Pleitos de pareja: un problema de dos

En la relación de pareja se encuentra lo mejor y lo peor, la pesadilla y la utopía. Puesto que los hombres y las mujeres hemos sido educados de formas diferentes, tenemos concepciones distintas sobre el compromiso en la relación y el papel que cada uno juega en ella. Lo anterior genera conflictos, pleitos de pareja que lleva a que la relación sea un proceso orgánico que se transforma continuamente. En el presente artículo se brindan elementos de análisis para replantearse la forma en la que las personas se enojan o se pelean con sus parejas y tener así una visión más amplia y la certeza de que existe la posibilidad de un cambio positivo que ayude al mejor entendimiento con el cónyuge.

Pleitos de pareja: un problema de dos

Psicólogo Julio Hernández Elías

La relación de pareja es un proceso orgánico que se transforma continuamente. Desde el inicio de nuestra vida estamos en compañía de otro, de una pareja: deseada, temida, fantaseada, real, siempre una pareja.

En la relación de pareja encontramos el límite del mundo, lo mejor y lo peor, la pesadilla y la utopía. Los afectos rebasan la razón; la sinrazón dicta ley, malentendidos van y vienen porque se confunden los deseos, es la lógica impulsiva de la necesidad inaplazable.

Los hombres y las mujeres tenemos concepciones distintas sobre el compromiso en la relación y el papel que cada uno juega en ella, porque somos educados de diferente forma. Para la mayoría de las mujeres el compromiso con la pareja se concibe como un mandato inaplazable de un poder superior y desde pequeñas tienen mayor experiencia en la expresión de sus sentimientos.

A los hombres se nos ha educado para asumir un rol social que nos dificulta conectarnos con nuestros sentimientos. Por eso, la palabra compromiso no está asociada con necesidades directas, sino con lo que la mujer necesita, por lo que comprometerse equivale a frenar, detener y cosificar la relación de forma permanente.

Para muchos hombres es más fácil comprometerse con una causa, con una idea, con un hijo o con un amigo, que con una mujer. Si este es su caso, es muy posible que su compromiso de pareja no haya sido lo suficientemente explicitado desde su inicio y haya necesidad de recordar que el primer compromiso irrenunciable de una persona es con su libertad de elegir.

La pareja es necesaria porque funciona como protección contra el desamparo y la muerte psicológica. Tiene componentes regresivos que facilitan las más floridas proyecciones. Se ponen en juego los deseos más reprimidos y los temores más insospechados.

Si los conflictos no son resueltos pueden llegar a traducirse en actos de agresión o abandono, en pleitos pareja, muchas veces necesarios para el equilibrio de la relación. Las conductas con que se enfrentan estos desajustes de la pareja marcan los destinos de las diferencias entre ambos. Procure reforzar las bases de su relación con el compromiso, la confianza y la lealtad hacia la pareja.

Replantearse la forma en la que usted se pelea o se enoja con su pareja pudiera ofrecerle una visión más amplia, así como la posibilidad de influir en este hecho. La convicción de que las cosas seguirán siendo iguales frustra el cambio: despoja de las motivaciones que impulsan a ensayar algo constructivo, a modificar el pensamiento y la conducta propios.

Los cambios que puede realizar una pareja
Tómese unos minutos para usted mismo. Escriba lo que siente y lo que piensa. Trate de detectar las actitudes o creencias que le hacen perder las ganas de introducir un cambio en su forma de actuar. No espere a que algo ocurra para que las cosas cambien, tome el riesgo de responsabilizarse de usted mismo.

El pleito puede ser una forma de comunicar tensiones acumuladas entre los miembros de la pareja. Cuando se les enfrenta con una actitud abierta, no hay vencedor ni vencido, ambos aprenden y pueden llegar a encontrar sentido y significados más profundos en la relación. Algunos matrimonios refieren que un pleito con el o la cónyuge de vez en cuando contribuye a mantener vigorosa la relación.

Contrólese, es válido enojarse y tener ganas de estrangular a su pareja, pero procure conservar la capacidad para decidir qué hacer con el enojo y en qué momento se puede intentar la conciliación de las diferencias.

Evite las discusiones repetitivas de un solo tema y hable lo menos posible sobre el pasado. Si existen asuntos pasados que inquietan y se repiten, procure abordarlos sólo si su pareja la acepta. Cuando discuta, concéntrese en el problema presente, no salte de un problema a otro, intentando desahogarse de una sola vez. Piense cuidadosamente cada palabra que diga, no haga insinuaciones sobre la vida sexual de su pareja ni ataque su personalidad. Termine un pleito tan pronto sienta que puede tornarse destructivo.

Los cambios constructivos de algún cónyuge contribuyen a mejorar el clima de la relación y puede llevar al otro a intentar cambios positivos. Cuando usted inicia nuevas formas de cooperación y confianza, es posible que su pareja desconfíe y responda a ellos con escepticismo. Examine actitudes y acciones que socavan su propia confianza. Siga intentándolo, como si confiara. El cambio conductual contribuye al lograr el cambio en la forma de pensar.

Si estos cambios producen una actitud constructiva y cooperadora, se pueden intentar acciones concretas para mejorar la relación. Por ejemplo, podría fijar su atención en las acciones agradables que hace su cónyuge y reconocerlas como tales.

Cambiar los patrones de interacción conflictivos y la concepción de nuestros derechos y obligaciones dentro de la pareja resulta menos difícil de los que se cree. La mayor dificultad radica en mantener el esfuerzo para intentarlo con tenacidad. Esto proporciona reducción del sufrimiento y contribuye al entendimiento con el cónyuge.

Así que échenle ganas...

 

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