Vivir y beber Entrevista con Hugo Hiriart

LiberAddictus: ¿Cuándo dejaste de beber?
Hugo Hiriart: Hace quince años, cuando me Interné en Monte Fénix y empecé mi rehabilitación. Estuve un mes en la clínica. Recuerdo que ahí cumplí los cuarenta años. La experiencia en ese lugar me hizo un efecto tan fulminante que, al salir de ella, no volví a beber. Y lo primero

Vivir y beber
Entrevista con Hugo Hiriart

Sinto Espresate Renau y Julio E. Hernández Elías

LiberAddictus: ¿Cuándo dejaste de beber?

Hugo Hiriart: Hace quince años, cuando me Interné en Monte Fénix y empecé mi rehabilitación. Estuve un mes en la clínica. Recuerdo que ahí cumplí los cuarenta años. La experiencia en ese lugar me hizo un efecto tan fulminante que, al salir de ella, no volví a beber. Y lo primero que hice al salir fue encargar a mi hijo, porque en la clínica decidí hacerme cargo de varias cosas que antes no quería asumir. Asumí a mi pareja y por eso encargué a mi hijo.

LiberAddictus: ¿Cómo repercutía tu forma de beber en tu trabajo creativo?

Hugo Hiriart: Por fortuna no dejé de trabajar. Escribía en las mañanas, generalmente crudo. Conservo unos diarios muy escuetos que llevaba entonces. A veces los veo y no puedo creer como aguantaba esa vida. Me levantaba, desayunaba a fuerzas y luego me sentaba a escribir, estuviera como estuviera. Si la cruda era demasiado brutal, ya no podía hacer nada. No bebía hasta las dos de la tarde, tenía la superstición de no beber antes y por eso nunca lo hice. Uno de los factores que me hizo entrar a la clínica fue que empecé a perder esa regulación, y hubo un tiempo en el que empecé a beber antes de las doce. Me pareció muy mal aviso; ya había perdido el control y era un esclavo completo. Pero por lo general empezaba a beber a las dos y a las tres de la tarde dejaba de trabajar. Muy de cuando en cuando trabajaba un rato en la tarde, cuando me sentía inspirado, pero lo que hacía era muy deficiente.

LiberAddictus: ¿Con el alcohol era deficiente?

Hugo Hiriart: Sí. Eso de que el alcohol ayude a trabajar es una leyenda y una tontería.

Un carpintero no trabaja mejor si tiene adentro sus tequilas. Pierde precisión y articulación de sus movimientos. Si esto le sucede a un carpintero, ¿por qué no va a sucederle a un escritor? Ahora recuerdo a un escritor que también bebía mucho. Nos habíamos hecho amigos e íbamos al Tenampa. Un día me dijo que en un texto se notaba la embriaguez. Y eso no ayuda en nada. Todos los poetas lo dicen pero no es cierto. Se pierde precisión mental, capacidad de deliberación.

LiberAddictus: ¿Tuviste contacto con Alcohólicos Anónimos?

Hugo Hiriart: Sí, en la clínica Monte Fénix, porque está organizada alrededor de los grupo de Alcohólicos Anónimos. Mi primera junta fue ahí. Al principio, cuando supe de las juntas, quise dejar la clínica, sentía desprecio y arrogancia, me parecía una vulgaridad. Por fortuna no me salí, asistí a las juntas y fue un efecto fulminante. Rápidamente me incorporé. Empecé a participar ya aprender lo primero que aprende un alcohólico de mi edad, que es a verbalizar la enfermedad, a perder miedo a hablar de esto. Al principio sentía una vergüenza tremenda al hablar del alcohol, me quería esconder o huir, pero lentamente aprendí a formularlo verbalmente. Ese es uno de los métodos más antiguos de curación, la curación por la palabra, los griegos lo usaban.

LiberAddictus: En Alcohólicos Anónimos se maneja mucho la espiritualidad como parte de la rehabilitación, ¿qué significó para un intelectual de la bohemia como tú?

