El nudo de los zapatos

Hoy quiero hablar de la vida cotidiana -¿cuántas vidas hay?- o sea, de la historia que se escribe con minúsculas, la no oficial, la acostumbrada y a veces aburrida, que los historiadores han escondido detrás de los grandes pilares del mundo actual. Lo cotidiano es la historia que hace posible que creemos y destruyamos el mito por instantes

El nudo de los zapatos

Chupacabras* (hijo del chupavacas)

Hoy quiero hablar de la vida cotidiana -¿cuántas vidas hay?- o sea, de la historia que se escribe con minúsculas, la no oficial, la acostumbrada y a veces aburrida, que los historiadores han escondido detrás de los grandes pilares del mundo actual. Lo cotidiano es la historia que hace posible que creemos y destruyamos el mito por instantes y valoremos nuestra propia cotidianeidad, ese sitio donde se diluyen nuestras contradicciones al tiempo que se refuerzan y hasta se adaptan, viviéndolas como algo legitimado. Como se dijo ya por ahí en otro Addictus: "...en nuestra sociedad se tiende a aceptar lo anormal como normal". La vida de todos los días es precisamente la que se nos presenta entre el ponernos y el quitarnos los zapatos, entre nudo y nudo.

Entre la necesidad de vivir por vivir y el hacerlo intensamente, o bien sobrevivir con este neoliberalismo. El ser humano existe en situación y, desde su cotidianeidad, vive con sus condiciones concretas de existencia (organización social, cultural, familia, trabajo, etc.) y detrás de todo esto, bien que mal, hay un proyecto de vida que determina la forma en que organizamos dicha vida cotidiana. Entonces construimos un discurso, a partir del cual vivimos y justificamos nuestras actitudes, nuestra razón de ser e incluso nuestra conducta e ideología; pero el peligro es cuando esto se acartona y nos impide movernos hacia los discursos de los demás. Vemos entonces que la vida cotidiana se puede convertir en una camisa de fuerza, en una cárcel que nos impide movernos hacia la reflexión o el análisis sin culpa y buscar en la dialéctica o la lucha de contrarios, una verdad que será efímera también.

En la familia recae la creación de identidades y, por lo tanto, la construcción de discursos, algunos creativos y otros destructivos. Desgraciadamente podemos observar que, en la situación actual que enmarca nuestra cotidianeidad, la familia ha perdido casi todas sus funciones. En la época preindustrial, la familia desarrollaba funciones de producción para el exterior (como las familias artesanas) y de producción de bienes y servicios para los miembros de las familias misma. Ahora, las funciones productivas son desarrolladas de manera especializada por el sistema industrial; la función de instrucción la realiza hoy el sistema escolar; la función expresiva o recreativa que se compartía en familia durante el tiempo libre --parte importante de la vida cotidiana-- hoy es impuesta agresivamente por los comerciantes que influyen, además, en el establecimiento de valores al gritarnos cómo debemos ser. Parte del discurso consumista es que brindar con agua es de mala suerte para quien lo hace. Las drogas legales institucionalizadas, o si quiere usted socializadas (alcohol, café, tabaco, analgésicos, etcétera), ya forman parte del patrimonio cultural de la humanidad. ¿Cómo le harán 800 millones para recrear su cotidianeidad sin tener problemas de adicciones? ¿Será que para los occidentales el alcoholismo es una enfermedad para el desarrollo? O como diría Mao Tse Tung: "¿La fuerza de Oriente es la droga de Occidente?"

Regresando a la familia, vemos que a esta le quedaron dos funciones: una es la de la socialización primaria de los hijos y la segunda es la de estabilización de las personalidades de los adultos; pero, con el handicap de alcoholismo y autoexplotación que se crea, es muy difícil cumplir estas funciones debido a la necesidad imperante de trabajar y sobrevivir encima del otro, con carro, casa, ropa, perfumes, celular, pareja, tipo de droga (no de deuda, sino tóxica), etc. Vale aclarar que se habla de la familia, no desde una posición de apología fanática, sino como una necesidad real de los seres humanos que, para nutrirse en lo afectivo requieren de una adecuada constancia en el tiempo y la calidad de los objetos de amor y afecto cotidiano.

Aclarado lo anterior, entramos a un interesante trabajo. El Consejo de Investigadores de Washington D.C., informaba en 1989 que el tiempo que los padres pasan con sus hijos disminuyó un 40% en el último siglo y buena parte de esta disminución ocurrió ese año. Más dramático es el resultado siguiente: la pareja trabajadora de clase media dedica cuatro minutos diarios al diálogo significativo y el progenitor trabajador sólo dedica treinta segundos diarios. Si usted, lector(a), llegó hasta esta parte, el que redacta se lo agradece: me he dedicado un poco más de 60 segundos.

