Familia y adicciones

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En esta entrevista, el psicólogo Mario Bejos comenta algunos aspectos en torno al papel de la familia en las adicciones, como su definición, la función que desempeña actualmente, si el adicto puede verse dentro de ella como una víctima, las características de la familia que presenta este problema, cómo debe actuarse ante un miembro adicto, y finalmente cómo puede prevenirse las adicciones en el ámbito familiar.

Familia y adicciones
Entrevista con el Psicólogo Mario Bejos

LiberAddictus: ¿Cómo se define a la familia?

Maestro Bejos: Esta respuesta puede ampliarse a tan distintos niveles que durante la historia de la humanidad se ha discutido acaloradamente sobre el origen de la familia, su persistencia y razón de ser en la sociedad. Los esquemas están enfocados desde los puntos de vista religiosos, antropológicos y/o psicosociales. Para fines prácticos de esta revista, podemos entender a la familia como un grupo de personas vinculadas por lazos de parentesco consanguíneo o de relación conyugal.

Desde el punto de vista de la sociología, la familia cubre las tareas sociales necesarias para evitar el desorden y la insatisfacción de necesidades fundamentales; la regulación de las relaciones sexuales, la reproducción humana, la crianza y educación de sus miembros. También en esta se lleva a cabo el ritual del culto religioso y moral, la representación cívico-política la de la seguridad social y la de ser medio de producción, de apropiación y de consumo.

Desde el de la psicología, la familia es observada como unidad afectiva, en donde se forma y desarrolla el carácter de las personas en su ámbito de intimidad y privacidad. A finales de los 60 el antipsiquiatra David Cooper decía que la familia tenía también la virtud de destruir la intimidad, la libertad y la capacidad afectiva natural del ser humano.

Lo que sí podemos afirmar, es que no ha existido ni universal, ni nacionalmente una evolución lineal y única de la familia que nos pudiera llevar a una fácil identificación de la misma en la actualidad, ya que la familia es también parte de una expresión de la cultura, la cual cambia con las necesidades sociales. Para Louis Altusser, la familia estaba planteada como un Aparato Ideológico del Estado, o sea, que su conservación para el Estado consiste en la necesidad de tener una célula ideológica que transmita de generación en generación tanto el principio de reproducción de la hegemonía política como de las relaciones de producción. Desde otra perspectiva distinta, para los Terapeutas Familiares actuales, la familia es un Sistema, que en griego significa una cosa compuesta o la composición ordenada de elementos en un todo unificado. Lo importante en la terapia familiar es que atendemos a la familia conjuntamente y detectamos que el Sistema Familiar se comporta de una manera distinta que sus elementos individuales, esto quiere decir que es muy distinto tratar al alcohólico solo, que en su contexto familiar; sea sólo con su cónyuge y/o con sus hijos y hasta con la familia de origen del adicto.

LiberAddictus: ¿Para qué sirve la familia actualmente?

Maestro Bejos: La familia ha dejado de cumplir con sus principales funciones, ya que las funciones productivas que cumplía hasta fines del siglo xviii las fue tomando poco a poco el sistema industrial, la función expresiva nos la han impuesto los comerciantes a través de los medios masivos de información, imponiéndonos lo que tenemos que hacer en nuestro tiempo libre, o sea, consumir para sentirnos felices. La función de instrucción se le ha delegado a la escuela y va desde la lactancia hasta los postgrados. A la familia le queda en consecuencia, la socialización primaria de los hijos y la estabilización de las personalidades de los adultos, es por eso que cuando un hijo adolescente u otro miembro de la familia usa o abusa de una sustancia, la familia puede sentir más dramático este derrumbamiento de su misión moral y social. En estos momentos la familia es rebasada en distintas áreas. Sin pretender ser pesimistas, la familia existe también para sobrevivir en ella ante la crisis, de hecho la mayoría de los alcohólicos y drogadictos tienen un vínculo claramente establecido con sus familias, o sea, son personas típicas que tienen un desempeño social y un respaldo familiar evidente. La familia también sirve para mantener los rituales tendientes a mantener la identidad ante otros grupos sociales y comunitarios, estos ritos incluyen recrear los valores que de origen y tradición se mantienen. Es frecuente escuchar a una familia decir: "los Domínguez venimos de tal provincia y tanto nuestros valores como nuestras costumbres nos fueron heredadas por lo que nuestros abuelos sabían, decían y hacían..." o "Nosotros somos los Montalvo y en nuestro escudo de armas se especifica nuestra razón de ser...", etcétera. La identidad familiar da una dignidad y un orgullo, aunque cuando predominan los problemas de adicciones en el seno familiar (sobre todo con las figuras de autoridad) se vive con mucha vergüenza y desesperación. Algunos autores mencionan que los mejores momentos se viven en familia, al mismo tiempo que los ratos más espantosos.

LiberAddictus: ¿Se puede hablar de características de la familia de donde surge la adicción?

