Lo familiar de las drogas

Investigaciones recientes coinciden al señalar que el consumo, abuso y dependencia de las drogas, se incrementa en los lugares donde confluye la tolerancia social, mayor disponibilidad y una sobreoferta de sustancias. En el artículo se discute la influencia de la globalización y trasnacionalización del marketing publicitario en la oferta y la demanda de la droga y su impacto en la sociedad.

Lo familiar de las drogas

Julio E. Hernández Elías

Durante el siglo XX, se generaron grandes cambios en los patrones de comportamiento en la vida social, laboral, cultural y de entretenimiento de la población mundial. Ciudades como la nuestra, se han convertido en contextos que generan un medio ambiente público y cotidiano sobrecargado de estímulos físicos y psicológicos. La tensión interna es característica en los habitantes de ambientes saturados que los aíslan y a la vez, los pueden conectar prácticamente con todo el mundo.

La experiencia social de cambios continuos de todo orden ha transformado la vida de las familias, principalmente las urbanas. De una vida en pequeñas comunidades, donde existía una convivencia con familiares y se compartían estilos de vida y formas de pensar similares, se ha transitado al uso de tecnologías que han desequilibrado los procesos de socialización y han alterado el panorama cultural.

Los avances tecnológicos en las comunicaciones y en los transportes, ha reducido las distancias y ha ampliado y complejizado la experiencia individual, cultural y social. De hecho, ahora establecemos contacto significativo con mucha más personas de las más variadas culturas y en cualquier parte del mundo. Socialmente estamos inmersos en una multiplicidad de relaciones que nos permiten conocer y compartir las inquietudes e intereses de mayor cantidad de gente. Nos solidarizamos con más causas, confrontamos mayores preocupaciones potenciales, mantenemos mayores compromisos sociales y, a la vez, experimentamos más desilusiones, pérdidas y confusiones. En la realidad globalizada en que vivimos, nos resulta familiar y hasta indiferente oír o hablar de problemas psicosociales crecientes , como el problema de las drogas. Podemos observar una gama creciente de valores, actitudes, opiniones, estilos de vida, personalidades, etcétera, que incorporamos en las propias definiciones de self. Crecemos hacia afuera de forma rápida, fragmentada y muchas veces acrítica, mientras hacia adentro se tambalean las seguridades individuales que brindaba la familia tradicional (unifamiliar, heterosexual y monogámica). "...por un lado, se construyen rasgos de una aldea global, a través de redes de producción, consumo y comunicación y, por otro, crece un retorno a la comunidad: en todas partes se fortalecen y multiplican los agrupamientos comunitarios, las asociaciones fundadas en una pertenencia común, la recuperación de tradiciones y rituales, los nacionalismos y localismos."1

El narcotráfico es lo que mejor se globaliza, pues ha unido a la producción un sustento mediático en cada localidad, con bajos costos y con máximas utilidades y al tiempo en que aumentan los costos sociales para el Estado y la familia. El problema de las drogas2, ha generado fenómenos mundiales de alto costo social, familiar y económico. El fenómeno de producción/consumo de sustancias psicoactivas, en cada elemento de su estructura y en cada una de sus etapas, tiene magnitudes de gran impacto en la sociedad global.

El consumo de estas sustancias repercute ---directa e indirectamente-- en el aumento de enfermedades y trastornos mentales, discapacidades crónicas y terminales (ej. cirrosis) en adolescentes y adultos jóvenes, que hasta hace pocos años sólo se veían en hombres y mujeres maduros o de la tercera edad. Con un mayor consumo, se incrementa el contagio de enfermedades infecciosas asociadas como la hepatitis, VIH o tuberculosis; las muertes y accidentes en la familia y la comunidad, así como la inducción de conductas violentas, son de mayor recurrencia. La enfermedad de la dependencia y todos estos signos asociados se han convertido en un negocio de alta rentabilidad, donde la apatía y la agresión, entre otras crecientes actitudes ciudadanas son el resultado de un complejo proceso mundial.

Los estudiosos del problema y las investigaciones recientes coinciden al señalar que, a partir del consumo masivo, existe la tendencia creciente al retraso en el potencial de cambio de los jóvenes en sus comunidades. El consumo, abuso y dependencia de estas sustancias, se incrementan en los lugares donde confluyen la tolerancia social del consumo, una mayor disponibilidad y una sobreoferta de sustancias.

El abandono de la escuela primaria o secundaria en espacios de urbanización generalizada y anárquica, es uno de los factores de riesgo más frecuentes que inciden en la necesidad de consumir. La falta de educación se traduce en descomposición de las ciudades al deteriorar la gestión, la integración cultural y la calidad de vida. Estos problemas acentúan la anomia cultural y la desorganización familiar en áreas de la comunidad con alta oferta, cuya descomposición de la vida ciudadana se presenta por falta de solidaridad y ausencia de redes de protección vecinal.

La globalización y transnacionalización del marketing publicitario, se presentan como facilitadores de la oferta de drogas e inductores de demanda, por medio de cadenas mundiales de producción, comercialización y distribución. Los nuevos actores internacionales en el campo económico, cultural y los medios de comunicación masiva, surgen y desplazan liderazgos, costumbres y escenarios históricos, lo cual impacta a las organizaciones públicas y privadas, degradando las relaciones humanas y las reglas sociales, familiares, escolares, religiosas, etcétera.

Las sociedades se hacen más vulnerables en esta comunidad global de interacción cibernética, no sólo como un fenómeno económico o financiero, sino como un nuevo reto a los promotores de salud.

Está demostrado que se pueden aprovechar los distintos factores de protección que se tienen al alcance en la sociedad para enfrentar estos problemas, lo que requiere un esfuerzo conjunto para contribuir a la construcción de nuevas y mejores habilidades en nuestros hijos, alumnos y demás pequeños y jóvenes con quienes tenemos contacto.

Las principales alternativas se dirigen a generar y fortalecer suficientes factores de protección que contribuyan a orientar a las familias de la comunidad acerca de las emociones, normas y valores universales, para impulsar su crecimiento y el desarrollo de estilos de vida saludable. Eso es lo contrario a la vieja tendencia a dar mayor énfasis a los estados patológicos, en los que se hacía la descripción exhaustiva de la enfermedades, y en el intento de describir causas y factores en las distintas esferas de las ciencias humanas. Los nuevos estudios enfatizan las "capacidades para afrontar" de los individuos (resiliencia), así como las descripciones de causas y factores que pudiesen explicar resultados deseados tanto en lo biológico como en lo mental.

A estas alturas, el individuo está dejando de ser el centro de la preocupación cultural, reemplazado por una conciencia de conexión social en la que nuestra existencia se funde con nuestras relaciones. La vida familiar que heredamos en este contexto está en conflicto, ya que brinda un sentido de fragmentación de los miembros de la familia. La discontinuidad y la confusión son los efectos más visibles de la vida familiar actual, que trataremos en las próximas entregas.

Notas
1 Millé, Carmen. Mujer, dependencia e identidad, ponencia presentada en el primer Congreso de Mujeres y Adicciones, una realidad negada. México 2000.
2 Savater, Fernando. et al "Tesis sociopolíticas de las drogas".En: Drogas, la prohibición inútil. Ediciones del Milenio, México, 1996, p.13
″YARIA, J.A., " Las drogas y el fenómeno de la globalización". Revista española de drogodependencias, Vol. 24, No. 2, 1999.

 

 

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