El alcohol: una institución. El narcotráfico: una tragedia Entrevista con Carlos Monsivais

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Se presenta una entrevista realizada por LiberAddictus al destacado escritor mexicano Carlos Monsiváis en la que se aborda el tema del papel que el cine mexicano le ha asignado al consumo del alcohol. Se afirma que con raras excepciones se presenta la ecuación alcohol-alegría-fiesta-machismo justificado. El alcohol no es visto como un elemento trágico, sino que es la traición de una mujer la que introduce la faceta de tragedia. Se llega al alcohol por ser mexicano, por haber sido traicionado o por no resistir la soledad, como lo revelan las canciones de José Alfredo Jiménez. En opinión de Monsiváis, son las canciones más que las películas las que ejercen influencia sobre el abuso en el consumo del alcohol. Se toca además el tema del narcotráfico que brinda la posibilidad a cientos de miles de mexicanos de acceder a una vida a la que de otra manera no tendrían acceso, pero a costa de destruir el tejido social, convirtiéndose así en una tragedia para el país y para cualquier estado afectado por este fenómeno.

El alcohol: una institución
El narcotráfico: una tragedia
Entrevista con Carlos Monsiváis

Sinto Espresate Renau y Julio E. Hernández Elías

LiberAddictus: ¿Nos podrías hablar del papel que se le ha dado al alcohol y su consumo en el cine mexicano?

Carlos Monsiváis: En ningún momento puede decirse que haya un acto de denigración por el alcoholismo en los héroes del cine mexicano, aunque en algunas películas existe su condena a través de personajes que representan el alcoholismo como enfermedad, destrucción de la vida familiar, proclividad al delito o franco ensimismamiento en la miseria moral. Pero las más de las veces hay una ecuación alcohol-alegría-fiesta-machismo justificado. Trato de recordar películas donde el alcohol sea el tema de la pesadilla y no encuentro el equivalente de Días sin huella y otras películas norteamericanas, donde el personaje vive el alcoholismo como el hundimiento en un infierno sistemático y minucioso. En todas las películas, desde fines de los treinta a los cincuenta, el alcohol es el elemento de la juerga, una obligación del macho, la representación de la vida mexicana típica y clásica. Hay teporochos para los cuales el alcohol es la transformación de la realidad, como Resortes en Los Fernández de Peralvillo; alguien que lo ha perdido todo por el alcohol y es capaz de canalladas y humillaciones, pero se mantiene en el ámbito de. lo pintoresco. Hay desde luego el abismo en el que el héroe cae por el abandono de la mujer, o por su propia constitución mexicana, pero en todo esto el alcohol no es un elemento trágico; la forma en que el héroe asume la tragedia es porque ha habido la traición de la mujer. Pedro Infante en muchísimas ocasiones va al fondo, pero lo hace por la mujer, el alcohol es su modo de descenso, pero de ninguna manera su castigo. En Los tres García y Vuelven los García, Pedro Infante está entregado a la borrachera por razones de la vida, pero el alcohol no es un elemento dañino, es la confirmación de que la vida lo ha maltratado. En las canciones, pienso sobre todo en el repertorio dé José Alfredo Jiménez, el alcohol es aquello a lo que uno llega por mexicano, por traicionado, por no resistir la soledad. Las canciones de José Alfredo ahí están: entre copa y copa se acaba mi vida, llorando borracho tu pérfido amor, traigo penas en el alma que no las mata el licor en cambio ellas sí me matan, o voy borracho con mis cuates, diez mariachis y tequila; es de nuevo la fiesta y la celebración; el alcohol es una obligación social y un juego que se convierte en institución. Si yo me emborracho todos los días termino siendo alcohólico. Pero me emborracho todos los días porque de esa manera me ha enseñado la vida, el juego de la mexicanidad.

LiberAddictus: ¿Tú crees que el cine haya influido para dar esa visión, o al revés, el cine ha tomado cosas que ya se daban?