Siguiendo con el morboso estudio, éste dice que las presiones económicas desestabilizan el matrimonio y el divorcio impone, por lo tanto, más presiones económicas a la familia, disminuyendo notablemente su calidad de vida (gracias, Bush, Salinas y antecesores). Sigue el morbo: durante la década de 1980, los salarios combinados de todas las familias con ingresos anuales de 20,000 a 50,000 dólares aumentaron un 44%, en tanto que los salarios sumados de las familias con ingresos superiores a un millón de dólares se incrementaron un 2,184%. Encima de todo, la minoría privilegiada aumenta su número y, obviamente, no leen esta revista. El estudio concluye con lo siguiente: en Estados Unidos han sucumbido a una ética egoísta y a los males consiguientes de la declinación de la moralidad y el triunfo del narcisismo. Las parejas ahora se divorcian con el conflicto del dinero en primer plano para no asumir el dolor del perjuicio sobre los hijos. Como se verá, todos estos cambios han aumentado las tensiones en las familias y han dificultado la convivencia.

Además, la investigación ha venido revelando que la aptitud de la familia para dominar la tensión y producir transiciones evolutivas con las crisis consiguientes parece conectada con los modos en que la familia se relaciona con el contexto social más amplio dentro de la cual ésta existe.; es decir, que si la sociedad se encuentra convulsionada por su economía y, por consiguiente, por sus valores, vendrá a reflejarse al interior de la dinámica familiar, provocando que la curva de crecimiento esperada por el grupo familiar se vea achatada, ya que en el intento de sobrevivir tendrán que sacrificarse otras áreas de convivencia. Por lo tanto, parece que la construcción del discurso ("no podemos salir adelante como pueblo", por ejemplo) ha influido en forma riesgosa para la misma sociedad, debido a que el discurso se derrumba por sí mismo a cada momento --recuérdese El laberinto de la soledad de Octavio Paz, a.d.t. (antes de Televisa)--.

En casi todas las sociedades occidentales, durante las últimas décadas, se ha alterado severamente el cuadro de la familia como el elemento integral y duradero de la sociedad, completo y autosuficiente. La familia se deshilacha en sus bordes; sus miembros viven más tensiones, tienen menos dinero y menos tiempo para estar juntos, dependen más de las estructuras externas del contexto más amplio en una época en que las mismas estructuras externas se debilitan gravemente. ¿A poco usted, paciente lector(a), no se impacta con el anuncio de dos chimpancés que compiten en bebidas de Cola, siendo el triunfador el que no le gusta ser inteligente, sino que su inteligencia es irse de pinta con sendas güerotas que lo acompañan en la complicidad, mientras el otro se quema los sesos resolviendo complejas pruebas de inteligencia que los científicos le muestran apasionados, o hasta es posible bajarle la mujer a Tarzán, que hasta ese momento era el Rey de la selva, y todavía remata el anuncio con "Es tuya la decisión"?

Usted amable lector(a) ¿se la cree? Quizá como podría creer el "tú sabes cuánto y tú sabes cuándo", con la invasión de barras libres que sustituyen a los antiguos rituales adolescentes de celebración. ¿O será que no nos hemos dado cuenta que los que queremos hacer un proyecto de vida creativo estamos mal y que la vida divertida está en el beber, en intoxicarse desafiando a la salud, platicando con los cuates quién está más crudo que el otro y cuál fue la mejor destreza sexual del fin de semana? ¿Sólo los fresas irán a las Olimpiadas? ¿Sólo los tontos tiene cuidado con su vida? En el intento de ser distintos se cae en un rebaño de ovejas hacia la destrucción, siendo víctimas de un mensaje patético: "Modifiquen su percepción de los fenómenos, no a los mismos". Pero les tenemos una mala noticia a quienes buscaban su originalidad: nadie es original en su patología.

Para cerrar este Armario, nos queda recordar que Addictus cumple dos años y que desde ese foro de trabajo creativo, hemos querido que la ignorancia no nos gane la carrera, pero hemos pensado en el transcurso del camino que es muy difícil sostenernos en la lucha contra los molinos de viento. Prometemos seguir haciendo el intento de cabalgar de nuevo y con nuevos bríos. Los temas que podemos tratar son interminables. Esta revista es de consulta, no la tire, sólo queremos decirle que inventemos nuevos ritos y rituales, porque los hasta ahora impuestos nos destruirán entre que nos amarramos los zapatos, observando la victoria de Thánatos sobre Eros, entre Nudo y Nudo.

Nota
* Se trata de Mario Bejos L.

 

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