Maestro Bejos: En otros momentos hemos dicho que no existe un diagnóstico de drogadicción o alcoholismo en forma lineal con una estructura de personalidad definida. Esto lo observamos al ver que todos los tipos de personalidad pueden ser vulnerables a desarrollar la enfermedad de la adicción. Decidimos entonces pensar que la adicción debe ser estudiada dentro de un marco psicosocial. Si no hay droga no hay drogadicción.

Existe un paralelismo en el caso de la familia, ya que esta es influida por lo social también. Salvador Minuchin decía que existen cien variedades diferentes de uvas, de la blanca a la negra, de la dulce a la amarga, de la pequeña a la grande. Pero si se le extrae el jugo a cien racimos de variedades diferentes, lo que obtendrá es siempre jugo de uva, no leche o limonada. Lo que importa es el jugo, ya que el jugo de mi familia es el mismo que el jugo de millones de familias ordinarias, puesto que los problemas básicos de ésta son los mismos que los de millones más. Sin embargo, para fines de prevención, se ha tendido a crear un perfil tentativo de lo que se pudiera observar en ciertos sistemas que puedan, en un momento dado, predecir comportamientos adictivos.

Los jóvenes generalmente experimentan con sustancias por que descubren que a voluntad propia pueden modificar su pensamiento y conducta, de ahí el fracaso del dí no a las drogas. En las familias con un modelo rígido de percibir el mundo, con falta de límites o un manejo rígido de estos, se podrá encontrar que los hijos tenderán a emanciparse con conductas desafiantes, que va desde actos delictivos, embarazos no deseados y por su cada vez mayor accesibilidad social, con el uso de drogas ilegales o abuso de las legales.

Otro factor que es regla de oro, que tiene que ver con la incapacidad de las familias donde hay abuso de alcohol y drogas es que existe una incapacidad de sus miembros para metacomunicarse, no de comunicarse, porque cualquier gesto, postura o tono de voz comunican, hasta el silencio y la ausencia de alguien también comunica algo. Pero es muy distinto cuando queremos definir nuestra interacción y cómo nos llevamos, o sea definir nuestra relación, esto incluye la posibilidad de valorarla y evaluarla si es necesario. Intentar esto es un compromiso de conflictos. Metacomunicarnos implica un compromiso de explicitar sobre cómo me siento yo en relación a ti y cómo nos hemos sentido en los últimos tiempos, ya sea para seguir creciendo o para aclarar los obstáculos que nos falta revisar y entender para ser mejores. Esto en familias donde existe un consumo patológico es muy difícil de encontrarlo, a no ser que la crisis los invada.

LiberAddictus: ¿Es el adicto un chivo expiatorio de la familia?

Maestro Bejos: Poner al adicto como una víctima nos parece arriesgado, ya que caeríamos en un clientelismo. Pensamos que al observar el paciente identificado como adicto no es ni el culpable de todos los males, ni que por el hecho de que deje de consumir la sustancia que lo destruye, ya podrá vivir la familia en paz.

Hemos visto que la psiquiatría tradicional a condenado al adicto como una persona débil de carácter e incapaz de afrontar la realidad, de hecho en la mayoría de los casos se les medicaba, a los alcohólicos inclusive, sin que ellos lo supieran, lo que provocaba que sólo asistiera al doctor para tratar de entender el por qué cuando bebía tenía esas reacciones tan raras. A esta estrategia nosotros le llamamos la técnica Lucrecia Borgia,por que el médico se coludía involuntariamente con la familia para controlar su manera de beber o de drogarse.

El resultado es que el adicto descubría a mediano plazo la materia y se resentía con cualquier posibilidad de ser asistido por un médico honesto o un psicoterapeuta que le diera luz sobre su problema, o acababa por tomarse los medicamentos que el doctor le recetaba para intentarle controlar la gran ansiedad que le hacía beber o la depresión de fondo de paciente, y al ratito teníamos un deprimido con problemas de alcoholismo y farmacodependencia severos. La culpa no la tiene el indio sino quien lo hace compadre y con esto queremos decir que aún en las universidades y en los postgrados no existe la capacitación para atender las adicciones adecuadamente. En Terapia Familiar reconocemos que la adicción es una enfermedad incurable pero tratable y que su progresividad también depende de la familia. Sin embargo, desde la perspectiva de la familia como un sistema, planteamos que el adicto es un portavoz de una problemática de fondo. Yo utilizo la metáfora de que el adicto por su gran sensibilidad es un pararrayos emocional de la familia; esto derrumba el hecho de que sea débil, es una persona que inconscientemente se presta de voluntario para que la familia deposite en él las ansiedades no resueltas del resto de los miembros.

