La guerra contra las drogas desde la familia

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Las conclusiones ofrecidas por los esfuerzos de la investigación en el área de las adicciones, han demostrado que ciertas conductas y actitudes de la familia favorecen el consumo en los hijos. En este documento se proponen una serie de principios que la familia puede implementar para disminuir el riesgo del empleo de sustancias en los niños.

La guerra contra las drogas desde la familia

Psicólogo Julio Hernández Elías

Desde tiempos remotos la sociedad mantiene un juego dialéctico en donde se da más peso al individuo o a las instituciones estatales, según sea la forma de organización política. Individuo y Estado se transforman e inclinan la balanza hacia alguno de los extremos. Cuando se inclina hacia el individuo, pareciera que nadie se preocupa por el bien común, el pez grande se come al chico, falta solidaridad hacia los débiles, quienes son acosados y víctimas de la codicia, el canibalismo y la prepotencia. Si la balanza se inclina hacia el Estado, los individuos carecen de iniciativa, dejan de sentirse responsables de su comportamiento, no son toleradas las diferencias individuales, y la burocracia crece al punto en que impone y decide lo que debe ser bueno para todos y cada uno.

La historia nos ha demostrado que los extremos no son benéficos para la sociedad ni para los individuos; es más, creo que son nefastos. En estos momentos históricos resulta necesario reconocer que las personas tenemos valores y pesos específicos que el Estado está obligado a conservar, sin emplear políticas irracionales.

En este caso nos referiremos al problema de las adicciones. El ansia de poder o dinero y la ineptitud que ha demostrado el Estado al derrochar inmensos recursos económicos para su combate, se traducen en la escasez de resultados obtenidos hasta hoy.

Por eso, cada vez son más las voces que se suman a la propuesta de un debate nacional e internacional acerca de la legalización, despenalización o regulación a que deberá --tarde o temprano-- ser sometido el consumo de drogas ahora ilícitas.

Si el Estado ha de servir a los individuos y no al revés, podremos entender que cada uno de nosotros constituimos la verdadera realidad humana. Nuestra creatividad y capacidad de comprender y colaborar con la sociedad, nos permite participar en política, desarrollando prácticas sociales que den congruencia y fortalezcan los valores humanos.

Se hace necesario que los ciudadanos iniciemos acciones preventivas en nuestro contexto social inmediato --nuestras familias-- y forcemos al gobierno a reconocer y rectificar los rumbos erráticos. El Estado deberá reconocer los esfuerzos de los especialistas en la materia, quienes desde hace más de veinte años han trabajado en el problema. Las conclusiones obtenidas hasta la fecha nos conducen a entender un principio fundamental en la prevención de las adicciones, que el sentido común impone: si algo no funciona, hay que reconocerlo y evitarlo.

Bajo este principio, se han propuesto acciones tendientes al cuidado y protección de la salud y de las relaciones sociales que requieren de la participación estatal y familiar, para evitar políticas que faciliten el consumo de sustancias psicoactivas.

Por nuestra parte, dentro de la familia podemos evitar que el problema del consumo siga siendo si ensayamos sin titubeos los siguientes principios:

a) No ofrezca o proporcione alcohol o tabaco a los jóvenes, ya que esto facilita el acceso a otras drogas más dañinas. Se ofrece esta opción cuando en casa son consumidas estas sustancias de forma acrítica por los padres.
b) Tampoco vaya al extremo contrario y atemorice a sus hijos con historias trágicas o dramáticas, ya que producen incredulidad y se suelen tomar como exageraciones.
c) No amenace a los jóvenes, esto no evitará que las prueben. Recuerde que la amenaza implica una disciplina irracional semejante a la que la policía impone al abusar y violar los derechos del consumidor e ignorar que éste requiere tratamiento especializado y afecto.
d) Evite sobornar a sus hijos prometiéndoles regalos. El soborno familiar, al igual que el social, sólo provoca manipulación y corrupción de las reglas establecidas.
e) Confronte el consumo si aparece, y absténgase de resolver las posibles secuelas negativas de quien ha consumido drogas. No sea permisivo. Comprenda que su hijo tiene un compromiso consigo mismo: la conciencia de sus actos y la responsabilidad sobre sus consecuencias.
f) Recabe la mayor cantidad de información posible sobre el consumo de alcohol y otras drogas. De ser posible visite un centro especializado, un grupo de padres o grupos de autoayuda donde encontrará orientación.
g) Con la información obtenida le será más difícil minimizar el problema que encierra el consumo y evitará decir cosas irresponsables como "cualquiera a su edad se ha emborrachado con los amigos", "es natural que se divierta, está en la edad", "luego se le pasará".
h) Mejore la relación con su pareja (como lo sugerimos en esta sección en el número anterior). Evitar las riñas y entenderse con el cónyuge permite prestar atención al propio comportamiento, así como a las actividades de los hijos. En la medida que los padres pelean, los hijos buscan evitar el conflicto aliándose a alguno, huyendo de la escena, buscando ambientes menos hostiles, etcétera.

Algunos padres usan la culpa para tratar de controlar a los jóvenes --"me vas a matar de un coraje", "mira cómo sufro cuando no llegas"-- y otros tienden a negar el consumo de sus hijos, lo cual indica que no están preparados para enfrentarlo.

Si deseamos participar en las políticas que nos conciernen directamente, es necesario empezar a corregir lo que no resulta en la propia casa. Mientras el Estado se preocupa por los mercados internacionales, los precios del crudo, etcétera, nosotros podemos evitar amanecer con el crudo en casa. No sigamos en este renglón el ejemplo del Estado, que prohibe antes de conocer y orientar.

Hagamos valer nuestra libertad y derechos para corregir lo que nos toca. Legalizar o no vendrá después...

Para consultar
Mark Perkins, William. Hijos sanos en un mundo invadido por las drogas. Promexa. México, 1992.
Russell, Bertrand, Autoridad e individuo. FCE. México, 1973.
Savater, Fernando. Política para Amador. Ariel. Barcelona, 1992.