Entrevista con el doctor Antonio Delhumeau

En este trabajo se presenta una entrevista realizada por Lilia Monroy Limón al Dr. Antonio Delhumeau, sociólogo, colaborador de Uno Más Uno, y catedrático de la UNAM, acerca del problema de las adicciones. En opinión del entrevistado, las adicciones pueden verse como un fenómeno total de poder que permea a nuestra sociedad. Se refiere a adicciones no sólo a sustancias químicas sino a ambientes familiares patológicos, hostiles y melancólicos. Ve en los grupos de autoayuda una red asociativa social importante fincada en la solidaridad y la unificación que brinda ayuda real a los adictos.

Entrevista con el doctor Antonio Delhumeau*

Lilia Monroy Limón

Contundente, directo, sin reparos. Enmarcado en Coyoacán, Antonio Delhumeau habla sobre las adicciones como un fenómeno total de poder que permea a nuestra sociedad.

Para él la sociedad contemporánea es adictiva porque vivimos un momento de ruptura con lo sagrado, de erradicación del espíritu, del ánima en su sentido energético.

El autor de El hombre teatral, maestro universitario y apasionado analista del poder, afirma que toda adicción "es la compensación del vacío del amor mediante satisfactores fantásticos de necesidad reales e implica una adicción al poder, donde se busca amor desde el ejercicio de control de la voluntad de otros, ya que no se puede controlar la propia, o bien la fantasía de una potencia vital que no se tiene por falta de capacidad amorosa y que se obtiene a través de emociones, fármacos o sustancias, éstas sí controlables".

Indica entonces cómo la sustancia adictiva está al alcance del adicto; el alcohólico tendrá siempre acceso al alcohol, el comedor compulsivo a la comida, el tabaquista al cigarro, el colérico a la rabia propia o ajena.

"Las adicciones son esfuerzos por recuperar una percepción original, es decir, el humus, el estado emocional, el modo de visualizar la realidad tan querida en la infancia; es decir, son la búsqueda de la percepción perdida en la niñez". Y agrega: "Así quienes tuvieron un ambiente familiar febril son sujetos que tienden a la adicción al alcohol o a la cocaína, sustancias que al lograr este efecto hacen la reparación del ambiente referencial o, en cambio, otras personas con referentes familiares flemáticos o que adquirieron una actitud lenta, pausada de defensa ante un contexto excesivamente angustiante, pueden ser adictos a la mariguana o a los inhalantes".

En este sentido, el renombrado sociólogo Antonio Delhumeau, incluye así mismo a las adicciones las emociones asumidas obsesivamente: "Una persona depresiva es adicta a la tristeza, una colérica es adicta a la ira, una neurótica a la neurosis; todas resuelven mediante una energía o estado anímico un conjunto de necesidades afectivas".

Así, en tanto la adicción es la búsqueda de un satisfactor artificial ante una necesidad real de amor, "persiste la tendencia dominante de buscarlo a través de cualquier adicción o compulsión, la cual genera un estado de ánimo por el hecho mismo de ejercer ese hábito, pero no satisface la carencia esencial (vínculo amoroso) y, por ende, lleva a la repetición compulsiva de la adicción en una banda sin fin".

El aroma del puro en su mano izquierda inunda la sala, la pausa reflexiva del profesor Delhumeau impone un tanto de dramatismo. Para subrayar su perspectiva, que insiste en apuntar como fruto de la discusión sistemática con otros colegas en el seminario que actualmente imparte en el doctorado de Ciencia Política de la unam, y en especial con la doctora María Luisa Castro, ejemplifica: "La adicción en general surge en el momento en que un niño no acaba de decir que le duele la cabeza cuando ya se le está dando una aspirina; para mí el disparador número uno de las adicciones se ejemplifica en esta imagen: la aspirina como solución artificial en vez de permitir el contacto vital con la raíz del sufrimiento. Es decir, la madre controla el sufrimiento sin resolverlo con la aspirina y el niño aprenderá esto, controlándolo después con las más diversas adicciones emocionales y químicas".

En las adicciones también hay clases sociales
Si las adicciones implican una adicción al poder, esto es, la voluntad de controlar a otros mediante fármacos, sustancias y emociones o conductas obsesivas como sustituto artificial de una carencia amorosa, resulta difícil limitar las adicciones al uso de fármacos o tóxicos, a neuróticos y comedores compulsivos.

En ese sentido, Delhumeau señala que esta diferenciación entre las adicciones, unas reconocidas socialmente como tales y otras no tipificadas de esa manera, resulta menos comprometedora.

"Hay una crítica muy severa, aunque no organizada, en las microestructuras sociales y del poder en el sentido del sufrimiento que tienen las parejas o hijos de un marido o padre ausente, por ejemplo. Y resulta un cuestionamiento muy intenso aunque a esta actitud no se le defina como adictiva; el sufrimiento ante una madre colérica u hostil y melancólica también se señala como un problema pese a no verse como adicción".

