¡Qué patrón tan exigente!

En la sociedad actual, la economía de mercado se dirige hacia la libre circulación de productos y capitales y el empleo refleja un rápido patrón de desplazamiento de mano de obra, de desempleo creciente y de ausencia de nuevos puestos de trabajo tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo. En el artículo se hace un breve análisis de cómo estos cambios modernos atentan contra el estado de salud y bienestar de los trabajadores, aún sabiendo que hay quienes, a pesar de los evidentes síntomas de estrés laboral, descartan la relación entre salud y empleo.

¡Qué patrón tan exigente!

Psicólogo Jesús García Rosete

Desde la llegada de la revolución industrial, el trabajo dejó de ser ese espacio de crecimiento y reivindicación del hombre, pues en él era posible que se conjugaran las más nobles aspiraciones del ser humano, el desarrollo de sus potencialidades, la satisfacción de sus necesidades básicas y aquellas otras que el vivir en colectividad le imponía.

Desde entonces el trabajo no es el mismo que los idealistas del siglo xviii y xix alababan, debido a la modificación de las relaciones y los medios de producción.

El paso de la producción artesanal a la asistida por máquinas y/o herramientas es el punto neural de las formas modernas de producción: desde la producción en serie y la sistematización de la producción vía la reconversión industrial hasta llegar a la actual utilización de la robótica en la actual producción de bienes de las grandes empresas nacionales y trasnacionales.

Todas estas transformaciones indujeron, a su vez, la división de los procesos de producción y con ello el establecimiento de los puestos de trabajo. Esta división se justificaría, entonces, por las expectativas que tienen los dueños de los medios de producción al tratar de abatir los costos en la fabricación de mercancías e incrementar las ganancias vía el aumento de la productividad de cada trabajador.

En los tiempos que vivimos, la economía de mercado se dirige a pasos acelerados hacia la libre circulación de productos y capitales y el empleo también muestra ese rápido patrón de cambios que se refleja --principalmente-- en el desplazamiento de la mano de obra, el desempleo creciente y la ausencia de nuevos puestos de trabajo tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo.

La situación se torna más grave si observamos que aún cuando los espacios laborales creados y los mantenidos para atender la demanda de empleo son insuficientes, de manera paralela se establece una gama más amplia de exigencias laborales establecidas de acuerdo a estándares internacionales a las que el nuevo trabajador tendrá que responder.

Ahora bien, el objeto de esta reflexión es observar cómo estas nuevas exigencias laborales impuestas al ámbito empresarial e industrial moderno atentan contra el estado de salud y bienestar de los trabajadores. No dudo que todavía haya quien piensa que tal aseveración es falsa, sensacionalista o francamente simplista e irresponsable; desgraciadamente, muchos de los que así piensan son profesionales de la medicina y otros "estudiosos de la salud en el trabajo", quienes niegan que las condiciones en las que se labora y el tipo de trabajo que se lleva a cabo, amén de las nuevas exigencias en la generación o agudización de alguna patología laboral, tengan un papel en este asunto. Su argumentación se basa en que:

a) No es posible precisar la etiopatogenia de ciertos padecimientos que presentan los trabajadores;
b) No se cuenta con los instrumentos para hacer un diagnóstico y medición adecuada del daño o afección;
c) No se encuentra debidamente tipificado y valorado el daño en la ley y ordenamientos jurídicos correspondientes;
d) Las instituciones de seguridad social y las compañías de seguros no reconocen muchos padecimientos como enfermedades del trabajo para evitarse el pago de la incapacidad parciales o totales que como pensión le correspondería a los trabajadores.

Bajo esta concepción tan limitada de la salud y la enfermedad en las corrientes dominantes de la medicina del trabajo, está lejos el día en que pueda pensarse siquiera que el alcoholismo, tabaquismo o cualquier otro tipo de dependencia o adicción a cualquier sustancia con efectos psicotrópicos, inducida o favorecida por las condiciones y las exigencias laborales difundidas y establecidas en las empresas de "primer nivel" que aspiran a incursionar en los mercados de libre comercio.

Otras cuotas que el trabajo del siglo xxi impone al que se logra obtenerlo son: rotación de puestos, manejo de alta tecnología, horarios y jornadas de trabajo variables, cambios de prestaciones sociales, aumento en los tiempos de traslado, desplazamientos por automatización, salarios poco gratificantes, reducción de la edad límite de contratación, ambientes de trabajo con niveles de tensión y estrés altos, mayor competencia entre los empleados para responder a los estándares de productividad exigidos, ausencia de adecuados programas de estímulo y reconocimiento a los trabajadores, etcétera. A estas nuevas exigencias laborales se agregan las ya de por sí difíciles condiciones socioeconómicas y familiares en que se vive.

Si todo lo anterior no es considerado un factor de riesgo y/o condición propicia para que una persona --un trabajador-- use, abuse o adquiera una adicción a las drogas (de curso legal o ilegal) o que éstas puedan ser elementos primeros o secundarios de cualquier cuadro patológico, entonces no somos capaces de entender y comprender la interacción de todos los elementos que entran en juego para generar un estado patológico y de malestar a un trabajador o a cualquier ser humano, cualquiera que sea su actividad.

Para despejar cualquier duda que restara para determinar el papel de las condiciones laborales sobre la salud del trabajador, sólo tenemos que pensar en algunos de los padecimientos que con más frecuencia presentan éstos:

- Úlceras gástricas debido a la irregularidad en los horarios de comidas.
- Insomnio por desempeñarse en ambientes de gran tensión e incertidumbre laboral, o por contar con menos horas de descanso debido a los tiempos de desplazamiento.
- Padecimientos respiratorios, digestivos, cardiovasculares, endocrinos, entre otros (asma, hipertensión, bronquitis, diabetes, colitis, vitiglio, neurosis, obesidad, reumatismo, etcétera) asociadas con estados de estrés, angustia, entre otros.
- Neurosis y automedicación, debidos al inadecuado manejo de la percepción del status.
- Fatiga crónica y crisis depresivas relacionadas a la insatisfacción y falta de expectativas laborales.
- Conflictos personales, familiares y sociales, que disminuyan la capacidad de atención, por lo que se propician riesgos y accidentes laborales.
- Baja en las defensas biológicas de los trabajadores como consecuencia de estados de anemia, ansiedad y depresión que impone el exceso de trabajo y la tensión ante la imposibilidad de lograr los satisfactores mínimos: casa, alimentación, educación, salud, recreación y cultura de la familia dados los bajos ingresos que obligan a un trabajador a tener más de un empleo remunerado.

Sin duda usted conoce al menos una persona trabajadora que debido a las condiciones del trabajo que desempeña ha desarrollado alguno de los síntomas arriba mencionados. Más aún, acaso sea una de ellas. Si todos vivimos con ello como una verdad cotidiana, ¿qué intereses defenderán los especialistas de medicina laboral que se niegan a verlo?.

 

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