida de cada integrante y a cada etapa del ciclo que la familia vive. Si estos patrones no se ajustan de acuerdo a sus necesidades evolutivas, producen y mantienen el tipo de organización que da forma y sentido al síntoma adictivo u otras disfunciones en su seno. Recuerden que las tensiones continuas que producen los patrones de conducta estereotipados, se convierten en fuerzas que tienden a distorsionar acuerdos, valores y creencias al interior del grupo familiar.

En nuestro próximo número, continuaré la noción de lo que puede ser más propio atender en cada una de las etapas del desarrollo, desde la posición del profesional de la salud emocional de la familia.

Para consultar
Estrada-Inda, Lauro, El ciclo vital de la familia, México, Posada, 1990.
Watzlawick, Paul, Teoría de la Comunicación Humana, Barcelona, Herder, 1986.
Hoffman, Lynn, Fundamentos de la Terapia Familiar, México, Fondo de Cultura Económica, 1987.

 

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