La familia posmoderna

Las condiciones del medio ambiente, así como la enorme y variada información a la que se está expuesto, han generado nuevas y complejas formas de relacionarse social y familiarmente. Así por ejemplo, las tendencias sociales de nuestra época, implican una ambigüedad en los limites relacionales de la familia, pues muestran una tendencia a extenderse más allá de los lazos físicos y de relación que definen a una familia. En este trabajo se analizan las nuevas composiciones familiares que surgen a partir del continuo estado de flujo que dispersa o reagrupa a sus integrantes (familia flotante), mostrando que ahora las relaciones fuera de casa tienden a ser más cercanas y; o intensas que las consanguíneas.

La familia posmoderna

Julio E. Hernández Elías

- ¿Pos qué somos?
- ¡Pos...modernos¡
Vox populi Diálogo afuera de una cantina

En el número anterior, describimos algunos fenómenos y condiciones del medio ambiente social en las que viven la mayoría de las familias que componen las grandes ciudades. En el ambiente saturado de las urbes, la mayoría de las familias ha experimentado una continua adaptación a los grandes cambios sociales. Los avances tecnológicos, principalmente en los transportes y la comunicación, han permitido una mayor migración, la mundialización de toda clase de productos y servicios a la población, y a la vez, globalizar la miseria, las epidemias, las nuevas enfermedades, las modas y las políticas.

La enorme y variada información a la que estamos expuestos ha generado nuevas y más complejas formas de relacionarnos social y familiarmente. Aquella que recibimos en el ámbito social, nos permite re-crear modelos de esa realidad que reproducimos en la familia. Invertimos tiempo, dinero y esfuerzo al enfrentarnos a más riesgos y daños potenciales, asumimos más responsabilidades sociales y, paralelamente, experimentamos mayores emociones desagradables, frustraciones e incertidumbres. Estas condiciones de confusión y equívocos tan peculiares, caracterizan las relaciones de la familia postmoderna.

Los miembros de la familia urbana pertenecen a algo así como una familia flotante, según refiere Kenneth Gergen1, la cual implica un acuerdo relativamente informal de las relaciones familiares, en un continuo estado de flujo que se dispersa o reagrupa conforme a las tendencias sociales que se mueven de un lado a otro. Existen nuevas composiciones familiares, como las surgidas de divorcios, que generan familias compuestas (la pareja que se une, más los hijos de cada uno) de segundas o terceras nupcias y dan pie a nuevos acuerdos para vivir conjuntamente --ya sea en casas compartidas, parejas homosexuales, experiencias en comunas, etcétera--. De esta manera, la ambigüedad en los límites relacionales, puede amplificarse hasta el punto de hacer indistinguible quién está dentro o fuera de la familia. Los lazos afectivos de las personas en las familias flotantes se incrementan y se dispersan, ya que el grupo de "los otros significativos" crece y se extiende más allá de los lazos físicos y relacionales que una vez definieron a la familia. La relación más importante en la vida de un individuo puede ser con una persona que no sea su pariente, incluso puede ser con alguien a quien prácticamente nunca se le vea, viviendo, a kilómetros de distancia, una intensa unión mantenida enteramente por medios virtuales, visitas ocasionales e imaginación activa.

A nivel personal, estamos viviendo las más variadas formas y posibilidades de relación social. La continua incorporación y mezcla de conocimientos y cualidades que tomamos de los otros, nos dificulta el reconocimiento interno de nuestros propios deseos, creencias y decisiones. Nuestro yo está constituido por una variada colección de sentimientos fragmentados internamente, que al observarlos, nos confrontamos a un conglomerado de seres amorfos, parciales y contradictorios.

Las relaciones fuera de casa que establecen los miembros de las familias, tienden a ser mucho más cercanas y/o intensas que las consanguíneas, debido a los lazos competitivos y asociaciones. Estas extensiones "como de familia" incluye a compañeros de trabajo o escuela, amigos, compañeros de club, contactos establecidos durante viajes y hasta protagonistas de programas televisivos.

Los participantes en la red de la familia flotante, están dispersos por la distancia y la intensidad de las relaciones, fluctuando entre llamadas telefónicas momentáneas, visitas, vacaciones y fiestas; de tal manera que su sentido de cercanía es variable con el tiempo y las circunstancias. Uno puede sentirse cercanamente conectado a aquellos con quienes compartimos el apellido y la sangre durante la comida del domingo y, sin embargo, el lunes sentirse más "en casa" durante el almuerzo con compañeros de trabajo conocidos de mucho tiempo e, incluso, apartados de "su incomprensible familia"; y, otro día de la semana, estas relaciones palidecen al compararlas con el profundo entendimiento con sus semejantes en una reunión de Alcohólicos Anónimos.

Cada relación puede entrar y salir de la conciencia relativamente en poco tiempo, al tener sus momentos de significación, sólo para ser reemplazada por otras relaciones de importancia contingente. De hecho, llega a suceder que cuando la familia tradicional está junta físicamente, cualquiera de sus miembros puede sentirse no exactamente presente y experimentar aislamiento al ser absorbido por otras relaciones con quienes se desearía estar.

Aquí es cuando pueden aparecer sensaciones de confusión, límites cambiantes y desvanecimiento de los ideales debido a la pérdida de un sentido firme de lo que una "buena familia" debería ser. Muchas de estos fenómenos dificultan el entendimiento de las distintas virtudes que la familia puede tener, intensificados por la influencia de los medios de comunicación, al proveernos de una gran cantidad de posibles alternativas a la familia tradicional. Cada hogar representa una imagen más o menos viable de la vida familiar y cada una cuestiona los derechos exclusivos de la familia tradicional, con el fin de ser considerado como único modelo correcto.

La televisión, más que otros medios, además de proporcionar sus bondades comunicativas en beneficio del auditorio, ha sido la que ha promovido una demanda pública e insaciable para "todo lo nuevo", que desgasta la imagen de lo tradicional así como de los valores asociados a ello a través de una amplia repetición y en cobertura nacional.

Es fácil observar cómo la audiencia y los patrocinadores de programas televisivos son cambiados al poco tiempo de estar en un sitio en la constante búsqueda del cambio hacia lo actual, lo último, lo novedoso. Este impacto en la familia lo revisaremos la próxima ocasión, dada la gran influencia en los hábitos y costumbres de las familias que conforman su gran audiencia.

Bibliografía
1 Gergen, K. Toward Transformation in Social Knowledge. Ed. Springer- Verlag. USA, 1991.

 

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