Hugo Hiriart: Hubo una cosa que me hizo bien, y es que Alcohólicos funciona con personas que no tienen pretensiones, pedantería o arrogancia, sino que se consideran normales. Por fortuna mis cosas chuecas no iban por ahí, me sentía una persona común y corriente, nunca creí que mereciera explicaciones especiales, nunca quise teorizar de más, acepté al grupo como lo que es: un espacio de ejercicio terapéutico al que uno se presta sin ponerlo en duda. Hay que asumirlo al entrar. Es como una gimnasia del espíritu, como cuando se aprende a nadar: uno tiene que aventarse al agua y probar una y otra vez. Por eso no me costó trabajo, aunque tengo conocidos que sí les ha costado mucho trabajo, pero es por eso. Si uno se considera de la grey, no hay problema, y sobre la espiritualidad: antes de entrar a Alcohólicos Anónimos, uno entiende por espiritualidad cosas muy raras, pero en realidad es algo muy sencillo, le sirve a uno para la convivencia con los demás. En el fondo, la espiritualidad consiste en salir de uno mismo, en perder el egoísmo egocéntrico y aprender a ver que hay otras cosas además de uno.

LiberAddictus: Escribiste un libro sobre esto, Vivir y Beber que ha sido muy importante por su gran sencillez, ¿cuáles fueron las motivaciones para escribirlo?

Hugo Hiriart: Cuando entré a la clínica, todos mis conocidos sabían que yo era un alcohólico tremendo. Ellos lo sabían, yo no tanto. Se sorprendieron cuando vieron que ya no bebía nada, y como todo mundo tiene algún familiar o un amigo alcohólico, me preguntaban o me pedían consejo. Yo les empezaba a explicar y así me di cuenta de que había una gran ignorancia en materia de alcoholismo. La mayoría de la gente hace lo contrario a lo indicado, le riñen al enfermo y le dicen que no beba, pero eso hace más rebelde y difícil la enfermedad. Entonces fue cuando decidí escribir algo para llenar el hueco, o al menos el que llenaba al hablarlo. Lo escribí relativamente rápido, con el propósito de que fuera una ayuda para la gente que quiere dejar de beber. Porque esa es otra cosa: yo tenía amigos muy bebedores, que ya no me buscaban cuando dejé de beber porque sentían que mi presencia era acusatoria. Me veía obligado a decirles que no me interesaba si bebían o no, ese era problema de ellos, Por eso el libro es para la gente que quiere o tiene la curiosidad y las ganas de dejar el alcohol, o de entenderlo un poco.

LiberAddictus: ¿Qué opinión tienes sobre el consumo de alcohol y otras drogas en el país?

Hugo Hiriart: Cuando escribí el libro intenté divulgarlo durante un tiempo. Fui a ver gente y ahí me di cuenta de la cerrazón que hay. Por ejemplo, una de las cosas que recuerdo con más sorpresa y todavía me da coraje, es lo que me hicieron en la Fundación Domecq. Una amiga me llevó con el mero gerente y hablé con él, le propuse que financiara unos cuadernillos de divulgación, para regalarlos en las iglesias. Les dije que si gastaban millones de pesos en publicidad para el alcoholismo, y que podían gastar un poco en su combate, pero nunca me dieron ni un centavo. Mientras cualquier otra empresa podía invertir algo de capital para deducirlo de impuestos. con más razón tendría que hacerlo la Domecq, que se dedica con toda el alma a promover el alcoholismo. Luego también, ¿cuánto crees que el gobierno reciba de impuestos de las compañías alcoholeras? Han de ser millones. y no creo que quieran recibir menos. Por eso me parece que no existe la voluntad de enfocar esto como un problema en ningún sector de la sociedad, ni la iniciativa privada, ni el gobierno, ni nadie, cualquier cosa que uno hace es remar contra la corriente, se necesita ser un héroe para no agotarte y mandar todo al demonio. Porque eres como un loco que se la pasa hablando y hablando y nunca te hacen caso, pero el problema es grave y hay muchos renglones donde se podría actuar. Uno es sobre la cultura del alcohol, habría que estudiarla y hacer campañas para ayudar a que en México se haga una cultura del alcohol menos estúpida, menos destructiva.

LiberAddictus: Como los ejemplos de Europa.

Hugo Hiriart: Esos son fenómenos sociales muy complicados, por ejemplo, en Chile no hay una buena cultura del alcohol; en Argentina también se consume alcohol pero hay una mejor cultura. De ahí que cuando los argentinos están en la calle y ven un borracho, dicen que ha de ser chileno.

Por lo que se refiere a Europa, los fines de semana en España llegan a ser terribles, por ejemplo en la ruta de Santiago de Compostela, en su plaza, maravillosa, que en la noche de los sábados está llena de jóvenes borrachos, muy desagradables, porque los borrachos me caen gordos, no me divierten ni nada, me parecen estúpidos, muchachos vomitándose, otros aventando botellas contra los carros, no tiene chiste eso.

 

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