Sobre este asunto, puntualiza: "A lo que voy es que estas expresiones adictivas son sufridas con la misma intensidad que las otras generadas por sustancias químicas; sin embargo, al focalizar las críticas y la atención de salud a las sustancias químicas puede verse el problema más externo, como que es un agente externo el que provoca las lesiones" y, en esa medida, "es más fácil reconocer la enfermedad o adicción que en aquella otra que vincula la situación del medio con la vida interna, pues siempre se trata de disociar lo que pasa afuera de adentro".

Explica que las carencias sociales vividas como profundo sufrimiento interno, las carencias intrapsíquicas, remiten de inmediato a problemas de organización de la familia, del ámbito laboral, político, religioso, etcétera. "Inmediatamente se observaría cómo esa carencia, ese desamor sufrido dentro del individuo, está siendo promovido, perpetuado y reproducido externamente por un afán de control".

Este cuestionamiento de fondo sobre el control social y el poder que las adicciones no tipificadas traerían consigo, es, "en última instancia, lo que provoca el desplazamiento de la adicción hacia la enfermedad relacionada con los tóxicos y fármacos; resulta menos problemática".

Derrotar el ego para enfrentar la adicción
Al abordar las formas de enfrentar las adicciones, Antonio Delhumeau asegura que no es un problema de voluntades pues "en un impulso ya estructurado como compulsión, si a una adicción que está ligada a fuerza y poder, yo la enfrento con otra fuerza (voluntad de controlarla), entonces el impulso adictivo se incrementa; le das la razón a la fuerza".

En ese sentido, "la única modalidad de enfrentamiento a la adicción es derrotarse ante esa fuerza. Sólo derrotándose, aceptándose que no eres capaz de contender con tu adicción, es cuando resulta posible superarla".

En el colérico, por ejemplo, dice Delhumeau, sólo cuando acepte que la ira ha hecho su vida ingobernable, que no puede contenderla, será el momento en que podrá deponer cualquier impulso ante la ira para resolverlo de otra manera.

"El última instancia sólo con la derrota del ego, del yo puedo con la adicción, de aceptar la ingobernabilidad vía la adicción, que implica un encuentro de potencia vital pues centras el control en uno mismo y no en la adicción, resulta posible taponar el síntoma".

Una vez resuelto el síntoma, cuando ya no está presente la adicción (alcohol, psicofármacos, sentimientos obsesivos, compulsiones), en ese momento aparece lo que está detrás, el vacío de amor (iniciando con el amor propio, el amor hacia sí mismo), lo que permite rastrear directamente dónde surge ese vacío; es cuando aparece el dolor psíquico como el elemento común de las adicciones: tocarlo es la base para formular soluciones amorosas.

Los grupos de autoayuda trastocan la moral tradicional
Para el profesor Delhumeau los grupos de autoayuda no son sólo una solución más a las adicciones, sino que resultan la única forma de enfrentarlas con éxito; constituyen la red asociativa social más importante en el mundo, y en su opinión no existe otra experiencia democrática que se conozca hoy en día fuera de estos grupos en tanto que se fincan en la solidaridad y la unificación.

"El puente de comprensión, con independencia del origen social, es que la índole del dolor es la misma, el sufrimiento es equivalente y el intento de reparación de éste, en tanto reflejo, excluye envidias y rivalidades", explica emocionado.

En ese sentido, asegura que son "la integración armónica en torno a una problemática asumida como común entre personas que de veras se viven, se sienten, se asumen como semejantes, donde se dejan fluir en la energía del grupo y ponen su energía al servicio del grupo".

En su análisis y experiencia, los programas de estos grupos "son magníficos porque parten de una experiencia probada: lo que se habla se hace, no se pretende hacer; no cuentan los propósitos sino las acciones y eso trastoca la moral tradicional. La propuesta de una adhesión a un compromiso activo, hemos practicado, es mucho mayor que la mera enunciación pues resulta la evidencia de la no imposibilidad".

Respecto al financiamiento de los grupos señala que su éxito se debe al carácter autogestivo de éstos, "la unificación de propósitos y la integración amorosa de sus miembros no puede darse por decreto o promoción gubernamental externa: el amor no se financia".

La única crítica a estos grupos es que el nivel de participación y profundidad del programa varía mucho en sus integrantes, algunos se conforman con quitar el síntoma y no van más allá, lo que es desperdiciar las posibilidades amorosas que brindan los grupos.

Nota
*Antonio Delhumeau, Sociólogo de formación, fue director del Instituto Mexicano de Estudios Políticos, y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, así como Coordinador de Extensión Universitaria de la UNAM; editorialista y colaborador de Excélsior y El Día entre 1973 y 1976, actualmente lo hace en el Uno Más Uno; ha participado en Congresos Nacionales e Internacionales e imparte materias en formación básica y de comunicación en la UNAM.

 

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