Manejo emocional y adicciones Entrevista con Patricia Reyes del Olmo

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Se presenta la entrevista realizada por el Psic. Julio E. Hernández a la Psic. Patricia Reyes del Olmo, terapeuta familiar y coautora del libro Curso básico sobre adicciones. Se abordan temas como la relación que hay entre las emociones y las adicciones, los factores que llevan a la adicción, la parálisis emocional que provocan las adicciones, la prevención de las recaídas, la prevención en el ámbito comunitario y algunas sugerencias para los padres de adolescentes que tienen amigos que consumen drogas. La autora concluye con el concepto de la corresponsabilidad que debe promoverse entre padres de familia y los maestros, quienes muchas veces juegan el rol de rescatador de posibles consumidores.

Entrevista con Patricia Reyes del Olmo*
Manejo emocional y adicciones

Psicólogo Julio E. Hernández Elías

LiberAddictus: ¿Qué relación hay entre las emociones y las adicciones?

Patricia Reyes: Las emociones son los afectos que sentimos y que nos hacen sentir relacionados con los demás. Con ellas se conectan las reacciones bioquímicas y la parte exterior de nuestro cuerpo. Por ejemplo: cuando sentimos algo que no terminamos de definir como ternura, afecto o amor por alguien. Los adolescentes sienten algo así como mariposas en el estómago y no son mariposas, sino una recepción de sustancias a nivel neuronal que provoca un cambio bioquímico. A eso se le considera emociones y se da en distintos parámetros, por eso la gente puede identificar lo que siente y como lo siente.

LiberAddictus: ¿Cómo se sabe cuándo una emoción conduce a las adicciones?

Patricia Reyes.: La adicción tiene que ver con muchos factores: el nivel de seguridad, de individuación, de pertenencia e independencia, la capacidad para resistir la frustración, la posibilidad de establecer relaciones afectivas con la gente, el modo en que se expresan las emociones en la familia y la sociedad, y cómo son entendidas o rechazadas por éstas. Por otro lado se nos  ha vendido la idea de que las drogas nos van a otorgar una mayor percepción de la vida y nos ayudarán a evitar el dolor. La mayoría de los seres humanos tratamos de evitar el dolor, la soledad, la falta de afecto, la sensación de no pertenencia, y este contexto resulta propicio para que un adolescente consuma las sustancias. El adolescente prueba las drogas por tres motivos: por curiosidad, para retar a la autoridad, y para resolver su necesidad de pertenencia. En la adolescencia, uno de los procesos más importantes es el independizarse e individualizarse de la familia, el individuo trata de hacerlo para mostrar su autosuficiencia y, sin embargo, al mismo tiempo mantiene ratos de inseguridad. Tiene necesidad no sólo de afecto, sino de sentir seguridad y sostén. Sustituye entonces a la familia con el grupo de amigos, donde se distribuyen los mismos roles familiares: nunca falta el chiquito del grupo, el fuerte, el protector, el guía, el deprimido o el alegre; también se sustituyen los afectos, uno se compromete con sus amigos, a algunos los quiere más, con otros necesita identificarse y mostrar que sí pertenece al grupo, y aquí es donde el adolescente inicia la experimentación con las sustancias. El riesgo es que los jóvenes no saben que, al experimentar con las sustancias, pueden llegar a la adicción vía dependencia física o psicológica. Entonces aparece otro factor: los jóvenes generalmente consumen sustancias en grupo, pero a medida que la adicción va progresando, el consumo se torna aislante, solitario. Por ejemplo, en la actualidad es muy fácil que en las fiestas rave circulen muchas metanfetaminas. Los muchachos sienten una gran euforia física y emocional, pueden bailar por horas sin fatigarse y sienten la colectividad. Los jóvenes buscan la independencia, la individualidad, pero también necesitan de la colectividad. El consumo de sustancias les hace creer que están en una fantasía grupal, en donde todos participan no solamente del consumo, sino de la sensación de mayor fortaleza y potencialidad. El problema es que la droga sí te brinda esas sensaciones, pero como no llena los huecos, ni las necesidades de afecto básicas, entonces la persona la vuelve a consumir.

LiberAddictus: ¿Quieres decir que la droga sustituye afectos?

Patricia Reyes: Yo creo que los paraliza. El joven empieza a buscar la sustitución sintética. Se duerme el afecto real y se genera un afecto artificial. Por ejemplo, los adolescentes mayores creen que el efecto de la cocaína los potencializa sexualmente. En la realidad no existe la potencialización y tampoco logran el afecto, no hay cabida a la relación interpersonal y afectiva, sólo a la satisfacción sexual, entonces los actos empiezan a convertirse en sensaciones particulares y no compartidas y, para que el afecto tenga ida y vuelta, debe darse a través de la relación interpersonal.

