El enfoque antropológico Entrevista con Luis Berruecos

Imprimir
Se presenta una entrevista realizada por el director de Liber-Addictus Sinto Espresate Renau y por el Psic. Julio Hernández al Antropólogo Social Luis Berruecos Villalobos quien es profesor titular del Departamento de Relaciones Sociales de la UAM-Xochimilco e investigador del Centro de Estudios sobre Alcohol y Alcoholismo. El autor afirma que cuando las personas consumen alcohol se deshiniben y pueden relacionarse de una mejor manera, por lo que se dice que el alcohol es un lubricante social. A lo largo de la entrevista se exploran temas como el abordaje cultural que realiza el antropólogo sobre el consumo de sustancias y las relaciones afectivas entre los humanos, las diferencias en el consumo de comunidades rurales y urbanas, las múltiples funciones que cumplen las drogas, tanto las médicas como las ilegales, el papel de los medios de comunicación en los patrones de consumo del alcohol y los diferentes patrones de consumo entre adolescentes y adultos. Se sugiere una prevención y tratamiento integrales, con un enfoque médico, nutricional y terapéutico y se menciona la importancia de la investigación.

Entrevista a Luis Berruecos
Un enfoque antropológico

Sinto Espresate Renau y Psicólogo Julio E. Hernández Elías

LiberAddictus: ¿Cómo aborda la antropología el consumo de sustancias y las relaciones afectivas entre los hombres?

Antropólogo Berruecos: Para la antropología, el consumo de sustancias adictivas se aborda desde una perspectiva cultural. Trata de definir qué, cuándo, cómo, a qué hora, con quién, por qué y para qué consume un grupo social las sustancias adictivas. Por ejemplo, las sociedades menos desarrolladas no tienen la costumbre de consumir sustancias adictivas. Si lo hacen, es dentro de un marco religioso. Tal es el caso de los huicholes, quienes acostumbran ingerir sustancias psicodélicas una vez al año, en un acto de comunión ritual, para limpiar los pecados que cometieron durante el año y acercarse a Dios. Donde sí se observa un incremento en el uso de sustancias es en las sociedades urbanas, donde se ha desvirtuado el marco ritual para convertir el consumo en un problema de salud pública, muy relacionado con la criminalidad, la delincuencia y otros problemas que afectan a todos los estratos sociales.

El antropólogo examina las características que son comunes a todos los miembros de la sociedad para establecer la norma o patrón cultural de esa sociedad. Desde luego, siempre existirán grupos de personas o individuos aislados que se saldrán de esa norma o patrón, por lo cual se les considera desviados socioculturales, pero en las sociedades donde las reglas sociales son claras y las acciones punitivas contra sus transgresiones son ejercidas limpiamente, hay pocos problemas. En otro aspecto, por ejemplo, en el caso del homosexualismo o de las relaciones afectivas entre hombres o mujeres, los estudios normalmente indican que éste no es el patrón común y si así lo fuera ¿cosa que no se ha encontrado? Quienes estarían fuera de la norma serían los desviados socioculturales, esto es, los que no comparten con la mayoría tal costumbre.

LiberAddictus: ¿Qué diferencias hay entre el consumo en las comunidades rurales y en las urbanas?

L. B.: El consumo de sustancias adictivas no es igual en las zonas urbanas que en las rurales por diferentes razones. En primer lugar, las zonas rurales mantienen relaciones más estrechas entre sus miembros. En algunas comunidades aisladas, todo mundo sabe quiénes son los narcotraficantes y cuándo celebran los quince años de sus hijas, muchos participan en estos festejos e incluso salen en los periódicos; la complacencia de las autoridades para no arraigarlos --ahora es la palabra de moda-- es inaudita. Hay más solidaridad e igualdad entre la gente y, por lo tanto, los mecanismos para incrementar dicha solidaridad son múltiples: el compadrazgo, las fiestas religiosas, o las ceremonias de iniciación ligadas a la religión, como el nacimiento, el matrimonio, la muerte o la presentación en sociedad. Hay una relación estrecha entre la economía y la religión: por citar un caso, tenemos las fiestas asociadas al cultivo de ciertos productos: el dos de febrero, día de la Candelaria, el sacerdote bendice las semillas que se sembrarán para las cosechas del año: el sacerdote, hombre, riega agua bendita sobre la mujer esposa del campesino, y ya fuera de la iglesia, en el campo, ella misma abre la tierra para que el hombre penetre en ella la semilla: el simbolismo sexual es simplemente maravilloso. En el caso del abuso de ciertas sustancias, como el alcohol, por ejemplo, se da porque favorece la interacción social, Cuando los individuos lo ingieren se desinhiben y pueden relacionarse de una mejor manera: por eso se dice que el alcohol es un lubricante social, listo para utilizarse en todo tipo de eventos: ceremonias, tratos comerciales, en el duelo y para aliviar el dolor que produce la ausencia física de un ser querido. Sería éste el mismo papel que juega el peyote en las ceremonias colectivas. El regalar tabaco al futuro consuegro, o el ofrecer las mejores bebidas a las autoridades en una celebración cívica: el alcohol se convierte, así, en símbolo de estatus. Una fiesta es buena si circula suficiente alcohol en ella y es mejor si es de buena calidad.