Carlos Monsiváis: Es mucho más la canción que el cine. El cine describe situaciones y proporciona estilos de conducta y comportamiento, pero no influye, no hay un verdadero acto conminatorio en el hecho cinematográfico; en la canción sí porque se convierte en un gran molde, en un reflejo condicionado. Oigo una canción y entró en una atmósfera donde la borrachera se vuelve obligación y deleite. En cambio el cine, salvo que uno tenga la posibilidad de poner el videocasete para transitar a la borrachera, no influye tanto. Como estilo sí, Pedro Infante desde luego es un gran estilo para acceder a la borrachera, quiero emborracharme como Pedro Infante, tengo que adoptar ese rostro sufrido, esa compasión de mí mismo, que a la vez es una redención del amor fracasado. Jorge Negrete es un caso distinto. es una altivez que cuando llega a la borrachera no la asume existencialmente, la decora, le da posibilidades de gestos altivos, gloriosamente campiranos, pero no le da ese tono de drama existencial que Infante sí provee. Ver a Infante borracho en Oveja negra o en No desearás la mujer de tu hijo es entender cómo piensan los borrachos mexicanos que deben emborracharse. No se trata de una relación de causa, sino de un proceso estilístico.

LiberAddictus: ¿Podrías contarme cómo ves la situación de las adicciones y el narcotráfico?

Carlos Monsiváis: Muy grave, porque no hay una forma de evitar que se piense que la adicción es una forma de vivir gloriosamente. Si la cocaína, la mariguana, el crack o el éxtasis funcionan como paraísos prometidos y accesibles, es porque se sigue pensando que la transformación inducida de la realidad es algo extraordinario. El aumento en el consumo de droga tiene que ver con la idea de que con un mero acto mecánico se pueden embellecer las vivencias, la percepción de la que existe. Hay toda una industria que apoya esa metamorfosis instantánea de lo real, y esto trae consigo una desintegración del tejido social, que trasciende lo que el alcohol había dado, porque el alcohol desde luego que ha destruido cientos de miles de millones de vidas, ha propiciado actos salvajes, ha sido el soporte de las peores conductas del machismo, ha corroído la vida familiar e individual, pero el consumo de droga, en la medida que tiene que ver con el narcotráfico, se ha vuelto una tragedia para el país y para el Estado. No sólo para México: toda América Latina está amenazada gravísimamente por el narcotráfico. Por eso soy partidario de la legalización de la droga, creo que con todos los males que pueda traer, es preferible a continuar admitiendo, a través de su prohibición, la existencia del narcotráfico, que es mucho peor. Ante el narcotráfico no hay todo el festejo del comportamiento que tiene el alcohol, pero hay, otro pacto faústico, en el cual cientos de miles de personas pueden acceder de inmediato a una vida negada por su condición social. El narcocorrido, por ejemplo, festeja ese cambio mediante el cual alguien entrega la posibilidad de una vida tranquila a cambio del poder desmedido que el narcotráfico proporciona. El narcotráfico proporciona a cientos de miles la posibilidad de una vida a la que de otra manera no tendrían acceso.

LiberAddictus: ¿No se podría entonces tender una línea desde el alcoholismo a la Pedro Infante a estas posiciones?

Carlos Monsiváis: No la veo. En primer lugar está la introducción, en unos cuantos años, en el mundo entero, de una transformación instantánea de la realidad, que además lleva aparejada la adquisición de una fortuna súbita. El alcohol tardó siglos en convertirse en esa institución. El narcotráfico lo logró en quince o veinte años, cuando mucho. En segundo lugar, hay toda la potencia del narcotráfico, que le permite a hijos de campesinos, gentes que viven en el lumpen urbano y rural, gozar lo que de otro modo jamás en su vida soñarían, y en tercer lugar hay esta demolición del aparato de justicia, que en el caso del alcohol no se da. Por eso estoy a favor de la legalización del consumo. Lo otro es meternos en esta pesadilla monstruosa, que en quince años puede acabar con la vida latinoamericana. Pienso en quince años como una generación. En el término de quince años, si no se le pone coto al narcotráfico, éste podría acabar con lo que hemos conocido como vida social. Hay que pensar que, de acuerdo con la Procuraduría General de la República, y la dea, el narcotráfico deja en México, cada año, ocho mil millones de dólares. Con esa cantidad no habría manera de que el aparato de justicia pueda enfrentársele.