De ahí que pensemos que el adicto es un síntoma de una problemática no resuelta de la familia. Para nosotros, un síntoma es una expresión de algo que no se ha explicitado, ya sea porque es un secreto o un duelo no resuelto o un trauma que no ha podido ser drenado emocionalmente y el supuesto adicto es la expresión de ese problema. Más que ser un chivo es un emergente de la problemática de fondo, nuestra labor es encontrar qué sostiene al síntoma, o sea, al consumo de sustancias. Nos preguntamos ¿cómo puede un problema tener tanta perseverancia en una familia a pesar de que es tan desgastante y destructiva? ¿cómo es que un problema tiene esa capacidad de adaptación en el tiempo y el adicto no se logra mantener en sobriedad? La respuesta generalmente la encontramos en la familia.

LiberAddictus: ¿Qué debe o puede hacer una familia ante un miembro adicto en su interior?

Maestro Bejos: Las familias tardan alrededor de siete años para empezar a creer que su familiar tiene, efectivamente, un problema con su manera de beber, medicarse o usar una sustancia tóxica. El principal problema que tiene la familia es que no tiene la capacitación necesaria, ni para pedir ayuda ni para saber qué hacer en general; o sea, se afecta su capacidad de actuar. Existen pocos lugares para obtener esa información sin prejuicios, sin que sea tendenciosa. En ese lapso se cometen muchos errores, como encerrarlos en psiquiátricos donde no les tratan propiamente la adicción o en un hospital donde sólo desintoxican a los adictos sin darles el respaldo emocional para fortalecerse y por lo tanto vuelven a caer de nuevo en el uso de sustancias. También llegan a denunciarlos con la policía, situación de la cual después los mismos familiares se arrepienten. No dejan de vigilarlos, de desconfiar de ellos, etcétera, pero lo sorprendente es que la mayoría de las familias cuando buscan ayuda en muy pocas ocasiones se preguntan qué pueden hacer por sí misma, si acaso ellas estarán participando en promover lo que quieren evitar. Siempre tienden a buscar ayuda para controlar al que ya se nos descontroló.

Una familia que es capaz de observar que existen ganancias secundarias por el consumo ingobernable del adicto, podrá tener un logro inestimable en las posibilidades de lograr que el adicto llegue a recibir ayuda y si esto pasa y la familia sigue asistiendo a la terapia familiar en el proceso de rehabilitación del adicto, el pronóstico de que mejore se incrementa notablemente, no sin dejar de observar que tanto el adicto como la familia requiere de un apoyo permanente de los grupos de Doce Pasos, o sea, aa, y Al-Anon, respectivamente.

Muchas veces las familias llegan preguntándonos: "¿Qué hacemos Doctor?" la respuesta puede en muchas ocasiones ser "Dejen de hacer algo por él (ella), ahora vamos a ver qué podemos hacer por ustedes". Existe también estrategias para atender la crisis del adicto sin que esté el presente, se le llama Intervención en Crisis y requiere de una serie de pasos que incluyen el desglosamiento de las consecuencias del consumo del adicto en cada uno de ellos, para que al enumerárselas y reportárselas en el momento que no esté intoxicado, acceda a recibir la ayuda, ésto dentro de un ambiente cálido pero firme, ya que más que condenatorio, el comportamiento de los miembros que retroalimenten al adicto debe ser de búsqueda de soluciones inmediatas, por la imposibilidad de alargar el sufrimiento de los no adictos como detener la carrera destructiva del adicto por la cantidad de culpa que no puede resolver. Como ven, aunque el enfermo no esté presente, se puede trabajar con la familia elaborando previamente un diagnóstico y una estrategia y ensayo previos.

LiberAddictus: ¿Cómo puede la familia prevenir la adicción?

Maestro Bejos: Lo primero es buscar información sobre el tema de las adicciones y tratarlo abiertamente, evitando caer en esa doble moral que obstaculiza más de lo que ayuda a abordar este problema. También es muy importante que se busquen lugares recreativos y no de consumo en general y mucho menos de consumo de sustancias como base de la recreación en los ritos y rituales familiares cotidianos. Darle un valor a la posibilidad de explicitar nuestro comportamiento en nuestra forma de ser y de relacionarnos sin tener el temor de que eso es buscar conflicto. Aclarar las cosas de la vida incluye en ocasiones ciertos momentos álgidos pero si aprendemos a enfrentarlos y no a evitarlos, crecemos en nuestra visión del mundo. Debemos asumir que el abuso de drogas es predominantemente un fenómeno familiar, ya que la influencia del grupo de amigos del joven puede ser nula o escasa mientras la familia permanezca fuerte, y esta fuerza está dada por la capacidad de resolver problemas en forma frontal y clara.

La familia puede ser el mejor caldo de cultivo para que el consumo de sustancias se vuelva en un infierno, la familia debe reconocer su propia Coadicción, y a partir de ésto veremos entonces que la familia es el mejor instrumento con el que contamos los terapeutas para que el tratamiento sea más exitoso y la rehabilitación de adicto avance por un camino menos sinuoso.