LiberAddictus: ¿Las sustancias facilitan el instinto gregario? ¿Favorecen la cohesión del grupo como tal?

Antropólogo Berruecos: A veces, algunas sustancias pueden facilitar el instinto gregario o servir como válvula de escape para las tensiones sociales. Un ejemplo: en algunas comunidades nahuas de la Sierra Norte de Puebla, se les permite a las mujeres emborracharse una vez al año: ese día ellas mandan, incluso meten a sus esposos a la cárcel para desinhibirse con libertad. A veces, a los niños se les permite beber en algunas celebraciones religiosas del santo patrono de pueblo. Así es como las drogas siempre han estado presentes en las actividades del hombre y cumplen funciones diversas: para cohesionar a los individuos, para separarlos y motivar la riña si se consumen en exceso; para solidificar una relación social o para sellar un pacto financiero. En algunos casos, las drogas sirven para evadirse de la realidad, para acercarse a Dios o para que un individuo tímido pueda abordar a la mujer que quiere. Las funciones que las drogas tienen son múltiples, pero no hay que confundir a las drogas de abuso con las que el hombre ha inventado para mitigar el dolor o curar una enfermedad -de las cuales, por cierto, también se puede abusar-. Así se habla de drogas legales e ilegales, de drogas que curan y de otras que dañan y pueden matar, de drogas tradicionales y de drogas comerciales. Si volvemos al alcohol, se encuentran una gran variedad de bebidas destiladas y fermentadas en el mercado, pero poca gente sabe que en México, los 64 grupos lingüísticos indígenas --aquellos olvidados 500 años hasta el 1° de enero de 1994-- preparan para sí, y de maneras muy rudimentarias, más de ciento cincuenta bebidas tradicionales, todas ellas muy sofisticadas en cuanto a su diseño y producción, elaboradas con base en raíces, frutos, comestibles y otros productos de la naturaleza, y que logran su cometido de provocar efectos en el organismo, como alterar el sistema nervioso central.

LiberAddictus: En el terreno urbano, ¿qué facilita o qué dificulta el consumo de drogas?

Antropólogo Berruecos: En las ciudades se consumen los productos que se anuncian, los que se ponen de moda, los que son accesibles, los que no involucran un peligro en cuanto a su adquisición, pero sí en cuanto a su producción, circulación o distribución. Aquí, la publicidad en los medios de comunicación --por cierto poco sancionada por las autoridades-- juega un papel fundamental, al moldear las preferencias del consumidor. Recientemente se dijo que en México, el 60 por ciento de las bebidas alcohólicas que se venden en el mercado están adulteradas y algunas contienen metanol, sustancia que puede provocar ceguera. La producción clandestina en el campo y la ciudad es enorme y representa muchos miles de millones de pesos que se evaden al fisco. En cuanto a las drogas ilegales, el problema se complica por el narcotráfico, la otra cara de la moneda de la farmacodependencia. y que es --o al menos en la ley debería ser-- objeto de estudio y acción por parte de las autoridades. A los investigadores sociales y de otras áreas de la ciencia nos interesa más el problema de la demanda. Las preguntas que un antropólogo se hace con frecuencia --qué consume la gente, por qué, cómo, cuándo, dónde, con qué fines-- tienen el objeto de poder estar, en disposición para diseñar programas más efectivos de prevención, tratamiento y rehabilitación.