LiberAddictus: ¿Y cómo se hace para recuperar las emociones de los adolescentes?

Patricia Reyes: En el cenca tratamos de enseñarle a la gente cómo expresar su afecto, y cómo ponerle límite al afecto autodestructivo. Desde chicos, todos --no sólo los adictos-- estamos acostumbrados a que nuestros padres nos oculten sus sentimientos o los disfracen; nos enseñan, pues, a negar los afectos. Parecieran ser muestras de debilidad. En el caso de los varones existe una represión mayor: no son aceptados social, familiar ni individualmente, pues la sociedad enseña que el individuo no debe sentirse débil o triste. Si una persona tiene sentimientos de soledad, tristeza o abandono, y le reclama a sus padres porque no lo oyen, la respuesta inmediata es: "¿cómo no te voy a querer si eres mi hijo?", pero el siguiente mensaje es: "no puedo seguir hablando contigo porque estoy ocupado", entonces no hay la posibilidad de expresar el afecto, ni de que éste sea aceptado y devuelto por el otro. Después, en cualquier tipo de relación, el individuo le pide al otro que cubra su incapacidad de buscar y recibir afecto. Pero aquí enfrentamos un asunto patológico, el fundamento que propicia el consumo de sustancias: ¿cómo vas a creer que alguien te quiere cuanto tú mismo no eres capaz de aceptarte y quererte, porque en tu núcleo familiar nunca te sentiste aceptado? Es entonces cuando las drogas juegan un papel importante, porque se convierten en el colchón del dolor, la permisividad de la fantasía y el acompañamiento.

Hay muchas parejas de adolescentes adictos que se unen por la droga y la comparten, la supuesta relación afectiva se da a través del vehículo de la droga, que juega el papel de vínculo. Así, el afecto llega a ser sustituido por la sustancia. Por eso, en el cenca trabajamos un modelo doble de tratamiento: la psicoterapia y la autoayuda. El esquema de ambos es aprender a decir y a entender lo que se siente, así como a responsabilizarse de ello. Esto lo manejamos con los adictos y sus familiares, no sólo para abrir canales de comunicación, también para expresar los afectos en la comunicación.

LiberAddictus: Así se estaría regresando a la relación humano-humano y no humano-droga. Pero, ¿qué pasa con la credibilidad del adicto cuando ve que él está cambiando pero el mundo sigue igual, recaen?

Patricia Reyes: En Prevención de recaídas manejamos la capacidad de frustración y esperanza del individuo, con el fin de que pueda manejar sus fracasos, para que no diga que le estamos mintiendo, o que le pintamos un mundo irreal. Le decimos que el mundo mágico no existe y le mostramos cómo en su misma familia existen ciertas deficiencias de conducta, porque a sus padres tampoco les enseñaron a manejarse de otra forma. Por eso no sólo manejamos al adicto, sino también a su familia, a través de juntas en las que estamos padres, familiares, los adictos y los terapeutas. Todo mundo participa y al final un terapeuta da un cierre a las cosas que se platicaron. Básicamente hablamos de los afectos, de cómo se expresan, cómo los vivimos, cómo los damos y los devolvemos, y cómo a veces los damos pero no nos responsabilizamos de que los dimos.

También manejamos la prevención en la comunidad, porque no podemos seguir diciendo que alguien es adicto porque le dio su gana intoxicarse, pues su familia participa en la enfermedad y la curación, así como la comunidad. En este sentido, creemos que la comunidad debe apoyar la prevención de la adicción, y la prevención de la recaída también. Por eso hemos establecido, con otras instituciones, redes de servicio que nos permitan darle un seguimiento a nuestro chico en su proceso de reinserción social. Lo anterior ocurre con pacientes que ya tiene hasta cinco años de abstinencia. Durante el primer año no trabajan ni estudian y ni siquiera los presionamos, aunque sí buscamos que se inserten en actividades como deportes, educación abierta o el taller de computación.

LiberAddictus: ¿Qué le podríamos sugerir a los padres, a los adolescentes, o a los que tienen amigos que consumen?

Patricia Reyes: Yo siempre les digo a los papás que, si tienen hijos chicos, deben enseñarles a mostrar sus afectos. Además, los padres deben ser el ejemplo mismo de la expresión del afecto. Hay algo muy importante y es que, en el momento de la crisis del adolescente, hay también crisis en sus padres por la edad. Son dos crisis juntas, pues además de tener un hijo adolescente, los padres tienen entre 40 y 45 años y están en el momento que valoran lo que han consolidado, junto con lo no logrado. Entonces está el temor de los padres hacia el futuro de ellos mismos, y el temor del futuro del adolescente es quedarse atrapado en la familia y no poder desarrollarse. Los individuos deben enfrentar que existen niveles de aceptación reales; sí se aceptan, probablemente se querrá seguir creciendo hacia determinada dirección.

