¿Le gusta el yogurt? De la alimentación para la recuperación

En este trabajo se revisan las bondades del yogurt como elemento terapéutico para el alivio de algunos problemas estomacales generados por el consumo de sustancias psicoactivas y consumo excesivo de alcohol de quien las ingiere.

¿Le gusta el yogurt?
De la alimentación para la recuperación

Julio E. Hernández Elías

Sabemos que el consumo repetitivo de sustancias psicoactivas causa estragos en la salud de quien las ingiere. Desde el más antiguo de los etilatos hasta la más nueva de las drogas de diseño dejan huella en el organismo que las recibe; pongamos por ejemplo a la más antigua y popular de las sustancias psicoactivas; el alcohol: bebida presente en nuestras vidas desde el nacimiento hasta la muerte, constituida en toda una institución. El abuso de dicha sustancia, en cualquiera de sus presentaciones, afecta lo que toca desde su ingestión hasta su eliminación del cuerpo (boca, esófago, estómago, píloro, duodeno, hígado, cerebro, riñones).

El bebedor que decide abandonar el consumo de alcohol se enfrenta al cambio en el periodo de actividad, a una primera fase de recuperación llamada sobriedad temprana. De una dependencia explícita o negada, en la que su organización defensiva era fuerte, transita hacia la necesidad de experimentar confianza en estructuras y apoyos externos por la debilitación de sus defensas, que se hacen primitivas al sufrir regresiones, y su capacidad de autocrítica prácticamente desaparece. Por ello es frecuente que el paciente experimente temores e impotencia y necesite guías para dirigir sus acciones. Los síntomas depresivos, la ansiedad, el insomnio y la necesidad de comer compulsivamente se incrementan.

La tarea terapéutica en esta fase inicial de la sobriedad, se enfoca a la sustitución del acto de beber por otras conductas que deben ser aprendidas; se realiza un proceso de enseñanza-aprendizaje entre el paciente y el terapeuta. Mientras el paciente ensaya nuevas acciones terapéuticas que repercuten en su cognición, ésta determina e influye en una mayor comprensión de su comportamiento.

Las tareas educativas y de apoyo que guíen los nuevos ensayos comportamentales, serán requeridos en la medida en que avanza la terapia. Es posible que un gran número de terapeutas indiquen medicamentos para aliviar la incomodidad del paciente o para tratar de reestablecer su funcionamiento cognitivo. Después de aliviar el síndrome de abstinencia con medicamentos --tranquilizantes en su mayoría--, muchos médicos creen que suprimirán el deseo de beber del paciente. La experiencia terapéutica marca lo contrario: muchos pacientes tienden a sustituir la adicción al alcohol por estos medicamentos e incluso agre gan otros. Lo que se ha comprobado es que el paciente requiere sustitutos conductuales que lo lleven a un cambio más duradero o permanente.

Siendo el aparato digestivo el primer sistema afectado por el abuso, el paciente debe conocer que su intestino contiene colonias de bacterias de fermentación que son la base de la digestión y eliminación, así como de la producción de algunas vitaminas que el organismo no puede elaborar y/o no puede obtener en cantidades suficientes a través de la dieta.

Las bacterias se multiplican constantemente, aunque generalmente son atacadas y destruidas por el consumo del alcohol, de antibióticos sintéticos, así como por dietas ricas en azúcares, productos refinados y el consumo de carnes que favorecen el desarrollo de bacterias de putrefacción, en detrimento de las de fermentación. La consecuencia inmediata es la irregularidad y problemas en la digestión, evidenciados en la aparición de diferentes enfermedades, acné, constipación y putrefacción intestinal.

La base para corregir estos problemas está en dejar de estimular el desarrollo de bacterias de putrefacción, eliminando la ingestión de carne y los productos refinados. Paralelamente, se debe promover el desarrollo e incremento de bacterias de fermentación, que ayudarán a regular y resolver estos problemas.

Yogurt es el nombre que originalmente le dan los búlgaros a una variedad de leche fermentada, que constituye uno de los principales alimentos de sus montañeses. Puede ser que el yogurt nazca de la necesidad de encontrar formas de preservar la leche fresca. Éste es un alimento sabroso, refrescante y nutritivo, utilizado por muchas culturas en una amplia gama de posibilidades culinarias y médicas. Es recomendado como un excelente antiséptico intestinal, empleado medicinalmente en el régimen alimenticio de los sujetos que padecen trastornos gastrointestinales o que tienen intolerancia a la lactosa, ya que el yogurt se digiere dos veces más rápido que la leche.

La importancia del yogurt radica en su gran contenido de bacterias benéficas (lactobacillus acidophillus, lactobacillus bulgaricus y/o streptococcus thermo-philus), que incrementan su desarrollo y su número en el intestino. Con ello se asegura su estabilidad, proveyendo al mismo tiempo proteínas, calcio, fósforo, riboflavina, vitamina B12, magnesio, zinc, ácido pantoténico y vitamina C.

Otro de los grandes beneficios del consumo de yogurt es su capacidad para controlar, regular y bajar los niveles de colesterol, el cual puede afectar tanto al corazón como al cerebro.

El colesterol y las grasas saturadas de la sangre (triglicéridos), están muy relacionadas con la incidencia de ataques al corazón y problemas afectivos como la depresión, los desórdenes esquizoafectivos, la hostilidad y la agresividad. Se ha podido comprobar que la sangre viscosa --debida a los triglicéridos--, tiene mayor dificultad para transportar suficiente oxígeno a las células cerebrales. Esta insuficiencia puede producir pequeñas lesiones cerebrales y coágulos en la sangre, cuya consecuencia es la presentación de síntomas de afectación cerebral y cardiaca.

De igual manera, el consumo de los llamados alimentos chatarra, produce un incremento de colesterol en la sangre, ya que además de contener colorantes, saborizantes, conservadores y otros productos refinados, son elaborados con grasas, margarinas, aceites o mantecas vegetales sometidos a procesos de hidrogenización. Dicho proceso se desarrolló con la idea de usar productos con bajos niveles en colesterol para evitar la presencia de éste en el torrente sanguíneo, los cuales, desafortunadamente, favorecen lo que pretendían evitar: un incremento negativo de colesterol en la sangre.

El consumo del yogurt también ha demostrado ser un factor principal de la salud y longevidad, aunado a la actividad y al trabajo. Así mismo, para ayuda para combatir infecciones fungosas de la vagina (vaginal moniliasis), problema común debido al uso de pantaletas y pantimedias de nylon que no permiten la penetración del aire.

Para las personas que no pueden digerir la leche, o no les guste el yogurt, se recomienda consumir lactobacilos en cápsulas o en polvo. El consumo de yogurt con miel y manzanas, así como de una dieta rica en frutas y verduras, contribuye a evitar estos problemas. Otro reconstituyente complementario es la lecitina de soya, que se puede conseguir en cápsulas y combinar con el yogurt a razón de una a tres cápsulas al día.

La alimentación en la recuperación de las adicciones es muy variada y dependerá del grado de afectación orgánica de cada caso.

Para consultar
Chávez Martínez, M. Nutrición efectiva = Comida vegetariana. Ed. México, 1993.
Chávez Martínez, M. Un camino hacia la salud. Diana, 1995.
Lezaeta Acharan, M. La medicina natural al alcance de todos. Grupo Editorial Pax, México, 1991.

 

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