LiberAddictus: ¿Qué diferencias hay del fenómeno entre adolescentes y adultos?

Antropólogo Berruecos: La adolescencia es la puerta de entrada a las drogas. Es ahí donde hay que ejercer acciones de: intervención preventiva para orientar a padres, maestros y sociedad en general. El no tener información genera todo tipo de mitos sobre las drogas y sus efectos. En la mente del adolescente no existen aún las estructuras psíquicas lo suficientemente establecidas como para tomar decisiones adecuadas y por ello son más propensos a caer en las adicciones. No tiene ningún caso hacer prevención en la preprimaria (aunque sí con los padres y maestros de esos futuros adolescentes), por ejemplo, pero sí a nivel secundaria y en adelante. El consumo de alcohol entre estudiantes universitarios en la Ciudad de México y otras --y añadiría, entre sacerdotes y pilotos de aviación o artistas, por citar otros casos-- se está convirtiendo en un problema muy grave, así como en cuanto se refiere al inicio con otras drogas. La internet ha permitido, incluso, obtener información sobre cómo diseñar drogas específicas.

En cuanto a los adultos que aún no han podido resolver situaciones de la infancia o adolescencia, o que. Tienen una estructura de personalidad débil, el acceso a las drogas les permite, por múltiples razones, buscar salidas falsas y fáciles para la resolución de sus problemas. Así, en el caso del alcohol, hay quienes beben para olvidar, mientras que otros lo hacen para celebrar. Unos beben porque se han casado y están felices de haberlo logrado, mientras que otros lo hacen porque no se pueden divorciar; otros más para celebrar su nuevo empleo y algunos porque no Lo han encontrado. Razones para beber o drogarse hay tantas como individuos. El investigador debe: estudiarlas, agruparlas por sectores sociales, económicos, culturales, morales y no sólo estudiarlas sino también proponer acciones concretas, accesibles para los políticos, que son quienes finalmente las aprueban o no. El problema es muy complejo y merece mucha investigación, puesto que mientras no se conozcan al máximo las causas, no podremos afrontar las consecuencias.

LiberAddictus: ¿Hay algo más que quieras añadir?

Antropólogo Berruecos: Sí. México no está ajeno al problema de las adicciones, como ninguna sociedad en el mundo, incluso aquéllas en las que por razones religiosas (musulmanes, mormones) han decidido no beber, pues en ellas también se encuentran otro tipo de problemas. Esto me recuerda al adicto de alcohol que accede a terapia y deja la droga, pero la cambia por otras, o sigue golpeando a la esposa. El problema debe atacarse en cuanto a los ya adictos, pero de manera integral, con tratamiento médico, nutricional y terapéutico. Desgraciadamente pululan en nuestro país quienes ofrecen soluciones mágicas, religiosas e incluso esotéricas, que no tienen que ver con el problema real. El desconocimiento provoca que mucha gente caiga en centros de tratamiento de dudosa reputación, con personal poco calificado (no basta ser exadicto para tener la habilidad de trabajar con adictos en su recuperación: hay que estudiar y mucho). No basta tomar un diplomado (ahora abundan) para ser experto en el campo: de nuevo, hay que estudiar. Quienes tenemos más de 28 años en el campo humildemente nos declaramos muy lejos de saber la verdad y de entender integralmente un problema tan complejo. Mientras no se actúe, entonces, de manera integral, poco podrá hacerse para contender con los problemas que este asunto acarrea. Debe fomentarse la investigación (hay muy pocos investigadores de las adicciones en México), la prevención (la más barata de todas las medidas y la que más efectos tiene a corto plazo), el tratamiento y la rehabilitación (solamente existe un puñado de especialistas en México capacitados para atender adictos). La responsabilidad no es sólo de las autoridades, sino también de la sociedad civil, por el simple hecho de que se trata de algo que cruza todos los estratos de clase ya todos afecta. Debemos, pues, actuar ya, o de otra manera, afrontar las consecuencias de la inacción.

Nota*Luis Berruecos Villalobos es antropólogo social, profesor titular del Departamento de Relaciones Sociales de la UAM Xochimilco e investigador del Centro de Estudios sobre Alcohol y Alcoholismo.