LiberAddictus: ¿Entonces enfrentar las crisis que se dan en las distintas etapas sería confrontarse consigo mismo, con lo que siente?

Patricia Reyes: Así es. El juego que nosotros hacemos es ponernos obstáculos persecutores o descalificadores, sin reconocer que la gran herramienta es uno, es decir "yo soy un todo como persona y desde ese todo la respuesta es para mí". Las respuestas deben estar en función de las necesidades de la persona, tienen que darse la oportunidad de ver su necesidad y cómo satisfacerla, y aprender a diferenciarla de lo que piden los otros. A todos nos han metido en la cabeza la idea del éxito, entonces, o somos el mejor, o somos mediocres. Eso ha hecho que la persona difícilmente sea capaz de reconocer que su nivel no es ni de mediocridad ni de maximidad, sino el suyo. Por eso, muchas veces no decimos que no y hacemos cosas para las que no estamos preparados. El problema viene cuando no logramos satisfacer el compromiso que nos impusimos. Entonces se percibirá como un doble fracaso, un fracaso hacia afuera y un fracaso hacia adentro. La persona tendrá que considerar entonces qué exigencias del exterior puede cumplir y a qué otras no puede comprometerse. Si la persona delimita qué es capaz de hacer, sabrá que quizá no se pueda responsabilizar de cuestiones que escapan a su alcance real. Si el adolescente es capaz de reconocer sus límites, sabrá cuál es su capacidad, medirá el nivel de desafío pero también sabrá hasta dónde no puede enfrentar el desafío. Si aprendemos a reconocer nuestros límites, seremos capaces de ponerle límites a los otros y de respetar los nuestros. Un padre de familia puede ayudarle a su hijo, por el mismo sentido, poniéndole límites y enseñándole a reconocer y a respetarlos. En el caso de hijos adolescentes, tiene que haber una capacidad de negociación por parte de los dos. Lo anterior es muy difícil para los padres porque eso cuestiona su rol de jefe, de rector de la vida de los hijos. El joven tiene que aprender a negociar los límites y las reglas con la familia. Si uno tiene la comunicación abierta, el adolescente va a platicar su experiencia y el adulto podrá darle la suya como un proceso de enseñanza mutua, y no en una situación en la que "tú hace lo que digo porque soy tu padre", lo que es muy común, pues entonces provocamos la rebeldía del adolescente y esto a la larga puede convertirse en resentimiento. El padre debe estar consciente de su congruencias, debe de tener autocrítica y establecer una media, porque los padres a veces juegan con los estados de ánimo, si están de buenas dejan ir a su hijo a una fiesta hasta la hora que quieran y si están de malas no los dejan ir. Ahí es donde se empiezan a establecer los rompimientos en la comunicación. Entonces hay que aprender a negociar con el adolescente, pero también a enseñarle a negociar y a responsabilizarse de esa negociación. No se trata de dejar que los hijos hagan lo que quieran, la cosa debe ser más flexible y fluida. Yo creo que el cambio social nos va orillando hacia un poco de individualidad, pero no debe convertirse en individualismo, sino en individualización, que cada quien se responsabilice de sí mismo en un núcleo compartido.

LiberAddictus: ¿Algo que quisieras agregar?

Patricia Reyes: Quisiera recalcar que es bien importante reconocer las dos crisis, la de la pareja y la del adolescente. También, que no es lo mismo ser padre de hijos chicos que de adolescentes o de hijos adultos. Los padres de hijos chicos deben explicar los límites, como decirle al hijo lo que no debe hacer y lo que se vale, hasta dónde se le permite algo, en qué momento sí se permiten las cosas y en qué momentos no, quien participa y además, cómo debe participar. Los de hijos adolescentes, tendrán que aprender, sobre todo, a negociar. Además me preocupa mucho la falta de relación que se da entre maestros y alumnos, en donde se ha perdido esa relación que existía entre ellos. En el caso concreto de las adicciones, muchas veces la relación con los padres es tan mala que de algún modo otra persona puede ser su rescatador. Los maestros muchas veces son quienes cumplen ese rol, porque tienen más contacto con los adolescentes. Si no tenemos clara la importancia de cuestionar el cómo corresponsabilizarnos socialmente, vamos a seguir dejando que otros decidan, y esto no va a solucionar nada mientras no seamos capaces de concientizarnos y corresponsabilizarnos juntos. A lo mejor es algo muy utópico porque sería como tratar de ser mejores seres humanos, pero creo que es una utopía que se puede lograr.

Nota
*Patricia Reyes del Olmo es Psicóloga egresada de la unam. Terapeuta familiar por el ilef a.c. Ha ocupado diversos cargos en la administración pública federal y en la iniciativa privada. Coautora del libro Curso básico sobre adicciones.