En este artículo se hace un breve análisis de los cuatro elementos básicos que estructuran la relación familiar concebida como un lenguaje: el signo, el símbolo, el mito y el rito. En opinión del autor la transmisión cotidiana de estos códigos se relaciona de manera estrecha con la producción de sentimientos de pertenencia a la familia, de estrategias para la curación y el equilibrio psicofísico, al tiempo que define las identidades individuales y de grupo, así como la expresión y negociación de creencias y celebraciones. Su objetivo final es ayudar a los hijos al descubrimiento de sí mismos, proceso que debe ser explicado por los padres y comprendido y vivido por los hijos.

En esta segunda parte el autor analiza signos, símbolos, leyendas y mitos tanto del pensamiento irracional mágico-religioso como del lenguaje de antiguas Ciencias Sagradas. Afirma que si bien la mayoría de los científicos actuales los explican como el anhelo de trascendencia del hombre después de la muerte, las Ciencias Sagradas como la cosmogonía ven en estos símbolos, mitos y leyendas la relación del hombre con el cosmos.

Mientras que las mujeres han analizado la historia, el lenguaje, el arte y han incursionado y reformado la política, la economía y la sociedad en general, los movimientos masculinos son incipientes, casi invisibles, mantienen un rezago importante en sus habilidades de autoconocimiento. En este artículo el autor analiza brevemente las influencias culturas caducas que educan a los hombres para la guerra y a las mujeres para la crianza. Externa su opinión sobre las urgentes tareas masculinas para lograr una relación tierna con una mujer, dentro de las cuales la coherencia personal y la libertad de elegir son fundamentales.

A través de la siguiente cita de D.W. Winnicott: ... Por amor a los adolescentes y su inexperiencia, no permitirles que crezcan y adquieran una falsa madurez, al otorgarles responsabilidades que todavía no les incumben, aún cuando puedan luchar por ellas, el autor de este artículo llama la atención sobre los cambios que a lo largo de las diferentes etapas de la adolescencia van teniendo los niños y las niñas en su pérdida de identidad infantil y la construcción de otra identidad en otro cuerpo. Menciona la necesidad frecuente de buscar ayuda de un terapeuta familiar para saber cómo enfrentar esta crisis de crecimiento.

En este trabajo se hace una reflexión sobre el significado de los términos falta de valores, el autora lo aborda dentro del plano del significado espiritual, de la relación del hombre con las cosas y el mundo que lo rodea, significa una comunicación estable, equilibrada y adaptativa con el mundo. Cuando el individuo limita la relación con un solo objeto y establece relaciones parciales se aísla de los demás, provoca situaciones de riesgo para su salud, que lo llevaría muy fácilmente al enojo, la violencia, y la tristeza. Para finalizar se hace referencia al trabajo psicoterapéutico con el paciente adicto a sustancias, y se pone de manifiesto que la felicidad depende de encontrarse a sí mismo, que la práctica de valores como la confianza contra el temor, la gratitud contra la autoconmiseración, la aceptación contra los resentimientos, y la honestidad compartida es el camino para establecer la relación abierta con el mundo, y el trabajo terapéutico de estos valores merece la atención de un seguimiento individual y familiar de tipo educativo.

 

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